
Columnas de Opinión
ERRAZURIZ VS ERRAZURIZ - ENERO/FEBRERO
POR TOMAS ERRAZURIZ
El "artista" —¿Qué pasa bro? ¿Te sigue preocupando la incipiente calvicie? –Sebastián ríe sin ganas —No sé, no entiendo estos hueones que se dedican a hacerme bolsa en los blogs… ¿qué les pasa? Uno se saca la cresta, le va bien y esperaría algo de apoyo, pero en vez me hacen pedazos… y para colmo ¡la mayoría son chilenos! Acostumbrado a escuchar casi sólo elogios de parte de curadores y críticos acá en NY, me intriga el profundo rechazo que puede producir Sebastián y su trabajo entre el público cibernauta. En un recorrido rápido por blogs me encuentro con comentarios como: “Muestra algo de respeto”; “qué pedazo de basura…”; “este tipo es un perdedor”; “la obra es prueba no sólo de una persona sexista, sino que cultural y religiosamente retardada”; “Me alegra que no haya perdido más que un día en esta porquería…”; “no es un artista, es un oportunista”, etc., etc.
Sé que mi hermano puede ser difícil, pero aquí hay algo más. ¿Cómo se explica este abismo entre la celebración de los especialistas y las descalificaciones del público? Mientras sigo leyendo comentarios la paradoja comienza aclararse. Mi apuesta es que tras los juicios del público cibernauta asoma una idea popular de “artista” y de “obra de arte” en la que mi hermano felizmente no encaja. Cuento corto, a muchos parece molestar que se llame artista o arte a algo que no se ajusta al estereotipo. Pero, ¿cuál es el estereotipo? Lo explico rápidamente citando tres comentarios: “Se ve que está mas preocupado de figurar que de crear…”. Aunque hoy sabemos que Picasso, Dalí o Warhol construyeron su imagen a pulso; aún cuando está comprobado el círculo virtuoso generado al exponer la imagen de una persona cuando ésta constituye su propia marca, muchos todavía creen que el artista es necesariamente un bohemio o marginal, incapaz de capitalizar recursos, vedado de usar estrategias de mercado, que de trabajar lo hace encerrado en algún sucio subterráneo o sótano prestado. “¿Y quién dijo que esto era arte? Ahora mismo elijo una pintura antigua, le saco unas pocas ropas por aquí y por allá y ya está: ¡¡¡ARTE!!!”. Hace casi cien años que Marcel Duchamp demostró que no era necesario técnica, manos hábiles o complicadas operaciones para crear una obra de arte. El valor podía residir en la idea y el soporte ser un urinario. Para los que aún miraban con escepticismo este quiebre, Piero Manzoni produjo en los 70 una serie de 90 tarros de 30 gramos cada uno con “Mierda del artista”. Hoy, siglo XXI, ¿por qué cuesta tanto entender que haber estudiado arte, pasar un año pegando papelitos en un muro o repasando una pintura no son garantía de que se vaya a crear una obra de arte? A veces “menos es más” y casi siempre más es menos. “Una absoluta falta de respeto! Arte que no se considera en forma seria...”. Proclama un furioso cibernauta frente al Cristo de Velázquez despojado de su paño o ante el cuadro sufriente de mi hermano pintado como San Sebastián… ya no recuerdo. En esta frase encontramos la madre de los problemas: esperar que el arte no sorprenda, que no provoque, ¡que sea serio y respetuoso! Pero no se puede cargar toda la mano al público. No se qué es peor, si leer los comentarios en los blogs o dar un paseo por Chelsea (el barrio que concentra las principales galerías de arte del mundo) y darse cuenta que el noventa por ciento de todo lo que se muestra nos es indiferente. “Bonito” o “interesante” dirá el paseante si alguno de los artistas tuvo un poco más de suerte. Se han perdido del léxico palabras como conmovedor, escalofriante, sublime, desgarrador, chocante, revelador, extraordinario o intrigante; se ha olvidado que el artista es quien piensa fuera de la caja y luego se lo refriega en la cara al resto del mundo. En cambio, veo un gremio confundido en sus propias cavilaciones, discapacitado y perdido en alguna parte al fondo de esta misma caja. Dicho esto, me pregunto si alguien puede permanecer indiferente ante la última obra de Maurizio Cattelan: una monumental escultura de una mano con el dedo medio parado de frente al edificio de la bolsa de comercio de Milán. SEBASTIAN ERRAZURIZ es un destacado artista y diseñador chileno considerado una de las nuevas promesas del diseño mundial. TOMAS ERRAZURIZ es historiador y doctor en Arquitectura y estudios urbanos. Desarrolla investigaciones y artículos para diferentes medios y a su vez trabaja como asesor de Sebastián. Ambos hermanos viven y trabajan juntos en Nueva York. |

