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Víctor García
POR MAGDALENA BOCK // FOTOS RODRIGO JENSEN // FOTO RETRATO ARI
Víctor García  La barra de un bar Ahí hay algo como de confesionario sicoanalítico, es un lugar de una honestidad fantástica.   CámaraLa tengo muy presente porque sacar fotografías es algo que siempre he querido hacer, pero que muy pocas veces practico.   Hago camping por lo menos una vez al añoSi hay algo que me gusta hacer es irme fuera de Santiago y estar en contacto con la naturaleza.   Tengo como mil cassettesMuchos grabados de la radio como todos los de esa época, varios originales y otros pirateados. Más que una colección es una recolección, partí pidiéndoles a mis amigos y ahora mucha gente me regala.   Las croqueras son mis compañerasVan conmigo a todos lados, las uso para escribir y dibujar. Las siento como un lugar poco prejuicioso para experimentar, sin filtro ni censura, que no exige ser coherente. Por lo mismo tiene aciertos y varias aberraciones.   Los inventos de Da Vinci son un estímulo creativoEra un tipo con mucha energía y todo su trabajo lo llevaba al límite. El hizo los primeros robots... Uno quiere parecerse a él.   He hecho dos discos importantesLa Bicicleta es de rock y lo grabé con el grupo que tenía a los 20 años, así que tiene toda la energía de esa edad. Y Sonámbulo es de música instrumental, más introspectivo.   Instrumentos Para mi son una herramienta de trabajo y también una colección. Tienen historia y vienen de distintos orígenes, árabes, chilenos, americanos, bolivianos, brasileros, marroquíes, etc.   Los libros de Bukowski representan mis 20 añosEste autor es un ejemplo de lo mucho que se puede hacer con poco, y la juventud tiene esa precariedad: se necesita de casi nada para pasarlo increíble. Tiene que ver con la vida, con la simpleza profunda.   Estas monedas son mi cajero, mi alcancía, mi banco... Me han sacado de varios apuros. Hago un trabajo de abuelita y después lo cambio por sumas bien valiosas.   Mi último cuadro, el mejor estímulo para hacer el siguiente Me puedo demorar dos días en tenerlos listos, o dos meses, o no terminarlos nunca.   SillaCon ella participé en la exposición Mamíferos en galería La Sala. Es un objeto pensado para sentarse a leer una poesía.   El tallerEs el lugar donde paso más horas, es como mi bunker, entra muy poca gente y estoy como quiero estar, en paz o en el caos.
 
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Para Víctor García una Comet no es una estufa, sino un símbolo de hogar, del paso del tiempo y parte de la historia de sus papás y abuelos. Lo mismo pasa con varias cosas, libros, cassettes, instrumentos y hasta las monedas, a todo le encuentra un significado adicional. Este joven artista es extremadamente sensible y a través de sus ojos azules mira el mundo con una detención que es rara en el siglo XXI. En su taller pasa la mayor parte del tiempo, puede pintar todo el día o toda la noche –“cuando estoy concentrado intento abstraerme lo máximo posible y ahí no existen ni el hambre ni el sueño”–, porque aunque es músico (estudió en la Escuela Moderna y en el Taller de Musics en Barcelona, fundó el grupo instrumental Sonámbulo, lanzó dos discos y participa en varios proyectos del tipo), lo que más lo motiva es pintar. Y es muy bueno. Todos los años participa con gran éxito en exposiciones individuales y colectivas, el 2009 montó una muestra en Nueva York y ahora está preparando dos más para mayo en Santiago y junio en Buenos Aires. Quién mejor que él para describir lo que hace: “mi pintura es muy parecida a la manera en que hago música, el ritmo, pulso e improvisación son esenciales. Tiene que ver con la figura humana, vulnerable, deforme y acontecida, también con el graffiti y el street art. Partí haciendo imágenes individuales en primer plano que ahora veo en multitudes, como si me parara en la luna”. Tiene una forma tan propia de ver la vida que bien podría ser de otro planeta.
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