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Catalina Swinburn
POR MAGDALENA BOCK // FOTOS ANA MARIA LOPEZ // RETRATO ARI MALDONADO
Catalina Swinburn  In god we trustPara esta obra, con la Tere fotografiamos nuestros ojos bajo un burka hecho por nosotras, con cientos de dólares y luego imprimimos esa imagen sobre un bloque de mármol.   Las Guerrilla Girls Son un colectivo de artistas mexicanas que hacen una sátira de las artistas mujeres. En la tienda de la Tate Modern encontré esta imagen con sus principios.
  Crucifijo del artista argentino Carlos RegazzoniHace todas sus obras con piezas de trenes. Vive en un bodegón en Buenos Aires, donde expone sus obras.
  Todos los días hago yoga IyengarQue es como el yoga más puro. Acá en Buenos Aires tengo a mi maestra, que además es mi mejor amiga.   No salgo a comprarLa ropa me encuentra a mí y generalmente son encuentros exóticos. La mayoría de mis vestidos y piezas étnicas son de la tienda de un pakistaní en Londres.
  Siempre está en mi cartera la huincha de medirPorque la necesito todo el tiempo, para medir cuadros, muebles, profundidades… Es algo heredado de mi padre y de mi madre.
  No soy de ocupar cremas ni perfumesPero tengo una amiga que me regala todo el tiempo y me fascinó el perfume de Vicktor & Rolf.   MateLa primera vez que vine a Argentina unos peticeros me lo dieron a probar creyendo que me iba a cargar, ¡y me encantó! Ahora es un rito de cada mañana.   No podría vivir sin ellosMi computador, mi disco duro externo y todos mis cables son como mis hijos, necesito estar conectada por mi trabajo las 24 horas del día.
 
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“Me preguntan cuánto mido mucho más que mi nombre, tuve que aprender que en inglés eran 6 feet”, nos dijo Catalina Swinburn cuando caímos en la misma obviedad. Es que en ella el metro ochenta y tantos llama aún más la atención, porque es muy flaca, finita, blanca y todavía tiene la caminada y la actitud de sus años de modelo… No parece ni se siente chilena. Hace siete años se casó con el polero Jaime García-Huidobro y desde entonces decidieron “hacer base en Buenos Aires”, donde vive en un espectacular departamento antiguo blanco y negro y desde donde planifica su vida que transcurre entre Santiago (estudió Arte en la Católica y junto a la artista Tere Aninat formaron el Colectivo Arte en Memoria, que a través de instalaciones, performance y fotografía busca rescatar la memoria de las cosas); Londres, donde se instala junto a su marido desde mayo a fines de agosto todos los años durante la temporada de campeonatos de polo; y obviamente en la capital argentina, donde trabaja la mayor parte del tiempo, no sólo en sus obras, sino también en arquitectura y decoración, siguiendo un poco los pasos de su papá, el famoso arquitecto Jorge Swinburn, y donde tiene tantos amigos, que la invitan a muchas más fiestas y eventos de los que puede ir. Es simpática la Catalina, tiene una determinación de hierro para lograr lo que se propone y una mirada tan positiva de la vida que llega a dar envidia: “creo que siempre estoy esperando muchas cosas, no sé bien cuáles serán y eso me divierte, lo importante es que estoy muy entretenida ahora”.
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