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Benjamín García - Huidobro, viajero megacomprador de Falabella:
El Arte de la Oportunidad
1998En el aeropuerto de Nueva York, con maletas para una semana.   Máscaras en Zaire, 1995  En 1998Bajando de un vuelo Air Kenia, para llegar a la reserva de Masai Mara, junto a Klarissa Wills.   En Jaipur, 1994Iniciando el maravilloso recorrido del Palacio de Ambar.   Azaleas y rododendros En el parque que le encargó Eduardo Matte en Pirque, a su vuelta de estudiar paisajismo en Londres.   En Giza, Egipto, 1995Haciendo flamear la bandera que lo ha llevado a recorrer el mundo.   Guilin, ChinaFrente a las montañas que han inspirado tantas acuarelas.   En 1994El entusiasmo del primer viaje a China.
  1994Organizando una sesión de fotos con los guardianes de la Muralla China.   2003Junto a una vieja geisha en Kyoto.   1997En un clásico rickshaw en Antigua Delhi, junto a Fernando Martínez, comprando textiles para la muestra de India de Falabella.   En la Plaza Roja de Moscú, 1998Después de un día de investigación y búsqueda de artesanías guiado por el destacado coreógrafo Alexander Vassiliev.   Mujer de la tribu Kwandebele en SudáfricaQue maravilló a García Huidobro por el colorido pintado de sus casas.   Kenia 1993Primer viaje a Africa junto a la tribu de los Kikuyu.   Palacio de Dolmabahçe en Estambul, Turquía  En Shanghai, 1994  Lasa, 1994En el Palacio del Dalai Lama en el Tibet.  
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POR CATALINA DARRAIDOU
Durante siete años no tomó vacaciones porque su trabajo es casi lo mismo: viajar por el mundo, mirar; jugar comprando cosas lindas que puedan gustarle a la gente. Con el reciente lanzamiento de Africa Gallery cumple 15 años de viajes y cree que todavía está recién empezando… Un poco de su vida y obra, no apto para envidiosos.
Me da harta rabia porque lo único que me traje del Gran Bazaar de Estambul, porque era lo único que me cabía en la mochila, fue un cubrecama bordado que a los dos meses apareció en tus famosas “semana de Turquía” de Falabella.
Sí, hola, ¡ese soy yo! –dice Benjamín García-Huidobro, súper simpático, acomodado en el sillón blanco de su living, de esos livings ideales de los catálogos de Falabella. –Me acuerdo perfecto de ese cubrecama, no era turco en todo caso, era de Uzbekistán; los turcos son malos para los textiles bordados, lo de ellos es más bien industrial; les gusta el diseño europeo, barroco, no tanto la cosa folclórica del bordado a mano.
-Con este trabajo de viajero-megacomprador-de-la-gran-tienda has aprendido también bastante de historia, cultura de los países, ¿no?
Sólo a nivel superficial, me latea un poco meterme en la profundidad de las profundidades… Me gusta la variedad, ese es mi problema; estoy en un lugar y me quiero ir al tiro al otro.
Así de directo es Benjamín García-Huidobro (casi 40), comunicador audivisual y paisajista por estudios, viajero por inquieto y movedizo, comprador de Falabella por instinto e inspiración, y todavía recordado ex “gurú” de la Bolocco por insistencia de Google, que repleta la pantalla con titulares insidiosos cuando se lo busca en internet: “Nada, hace mucho que no sé de ella”, explica sin ganas de darle más cuerda al asunto; “en algún momento le iba a hacer el paisajismo de su casa en Anillaco, pero al final no se hizo, trabajé también con ella en su programa de televisión, le hice la escenografía, que según me han criticado me quedó bastante siútica, y bueno, fuimos amigos pero ya no nos vemos hace tiempo”, dice poniendo punto final a un tema viejo.
Pero de lo que sí habla con entusiasmo por estos días, es de la recién lanzada “Africa Gallery” de Falabella, en la que estuvo trabajando desde 2007: “Fui a Kenia, Gana, Mali y Costa de Marfil a comprar directamente a las tribus, también a ferias, a algunos comerciantes. Esta es ya la tercera vez que hacemos Africa en Falabella, así es que el punto era no caer en lo obvio, reinventar… o sea no puedo ir a comprar mascaritas de animales; en este cuento tengo que estar siempre buscando sorprender, si me pillo a mí mismo copiándome de hace tres años, salgo arrancando”.
García-Huidobro ha sido titiritero, escenógrafo, cantante de coro; ha hecho teatro, fotografía, comerciales; ha trabajado en marketing, rescatado animales…: “No voy a ningún lado, me muevo sin dirección, no tengo necesidad de llegar a ninguna parte. No quiero ser jefe ni dueño de nada. Simplemente quiero ser; estar. Me gusta estar en todas partes, no perderme nada”, declara entrando fácil y fluidamente a su vida más íntima y personal: “Mis papás se separaron cuando yo tenía once años y fue tan doloroso para mí que, tal vez como una forma de evasión, me puse a trabajar y hacer mil cosas. Me contactaron para un comercial de la tele pero yo además le ofrecí a esta persona, que era Gonzalo Bertrán, hacer de productor y conseguir más niños de modelo. Me acuerdo que yo mismo llamaba a las mamás de mis amigos del Saint George para pedirles permiso y los llevaba a los casting en la Intercomunal 24, ¡imagínate!”.
Comenzó con estos proyectos de la multitienda hace ya 15 años, en los que ha recorrido 68 países y producido más de 30 catálogos, y suyo es el mérito de haber conseguido traer muebles y objetos de decoración que escapan de lo predecible, que han tenido gran éxito de ventas y que la gente se termina peleando por conseguir: “Yo jamás compro el souvenir de aeropuerto, evito la chimuchina. Compro todo lo que sea entretenido y que supla las carencias del chileno que son los muros, las mesas de centro y las repisas. Compro cualquier cosa que piense esto es una locura, porque eso es lo primero que se vende. Soy súper espontáneo y juego comprando. Miro, recorro las calles, me fijo en todo lo que pueda ser divertido; a veces me gustan cosas de los hoteles donde me quedo y busco el proveedor hasta encontrarlo”.
Todo comenzó después de vivir seis meses en Africa para hacer su proyecto de título de comunicador audiovisual del Uniacc, cuando montó una exposición en el Instituto Cultural de Las Condes que dio a conocer su experiencia de vida en las tribus a través de un impresionante montaje de fotos y más de 100 kilos de objetos elegidos en ferias y aldeas de distintos países. La muestra captó la atención de los medios, mucho público y de pasada, sin querer queriendo, inspiró al ex gerente de Falabella, Pablo Turner, a probar la fórmula de los “eventos país” con este personaje que parecía busquilla, con buen gusto, bueno para relacionarse con la gente y rápido para captar tendencias: “Tenía 23 años, pero les gustó mucho la onda de mi trabajo y mi forma de ser, creo yo. Me contrataron y a las dos semanas partí a la India por dos meses a comprar. Llegué y me encontraron todo siniestro, se querían morir. Pero resultó que se vendió al tiro, fue un éxito. Me transformé en el regalón de Turner. Antes llegaba y compraba lo que me encantaba, ahora me he ido poniendo mucho más denso: armo los proyectos, defino un concepto y viajo dos veces al año. Partí comprando us$5 mil, y he llegado a comprar casi un millón de dólares por viaje”.
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