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ED Nº 184, Especial Moda Octubre 2010 |
Paloma Picasso
POR CATALINA ABALOS // RETRATO MICHAEL THOMPSON // FOTOS TIFFANY & CO.
Podría haberse conformado con ser la “hija de”, pero quería más. A punta de esfuerzo y creatividad trazó su propio camino, también ligado al mundo de las artes y la estética. Este 2010 celebra 30 exitosos años de trayectoria como diseñadora de joyas para la prestigiosa firma Tiffany & Co., hito sobre el que conversa en entrevista exclusiva con revista ED.
Cuando Paloma Picasso tenía 9 años pasó una semana completa haciendo un cuadro de su casa en la Riviera Francesa. ¿El resultado? “Quedó horrible, a pesar de mis esfuerzos eran puros manchones de colores. Ahí fue cuando me di cuenta que la pintura no era lo mío”, confiesa. Hija de Pablo Picasso, impulsor del cubismo y uno de las figuras más importantes del siglo XX, Paloma se refiere a él como “el mejor artista del mundo”. De su incursión en la pintura cuando chica le quedó el gusto por los colores fuertes y el consejo de su padre, “sólo tu puedes dictaminar si una creación tuya es buena o no”. Obediente, Paloma se lo tomó a pecho y hoy, cinco décadas más tarde y con una exitosa carrera como diseñadora y empresaria, afirma que “cada vez que diseño algo me pregunto si lo compraría para mí. Si no es así, lo descarto inmediatamente”.
Su seguridad rindió frutos. Durante los años 80 y 90 creó tres perfumes además de un labial rojo furioso, Mon Rouge para la empresa cosmética L’Oreal (“mi sello hasta que cumplí 50 porque después me hacía ver mayor”); carteras, anteojos además de porcelana y cristal para la exclusiva marca alemana Villeroy & Boch.
Aunque multifacética, siempre le fascinaron las joyas. Después de egresar de la Universidad de París, Paloma comenzó a diseñar el vestuario para connotadas obras de teatro. Fue para una de ellas que creó collares con strass y piedras baratas compradas en una feria callejera parisina. Su idea fue un hit entre los críticos de moda, lo que la animó a estudiar joyería. Al cabo de poco tiempo estaba diseñando anillos, pulseras y gargantillas para su amigo, el legendario Yves Saint Laurent, y la firma griega Zolotas.
Fueron días agitados en los que Paloma se convirtió en un verdadero ícono fashion, dejándose ver en cuanta fiesta y desfile de moda hubiese. Musa de Saint Laurent, la etapa de influencia española en tonos rojo y negro del modisto se debe en gran parte a ella.
El año 1980 marcó un hito en su carrera, cuando fue reclutada por la joyería Tiffany’s. Hoy, 30 años más tarde, en la compañía continúan afirmando que Paloma era justo lo que necesitaban para entrar de lleno al siglo XXI como firma. Las cifras la apoyan, con más de US$90 millones anuales en ventas y más de sesenta sucursales repartidas a lo largo del globo.
Pese a su éxito ella sigue disfrutando de sus casas en Suiza y Marruecos en compañía de su actual marido, Eric Thévenet (anteriormente estuvo casada con el dramaturgo argentino Rafael López Sánchez). No tiene oficina y diseña mientras vuela en avión o se aloja en hoteles, siempre en hojas sueltas de papel. Aunque viaja varias veces al año a los headquarters de Tiffany’s en Nueva York, envía constantemente faxes porque “no quiero esclavizarme con los mails ni con el BlackBerry”.
En cuanto a los precios de sus trabajos, piensa en todos: desde un marcador de libros (US$70) hasta un collar de piedras preciosas por US$200.000. Pese a ser distintas entre sí, sus creaciones tienen en común el que no pasan de moda. “Hasta el día de hoy ocupo piezas que creé hace más de 20 años. Esa es una de las cosas más lindas de diseñar joyas, el que pasan de generación en generación”, explica.
Responsable de lanzar dos grandes colecciones anuales, este año para celebrar su aniversario número 30 decidió lanzar tres: Marrakesh inspirada en Marruecos, Hammered Circles y Paloma’s Dove. Bautizada en honor a la célebre paloma que dibujó su padre para el afiche de la Conferencia por la Paz Mundial en 1949, Paloma realizó más de 200 dibujos hasta quedar satisfecha con una versión del ave que “parece un ángel. Siempre he estado orgullosa del hecho que mi nombre represente la paz y pensé que un collar con un símbolo protector era perfecto para esta ocasión”.
Al preguntarle cuáles son sus fuentes de inspiración, dice que “tiene mucho que ver con estar con los ojos bien abiertos concentrándote en las formas, texturas, colores y símbolos que te llaman más la atención. Ultimamente son las cerámicas, fuentes y objetos marroquíes”. ¿Su mayor desafío? “Diseñar joyas más pequeñas, porque como tengo rasgos faciales duros creo que se me ven mejor las grandes. Eso sí, dejando de lado las dificultades, creo que lo principal es que mis diseños hacen a la gente sonreír”.
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