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| ED Nº 167, Agosto 2009 | |
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1907 - 2009 POR SOFIA ALDUNATE // FOTOS ARCHIVO Y ALBUMES FAMILIARES Fue siempre de avanzada. Cuando tenía sólo 14 años se enamoró perdidamente del hombre que sería su marido; a los 19 fue mamá; a los 22, señora del Presidente de la Cámara de Diputados de Chile; Primera Dama y abuela a los 39 y todavía no cumplía 60 cuando fue bisabuela. Se convirtió en la primera mujer en llegar a la Antártica, terminó el colegio cuando entonces no era prioridad para ninguna, circuló de muy joven y como pocas al volante por Santiago y logró convencer a los más ilustres de otorgar el voto a todas las chilenas.
Rosa Markmann fue reconocida a nivel mundial como Madre Universal por su trascendental lucha por los derechos de la mujer y en Chile arrasaba por la tenacidad con que peleó por la dignidad de los más pobres. Pero ante todo fue una mujer de familia, un referente de cinco generaciones y pilar fundamental de quienes más la querían. Sus nietas la recuerdan siempre joven, siempre acogedora y siempre vanguardista; sus bisnietas como “la reina del cuento”. Con ese eterno pelo rubio que le llegaba hasta más allá de las pantorrillas no tenía nada que envidiarle a Rapunzel. Es más, con lo que quedaba después de sus largas sesiones de cepillado hizo tres cojines. Según su hija Silvia, todo gracias a que comía quaker religiosamente todas las mañanas. En resumen: la Miti fue una mujer valiente, femenina, elegante y de espíritu sencillo que vivió sus 101 años a todo motor. Y los veranos en su “cabina” de Peñuelas los marcaron a todos a fuego. Cuando su marido, Gabriel González Videla, dejó la presidencia, un grupo de amigos le regaló una pequeña cabaña a orillas de la playa en La Serena. Desde entonces toda la familia se instalaba de enero a marzo. Su hija Silvia explica que cuando hablan de toda la familia se refieren a ella, su hermana Rosa, los once nietos más todos los amigos y pololos. Una multitud que se metía donde cupiera y que gozaba de la generosidad de esta pareja y de los eternos almuerzos que el propio dueño de casa organizaba. “Mi mamá decidió que ella a Peñuelas iba a descansar, así que delegó toda su responsabilidad de dueña de casa en mi papá. El hacía las compras y disponía para las 25 ó 30 personas que se sentaban a la mesa diariamente. Además, acordaron que aquí eran los hombres quienes atendían a las mujeres, nosotros no nos parábamos ni a levantar un plato”. Claramente las convicciones de esta mujer eran puertas adentro y puertas afuera. Ordenada y perfeccionista, les tuvo una paciencia infinita a sus nietas que le repletaban y desordenaban la casa. Tanto así que cuando la pequeña cabina no dio abasto, se construyó otra muy similar donde se instalaban ella y su marido. Sin embargo no pasó mucho tiempo para que también la invadieran y la llenaran de sacos de dormir en el suelo. La solución la encontró en unas graciosas cortinas floreadas que dividían la pieza en dos y le daban algo de privacidad. Según sus nietas y bisnietas, la Nonó como le decían (algo que nunca entendieron porque para ellas siempre fue "sí sí"), les dejó como legado principal el respeto por los que piensan distinto, a ser solidarias, a defender sus ideas, a ser profesionales y mujeres autónomas. Como una de ellas escribió: “Para muchos fue la Madre Universal, una recordada Primera Dama, una linda mujer… pero para nosotros fue simplemente la Nonó: el pilar de nuestra familia”.
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