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MODA


ED Nº 178, Especial Moda Mayo 2010
6 personajes influyentes en la moda


MARISA BERENSON
POR SOFIA ALDUNATE

Marisa Berenson

En su showroom de Chelsea, 1999.

Marisa Berenson

En la inauguración de la Boutique Dior en Marraquech.

Marisa Berenson

Entrando a un desfile el 2004.

Fue apodada por Yves Saint Laurent como “la niña de los 70” y hoy día cabría perfectamente en la categoría de la señora del 2000. Estupenda, con los mismos ojos brillantes y claros de siempre, un pelo maravilloso y una figura de 30, Marisa Berenson sigue siendo –a sus 64 años– referente de muchas y un símbolo indiscutible de estilo, glamour y elegancia.

Nieta del finísimo crítico de arte Henry Berenson, autor del libro Civilización y de la famosa diseñadora italiana Elsa Schiaparelli (1890-1973), hizo caso omiso a los consejos de su abuela y se inició en el mundo del modelaje a los 16 años. Elsa quería para ella una vida “más normal”, fuera de las pasarelas y de la mano de un hombre de bien. Pero Marisa y la entonces editora del Vogue Americano, Diana Vreeland, quisieron otra cosa. A través de esta revista se transformó en la consentida de la moda entre los años 60 y 70, y la musa de los mejores fotógrafos del mundo. Según el renombrado David Bailey, Berenson era la mujer de sus sueños hecha realidad. Fue algo así como la Kate Moss de su época, con una elegancia innata y la percha favorita de Valentino y Saint Laurent, sus grandes amigos. Ella añadía ese particular y extravagante toque Berenson: plumas, vestidos de organza transparente, y más, mucho más.

Nació en cuna de oro en febrero de 1946 en la ciudad de Nueva York. Su padre era Robert L. Berenson, un diplomático norteamericano de ascendencia judía lituana que se dedicó al negocio naviero y su madre, Gogo Schiaparelli, una socialité italiana a la que le corría sangre suiza, francesa y egipcia por las venas. De esta interesante mezcla surgió Marisa, la mayor de sus hermanos, quien una vez finalizados sus estudios en el Heathfield St. Mary’s School de Londres y tras la muerte de su padre optó por el modelaje, convirtiéndose al poco tiempo en una de las mejor pagadas y más solicitadas. Sólo por nombrar algunos, en julio de 1970 su rostro apareció como portada del Vogue y en diciembre de 1975 del Time.

Su inigualable estilo –original, audaz y provocativo–, su suave voz, su natural elegancia (la mejor de todas) y su simpatía la hicieron figura indiscutida del jet set de la época. Conocida como “la Queen of Scene”, algo así como la reina de la escena social, se paseaba y arrasaba en los clubes de Río, París, Londres, Tánger y Nueva York, siempre del brazo de su inseparable Andy Warhol.

Su dorada juventud también estuvo marcada por su estreno en el cine y a pesar de que vestía la pantalla y tuvo un par de éxitos, según los entendidos nunca fue considerada una buena actriz. Sin embargo, un día mientras desayunaba con el director Luchino Visconti en su casa en Ischia, Italia, éste le comentó que necesitaba una actriz sensible y delicada. Era sólo cosa de mirar a su interlocutora. “Me hizo un par de pruebas y esa misma noche fue a verme y me comentó: ‘Marisa, has hecho una entrada como Sarah Bernhardt (la famosísima actriz francesa de la segunda mitad de 1800) y no tienes miedo a las cámaras. Tienes mi bendición’”. Su estreno fue con Muerte en Venecia dirigida por el propio Visconti en 1971, luego vino Cabaret en 1972, donde interpretaba a la rica heredera judía Natalia Landauer y finalmente, fue protagonista en Barry Lyndon (1975) dirigida por Stanley Kubrick. Desde entonces suma más de 60 películas, la mayoría rodadas en Europa y otras tantas para la televisión norteamericana.

El Baron David René de Rothschild fue el amor de su juventud, pero la familia de este riquísimo banquero francés se opuso rotundamente a que se casara con ella por considerarla demasiado frívola y mundana. Sin duda, este desamor fue la piedra de tope de sus próximas relaciones. En 1976 se casó con el empresario James Randall, con quien tuvo a su única hija Starlite Melody Randall, quien nació un año después. El matrimonio duró poco y ya en 1978 estaban divorciados. Su segundo marido fue el abogado Aaron Richard Golub, con quien estuvo casada entre 1982 y 1987.

Descontando sus fracasos amorosos, la vida de Marisa ha sido bastante “afortunada”, como ella misma reconoce. Aunque también admite que ha tenido sus altos y bajos, con tragedias difíciles de asumir, como el feroz accidente de auto que le destruyó la cara y que sólo gracias a la maestría del famoso cirujano plástico Ivo Pitanguy logró salvar y luego la muerte de su hermana Berinthia, más conocida como “Berry” y viuda del actor Anthony Perkins, quien murió a bordo del primer avión que impactó una de las Torres Gemelas en septiembre del 2001.

Marisa Berenson, la mujer que definió el glamour como un estado de ánimo y no como colgarse un collar de diamante, sigue presente en todos los desfiles de París y Milán, es referencia obligada de la moda actual y rompe con el mito de que ésta es sólo para mujeres de determinada edad y que pasados ciertos años más vale pasar inadvertida. Todo lo contrario. Este es el mejor ejemplo de que una mujer de sesenta con estilo puede inspirar a las más jóvenes y los blogs del tema lo confirman. Ante sus fotos la frase “yo quiero ser así de mayor”, se repite muy seguido.

 


DAPHNE GUINNESS
POR SOFIA ALDUNATE
 

Daphne Guinness

Sobre unos zapatos de Alexander McQueen, celebrando los 15 años de Nars en noviembre del 2009 en Nueva York. Getty images

Daphne Guinness

Junto a Tom Ford en la fiesta que conmemoró los 45 años de Valentino.


Daphne Guinness dejó de ser una persona, es más bien un concepto”. Así la describe su amigo, el escritor francés Bernard-Henri Lévi. Y es que este eslabón perdido entre Cruella De Vil, Karl Lagerfeld y la Reina Victoria, es de las mujeres que más sabe de moda en el mundo y lo mejor es que la reinterpreta sin vergüenza y a su pinta. Lo de ella es teatral, excéntrico, estrafalario, una permanente experimentación de la moda que desarrolla con un desplante único. Se mueve con toda naturalidad, como si anduviera en jeans, polera y zapatillas, aunque tenga puestos unos tacos de 20 centímetros, las manos repletas de anillos (tipo manoplas) y un vestido de alta noche o una tenida muy ceñida y trabajada, con miles de capas y con grandes hombreras, muy difícil de llevar para cualquier mortal.

Su clóset es el paraíso en colores para los amantes de la haute couture, porque aquí la recopilación es en serio. Ella misma confesó en un documental de la BBC, titulado Secretos de la Alta Costura, que seleccionó a las mujeres más doctas en el tema y con los roperos más espectaculares, que ve sus vestidos como una extensión de su colección de arte. Rica hasta la médula y con look misterioso y sensual, con su pelo bicolor (rubio platino con mechones negros), un cuerpo delicado y menudo que le gusta acentuar y con un toque gótico, es conocida como la “Aristócrata Fashion”. Extravagante, excesiva, singular, muy simpática, desenvuelta y poco tiesa, Daphne no se pierde desfile, fiesta o lanzamiento, está en todas y siempre llamando la atención, como Anna Dello Russo.

Hija de Jonathan Guinness, Barón de Moyne y dueño de la cerveza que lleva su nombre, y de la belleza francesa Suzanne Lisney, quien murió de cáncer en 1995, esta irlandesa nació en 1967 y se crió rodeada de arte, surrealismo, moda, banquetes y millonarios. La menor de cinco hermanos, pasó parte de su niñez en una colonia cerca de Barcelona en España, donde solía bañarse en la piscina repleta de langostas de Salvador Dalí, otro tanto en París, especialmente durante la semana de la moda que ni ella ni su mamá se perdían, y en Londres, donde cada sábado se entregaba a su perdición: el diseño de piezas de plumas, una de sus marcas registradas. Como bromeaba Valentino: “Siempre la podemos encontrar siguiendo las plumas que va dejando tiradas en el suelo”.

A principios de los 80, Daphne se instaló en Nueva York junto a su hermana Catherine, que en ese tiempo era la asistente personal de Andy Warhol. Sus más íntimos de la época eran los dueños de la taquillera Studio 54, Steve Rubell y Ian Schrager; Fred Hughes, el editor de la revista Interview, y obviamente el propio Andy. En 1987 y con sólo 19 años, se casó con Spyros Niarchos, hijo de un billonario griego, con quien tuvo tres hijos: Nicolas, Alexis e Ines. Ella misma afirmó que su existencia en ese periodo fue lo más parecida a la de un pájaro enjaulado. Esos casi doce años de “sacrificio” fueron saldados con creces: recibió la buena suma de US$20 millones de dólares tras su divorcio en 1999.

Estilista, periodista, productora de cine (por ejemplo de la joya del cine independiente Cashback) y miembro de varios directorios de reputados museos, esta mujer detesta los términos “must”, “it” o “in”, porque su original instinto para vestirse –siempre transgresora, impecable, con una elegancia bizarra y de alta costura– no permite que nadie le diga cómo y qué llevar puesto (jamás se encasilla con una sola marca). Por eso es gran admiradora de la Duquesa de Windsor, Wallis Simpson, quien a lo largo de su vida se mantuvo incólume a las modas y las tendencias, de Loulou de la Falaise y por sobre todo, de la fallecida editora de revistas, icono de la moda y mentora de Alexander McQueen, Isabella Blow. Ella fue su amiga del alma y coincidían en que la vida es mucho más divertida si se llevan puestas cosas bonitas. “Vestirse bien es un arte”, concluye.

El reciente funeral de Alexander McQueen, fue una prueba más de que jamás pasa desapercibida y nuevamente fue una de las más audaces. Sombrero, velo, zapatos con plataforma del diseñador y una larga y vaporosa capa, todo en riguroso negro, como una reina.

 



 


 

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