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Francisco Silva y Alejandra Jimenez
POR MAGDALENA BOCK // FOTOS VICENTE GARCIA MEKIS // RETRATO ARI MALDONADO
Imposible pensar en uno sin que se venga a la cabeza el otro. Imposible separarlos, ni para la Agenda. Imposible no quererlos. Francisco Silva y la Ale Jiménez son de esas parejas que hablan por teléfono un millón de veces al día, almuerzan y comen juntos de lunes a domingo, salen a caminar, se juntan a media mañana para tomarse un café, tienen transmisiones de pensamiento y ni siquiera se separan para tomar sol los fines de semana. Se conocieron a los 20 años en Roma, Francisco estaba en el tour de Cocha y Alejandra en el tour Exprinter. Bernardita Lyon, una amiga, los presentó. No se volvieron a ver hasta dos años después, cuando ella era jefa de tienda de Spalding. Llevaban menos de 5 años pololeando y decidieron casarse. “Para esa época éramos una pareja poco tradicional”, dice Francisco, “todavía no me titulaba de Derecho, ella trabajaba, era súper responsable, pero bien relajada, poco enrollada, yo súper estructurado… La Ale me dio el impuso para dedicarme a la decoración, que era lo que me gustaba. Trabajaba medio día en una oficina de abogados, el resto hacía las compras y todas las cosas domésticas, además pituteaba por todos lados, vendía objetos de decoración en la terraza de nuestro departamento… Fuimos haciendo todo instintivamente, no cortamos por lo cómodo ni por lo fácil”. Y la historia de amor siguió mucho mejor de lo imaginado, tienen tres hijos (Francisco Javier de 11, Augusto de 9 y Blanquita de 6), viven en una casa preciosa, Francisco tiene su propia oficina, está lleno de proyectos de decoración y el primer semestre del 2011 lanzará un libro de reciclaje del barrio El Golf; y la Alejandra es relacionadora pública de las mejores marcas del país. “Ella sabe mandar y yo ejecutar, yo cocino y ella ordena”, explica Francisco con esas frases cortas tan suyas que lo dicen todo.
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