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Ana María López
POR MAGDALENA BOCK // FOTOS JOSE MORAGA
Ana María López  Chaqueta de lanaMe la compré en Homeless hace años. Me encanta el corte, es de lana muy abrigadora, pero bien livianita.   Foto paisaje del norte de ChileLa hice hace dos años. Me gusta la fotografía de autor, pero le he restado tiempo porque me apasiona el desafío de que me encarguen un trabajo.
  MarineraNunca me había subido a un yate, pero hice un curso de patrón de bahía y me apasioné con el mar. Durante el verano siempre acompaño a Javier a navegar.   Papudo ha sido un descubrimientoEs una bahía preciosa, con vida de pueblo. Hace dos años veraneamos ahí, reciclamos una casa antigua pero le dejamos el espíritu de siempre.
  Me encantan los libros de fotografíaYo he publicado dos, además de varios que he ido comprando y que me han regalado mis hijos. Mi preferido es el de Martin Chamba.   Heredé de mi mamá la genética de la pielHace unos 15 años uso las Murad, son lo máximo, y ahora mi mamá me regaló las StriVectin-SD, que producen una especie de lifting.   De las cámaras chicas ésta es la mejorLlevaba mucho tiempo transmitiendo de la Canon G11, porque no pesa nada, tiene una excelente calidad y muy buen flash. Es especial para viajar.   IndispensablesLos cinturones son un accesorio importantísimo para mí en cualquier tenida, sobre todo con pantalones.   Aros de Rari con plataMe los compré en la tienda Almas del Sur del Mundo en Viña, que tiene artesanías preciosas.   Fascinación por las buenas sábanasMi mamá es la culpable. Las de esta foto se las compré a unas españolas que vinieron a vender ropa de cama a Chile.   Platos artesanalesCuando hice un reportaje a los artesanos de Quinchamalí compré muchos platos. En Santiago están en el Pueblo de Los Domínicos y en la tienda del MPLM.   Siempre he usado blusas blancasSon muy sentadoras e iluminan la cara.  
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Unica, grande, nuestra, dice el slogan de una cerveza que aquí robamos para describir a la Anita López, parte fundamental del equipo de nuestra revista desde sus inicios y una mujer extraordinaria, gozadora y muy auténtica. Qué no ha fotografiado en estos años: casas, retratos, paisajes, restoranes, producciones, catálogos... Tiene buen ojo, sabe dónde poner la cámara y, lo mejor, se entusiasma con cada trabajo como si fuera el más importante de su vida. Durante sus 35 años de trayectoria también ha publicado lindos libros y participado en diversas exposiciones. Hemos viajado a todas partes con ella, suyo fue el reportaje a los restoranes de Lima y el recorrido por Buenos Aires, por nombrar algunos, y no importa si el destino es sofisticado o ultra campestre, la Anita se adapta apenas pisa suelo extranjero, y, cómo vivió muchos años en España, hasta saca un acento medio internacional.
Madre de dos hijos, es moderna para vivir y pensar, contagia con su buena energía, es muy generosa de alma y, aunque tiene buen carácter, no hay que hablar de política con ella. No representa la edad que tiene, no sólo por su espíritu, sino que también porque no tiene ni una arruga (y eso que no se ha hecho nada) y muy buen pelo... Es difícil, ¡imposible! ser objetiva cuando se escribe de una amiga.
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