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| ED Nº 206, Mayo 2012 | |
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¡Que comience la fiesta! Y también está la nostalgia. La idea de pensar que nunca las fiestas de nuestros tiempos volverán a ser como las de antes. Que el único requisito sea ser un twittero influyente para asistir a una fiesta en la capital nos hace perder la fe, pero antes de resignarnos quizás sea necesario recapitular, soñar y quizás apostar a que no todo está perdido: bienvenidos a las mejores fiestas y bailes de la historia. La fecha sería el lunes 28 de noviembre de 1966. El lugar, el Hotel Plaza en plena Gran Manzana. Sería un baile de máscaras como en los cuentos de hadas. El anfitrión, inspirado por la escena en Ascot de Mi bella dama, decidió que su fiesta se llamaría “Baile en Blanco y Negro” y le pediría a sus invitados que no utilizasen otro color. Nadie a quien no conociese o que no le gustase iba a pasar de la puerta, y la invitación sería sólo para la persona o personas invitadas. Nadie más. Truman Capote sabía de antemano que el secreto del éxito de una fiesta no radica en el refinamiento de la comida, el vino caro o la decoración extravagante, sino en la feliz combinación de invitados animados. Y así lo hizo.
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