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Flashback


ED Nº 206, Mayo 2012

 

¡Que comience la fiesta!

Lo que importa en un baile no es la fiesta en sí, importa ser invitado. Prepararse, camuflar la personalidad, sonreír y deslumbrar. Es lo que hicieron los protagonistas de los mejores bailes y fiestas de la historia. 

POR CARLOS LOYOLA LOBO


La actriz Marisa Berenson

Ataviada como la Marquesa Luisa Casati para el baile de Proust.

El gran baile del siglo

La fiesta en blanco y negro que ofreció Truman Capote a propósito del lanzamiento de su célebre obra "A sangre fría".

Truman Capote, el brillante anfitrión

En el evento más comentado de Nueva York.

La oscura fiesta de máscaras venecianas

En "Ojos bien cerrados", la película póstuma de Stanley Kubrick.

Marie-Helene de Rotschild

La excéntrica anfitriona del baile en homenaje a Marcel Proust en 1971.

El gran Gatsby

Un momento del film en que Robert Redford personifica al dandy norteamericano.

Cuando hablamos de fiestas y bailes, hablamos de fantasías y nostalgia. Por un lado, conservamos en nuestro imaginario la muchedumbre en el piso de Holly Golightly en la versión cinematográfica de Desayuno en Tiffany’s, hasta con el gato trepando por las cabezas de los asistentes, y por otro, la oscura fantasía de una fiesta de máscaras venecianas como las de la película Ojos bien cerrados de Stanley Kubrick. La literatura también ha aportado lo suyo. Desde Lampedusa y El gatopardo hasta la referencia que inaugura este artículo: las fiestas de Jay Gatsby, esas donde la gente no estaba invitada: simplemente iba. Fitzgerald dibujó la decadente opulencia de una generación entre guerras, a las afueras de Nueva York y al ritmo del charleston.

Y también está la nostalgia. La idea de pensar que nunca las fiestas de nuestros tiempos volverán a ser como las de antes. Que el único requisito sea ser un twittero influyente para asistir a una fiesta en la capital nos hace perder la fe, pero antes de resignarnos quizás sea necesario recapitular, soñar y quizás apostar a que no todo está perdido: bienvenidos a las mejores fiestas y bailes de la historia.

La fecha sería el lunes 28 de noviembre de 1966. El lugar, el Hotel Plaza en plena Gran Manzana. Sería un baile de máscaras como en los cuentos de hadas. El anfitrión, inspirado por la escena en Ascot de Mi bella dama, decidió que su fiesta se llamaría “Baile en Blanco y Negro” y le pediría a sus invitados que no utilizasen otro color. Nadie a quien no conociese o que no le gustase iba a pasar de la puerta, y la invitación sería sólo para la persona o personas invitadas. Nadie más. Truman Capote sabía de antemano que el secreto del éxito de una fiesta no radica en el refinamiento de la comida, el vino caro o la decoración extravagante, sino en la feliz combinación de invitados animados. Y así lo hizo. 

 

 

 
 
 
 

 
 

 

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