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MODA


ED Nº 169, Especial Moda Octubre 2009
Euro Star
 

POR
MARIA JESUS CARVALLO // FOTOS LANVIN

Alber Elbaz

Fue uno de los últimos diseñadores en presentar su colección prêt-à-porter primavera-verano 2009 durante la Semana de la Moda de París.

Alber Elbaz

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Alber Elbaz

Alber Elbaz

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Famoso por sus volúmenes, drapedos y diseños livianos con sedas, gasas y satines, Alber Elbaz es el responsable de haber hecho reaccionar a “la bella durmiente de la moda”, como la prensa apodo a Lanvin –la casa de alta costura mas antigua de Francia– después de algunos años de eterna agonía. Gracias a creaciones sencillas, que no distraen y que el mismo define como “clásicas pero con un twist”, logro resucitar esta legendaria marca y darle un vuelco en las pasarelas de todo el mundo.


Es el polo opuesto de los típicos diseñadores de moda: un poco gordito, inseguro de su cuerpo, no se salta almuerzo ni comida por mucho que esté inspirado –siempre en el Hôtel Crillon–, es cero divo y no le interesa brillar como otras estrellas de la pasarela. Le gustan los trajes negros, los pantalones cortos para que se le vean los zapatos, las humitas de seda y los anteojos con marco oscuro y bien grueso. A sus 47 años, Alber Elbaz es el director creativo detrás de Lanvin, la casa de alta costura más antigua de Francia.

Se llama Alber, sin la “t”, que él mismo eliminó de su nombre cuando llegó a vivir a Nueva York. Le cargaba cómo los norteamericanos lo pronunciaban y decidió arreglarlo a su manera, igual que todo lo que hace. Mago de los plisados, de los cuellos altos, de las perlas y de las cinturas ajustadas, se ha hecho famoso por la filosofía que le imprime a sus creaciones. Lejos de las modas, sus vestidos no tienen época, son simples, sin pretensiones y, lo más importante, prácticos y usables, muy distintos de esas colecciones con aires teatrales que muchas veces invaden los desfiles. “Si no es comestible, no es comida. Si no es ponible, no es moda. Lo que tenemos que hacer ahora es hacerle la vida más fácil a las mujeres”, dice siempre. Por eso se ha encargado de trabajar las telas con detalles simples pero originales, como drapeados, cortes irregulares o costuras que se noten y que han logrado capturar la esencia real de esta marca.

Nadie diría que en otra época fue parte de la milicia israelí y que tuvo que cargar un fusil de varios kilos con sus manos, las mismas que hoy cosen todo tipo de tenidas para las mujeres más elegantes de Europa. Nació en Marruecos en 1961, pero creció en Holon, en la costa mediterránea de Israel, donde se fue con su familia cuando tenía sólo algunos meses de vida. Buscando nuevos aires y mejor suerte, su papá se empleó como colorista en una peluquería y su mamá se dedicó al arte. Alber se entretenía dibujando vestidos de fiesta en vez de autitos o aviones como el resto de los niños de su edad. Cuenta que se iba al colegio con dos mochilas, una para los libros y otra para sus lápices, y todos los días dibujaba a una profesora que encontraba muy bonita y le diseñaba ropa. También jugaba con unas piezas de ajedrez que tenía su papá, les hacía pelucas que se las pegaba con chicle y armaba vestidos con el papel plateado de las cajetillas de cigarro.

Siguiendo esos instintos creativos entró a estudiar a Shenkar College of Engineering and Design en Ramat-Gan, donde aprendió lo básico de la moda. Años más tarde partió a Nueva York con 800 dólares en su bolsillo y todas las ganas de hacer una carrera. Llegó como un inmigrante cualquiera, sin ni siquiera saber inglés, e hizo hasta lo imposible por salir adelante. Le costó y por un tiempo trabajó haciendo vestidos de madrina en un taller cualquiera, hasta que el talentoso diseñador Geoffrey Beene lo contrató como su asistente personal. Después de siete años juntos y muchísimo aprendizaje, Alber decidió volver a París. Ahí le ofrecieron diseñar las colecciones prêt-à-porter para Guy Laroche y en sólo cuatro temporadas logró la atención de la prensa, convirtiéndose, sin imaginarse jamás, en una estrella de la moda francesa. Y por si eso fuera poco, más tarde el legendario Yves Saint Laurent lo convirtió en el director creativo de su marca. Pero esta suerte le duró poco, porque en noviembre de 1999 el Grupo Gucci compró YSL y dos meses más tarde fue reemplazado por el mediático Tom Ford. Fue el primer gran tropiezo del marroquí, quien decidió ir a India y a otros países del Este a pasar sus penas, hasta que después de dos años y muchos cuestionamientos sobre su carrera se armó de fuerzas y volvió al ataque.

El 2001 le ofrecieron el puesto de su vida: hacerse cargo de Lanvin y resucitarla de una eterna agonía que venía viviendo hace un tiempo. Creada por Jeanne Lanvin en 1889 y después de muchos éxitos, en los 90 la prensa la apodó como “la bella durmiente de la moda”, por no encontrar un estilo que la definiera completamente. Fue ahí cuando Alber hizo de las suyas y al poco tiempo se vieron los resultados. Fue nombrado Diseñador Internacional del Año –que es como el Oscar a la mejor película– por el Council of Fashion Designer, en reconocimiento a su esfuerzo, y también elegido por la revista Times como uno de los 100 personajes más influyentes del mundo.

La clave de su éxito: hacer ropa que se ajuste a la vida de las que la usan, y no al revés. Con una mirada intelectual y reservada, ha reinventado ese estilo chic francés, poético y donde el foco se centra en los vestidos mismos y no en los zapatos o en accesorios muy llamativos. A diferencia de otros, Alber está siempre en su estudio y baja a la tienda del primer piso –en la calle Rue du Faubourg Saint-Honoré en París– a ayudarle a las clientas a elegir la tenida correcta. Conversa con ellas, las escucha, les ajusta la basta de las polleras y hace que se sientan bien con su cuerpo. “Como todos saben, el logo de esta marca es una madre con su hija y no un león o un caballo. Cuando asumí el cargo, Lanvin era sólo un gran nombre sin mucho en su interior. Pero lentamente empecé a avanzar. Me gusta el café, pero siempre digo que no todo puede ser instantáneo. Me tomé el tiempo y tardé casi una década en pasar de 15 a 400 cuentas. Lo más importante es mantenerlo como un negocio familiar, y así he tratado que sea”.

Además de tener la increíble habilidad para crear piezas preciosas temporada tras temporada, otro de sus aciertos ha sido renovar los envoltorios de la ropa, incluyendo en el nuevo diseño el clásico “azul Lanvin”, un celeste bien clarito que la misma Jeanne Lanvin inventó a partir de un fresco de Fra Angelico. Elbaz creó bolsas y cajas para los zapatos que a estas alturas se han convertido en un icono de la marca. “Nunca me he sentido una estrella y siempre tengo los pies bien puestos en la tierra. Si uno se cree en el cielo, está destruido”.

Y para todas las mujeres que les gusta el lujo y la buena confección, Verónica Viejo y su tienda Montemarano trae cada temporada piezas clave de la colección ready to wear, desde pantalones, abrigos, poleras, vestidos de día y de noche, jeans y hasta blusas, además de accesorios como zapatos, cinturones y también lindas carteras con el indiscutible sello Lanvin. 
 
 

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