Influyentes en la moda
GARETH PUGH
POR ANDREA WAHR
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Es uno de los diseñadores favoritos de la cantante Lady Gaga y de fashionistas como la heredera del imperio de las cervezas Guinness, Daphne Guinness y la directora de Vogue Japón, Anna Dello Russo. Gareth Pugh es todo un revolucionario de la moda, y a sus 30 años su delgada figura es un ícono del diseño británico. No hace ropa para usar en la vida diaria, pero tampoco es su propósito: sus formas experimentales, inspiradas en una concepción teatral de la moda, fueron una apuesta arriesgada, pero que le ha dado frutos. La primera famosa que se atrevió a usar una de sus creaciones fue la cantante Kylie Minogue, en su gira Showgirl de 2005, y ha vuelto por más modelos. Para Pugh, la mujer que usa su ropa tiene desplante, es segura de sí misma y desenvuelta y con un gran sentido del humor.
Nació en Sunderland (noreste de Inglaterra) y estudió Arte en esa misma ciudad. Luego estudió Diseño de Moda en Central Saint Martins, donde se graduó en 2003. Durante un trabajo como ayudante del diseñador Rick Owens para la firma de pieles Revillon, Pugh conoció a la consultora de moda parisina Michelle Lamy, quien se convirtió en su patrocinadora oficial y que dirigió sus colecciones hacia una línea más lujosa, promoviendo que usara cachemira, cuero y visón.
En 2005 debutó en la London Fashion Week, y al año siguiente tuvo su primera muestra individual en esa misma ciudad. Desde ahí no ha dejado de sorprender por su estilo que distorsiona las formas habituales para lograr diseños vanguardistas y andróginos, llegando incluso a crear ropa inflable, que se convirtió en su marca registrada y que lo ha hecho conocido. A partir de eso ha ido incorporando más materiales inusuales como PVC, látex, cadenas, y telas de paracaídas, en negro, gris y blanco, así como telas con patrones bicolores y –en el último tiempo– metálicas, tanto doradas como plateadas.
En un principio, su trabajo era puramente experimental y no tenía pretensiones comerciales, pero desde que recibió la visibilidad mundial derivada de que algunas famosas usaran su ropa, se han sucedido sus desfiles en Londres, París y Florencia y empezó a vender en algunas tiendas de lujo. El año pasado dio un paso más y abrió su primera tienda en Hong Kong. Por su originalidad y lenguaje propio, sus creaciones han sido seleccionadas en exposiciones de moda en importantes museos como el Victoria & Albert de Londres y el MET de Nueva York.
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BILL CUNNINGHAM
POR ANDREA WAHR
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Daphne Guinness dejó de ser una persona, es más bien un concepto”. Así la describe su amigo, el escritor francés Bernard-Henri Lévi. Y es que este eslabón perdido entre Cruella De Vil, Karl Lagerfeld y la Reina Victoria, es de las mujeres que más sabe de moda en el mundo y lo mejor es que la reinterpreta sin vergüenza y a su pinta. Lo de ella es teatral, excéntrico, estrafalario, una permanente experimentación de la moda que desarrolla con un desplante único. Se mueve con toda naturalidad, como si anduviera en jeans, polera y zapatillas, aunque tenga puestos unos tacos de 20 centímetros, las manos repletas de anillos (tipo manoplas) y un vestido de alta noche o una tenida muy ceñida y trabajada, con miles de capas y con grandes hombreras, muy difícil de llevar para cualquier mortal.
Su clóset es el paraíso en colores para los amantes de la haute couture, porque aquí la recopilación es en serio. Ella misma confesó en un documental de la BBC, titulado Secretos de la Alta Costura, que seleccionó a las mujeres más doctas en el tema y con los roperos más espectaculares, que ve sus vestidos como una extensión de su colección de arte. Rica hasta la médula y con look misterioso y sensual, con su pelo bicolor (rubio platino con mechones negros), un cuerpo delicado y menudo que le gusta acentuar y con un toque gótico, es conocida como la “Aristócrata Fashion”. Extravagante, excesiva, singular, muy simpática, desenvuelta y poco tiesa, Daphne no se pierde desfile, fiesta o lanzamiento, está en todas y siempre llamando la atención, como Anna Dello Russo.
Hija de Jonathan Guinness, Barón de Moyne y dueño de la cerveza que lleva su nombre, y de la belleza francesa Suzanne Lisney, quien murió de cáncer en 1995, esta irlandesa nació en 1967 y se crió rodeada de arte, surrealismo, moda, banquetes y millonarios. La menor de cinco hermanos, pasó parte de su niñez en una colonia cerca de Barcelona en España, donde solía bañarse en la piscina repleta de langostas de Salvador Dalí, otro tanto en París, especialmente durante la semana de la moda que ni ella ni su mamá se perdían, y en Londres, donde cada sábado se entregaba a su perdición: el diseño de piezas de plumas, una de sus marcas registradas. Como bromeaba Valentino: “Siempre la podemos encontrar siguiendo las plumas que va dejando tiradas en el suelo”.
A principios de los 80, Daphne se instaló en Nueva York junto a su hermana Catherine, que en ese tiempo era la asistente personal de Andy Warhol. Sus más íntimos de la época eran los dueños de la taquillera Studio 54, Steve Rubell y Ian Schrager; Fred Hughes, el editor de la revista Interview, y obviamente el propio Andy. En 1987 y con sólo 19 años, se casó con Spyros Niarchos, hijo de un billonario griego, con quien tuvo tres hijos: Nicolas, Alexis e Ines. Ella misma afirmó que su existencia en ese periodo fue lo más parecida a la de un pájaro enjaulado. Esos casi doce años de “sacrificio” fueron saldados con creces: recibió la buena suma de US$20 millones de dólares tras su divorcio en 1999.
Estilista, periodista, productora de cine (por ejemplo de la joya del cine independiente Cashback) y miembro de varios directorios de reputados museos, esta mujer detesta los términos “must”, “it” o “in”, porque su original instinto para vestirse –siempre transgresora, impecable, con una elegancia bizarra y de alta costura– no permite que nadie le diga cómo y qué llevar puesto (jamás se encasilla con una sola marca). Por eso es gran admiradora de la Duquesa de Windsor, Wallis Simpson, quien a lo largo de su vida se mantuvo incólume a las modas y las tendencias, de Loulou de la Falaise y por sobre todo, de la fallecida editora de revistas, icono de la moda y mentora de Alexander McQueen, Isabella Blow. Ella fue su amiga del alma y coincidían en que la vida es mucho más divertida si se llevan puestas cosas bonitas. “Vestirse bien es un arte”, concluye.
El reciente funeral de Alexander McQueen, fue una prueba más de que jamás pasa desapercibida y nuevamente fue una de las más audaces. Sombrero, velo, zapatos con plataforma del diseñador y una larga y vaporosa capa, todo en riguroso negro, como una reina.
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