Great Anatomy
POR MAGDALENA BOCK // FOTOS PATRICIA STEVENSON
No hay nada que dé más gusto que mirar, tocar y usar un mueble bien hecho, con una buena estructura, calidad, diseño y materiales. En Artin, una fábrica especializada que funciona desde el año 82 y que, como abrevia su nombre, une lo mejor de la artesanía e ingeniería, todo se hace como debe ser. Y además, cumplen los plazos de entrega.
Las cosas aparentemente simples generalmente esconden un trabajo complicado y riguroso que, justamente por estar bien hecho, no se nota a primera vista. Detrás de un laqueado que brilla como espejo hay miles de capas de pintura y todo un proceso de secado, que una biblioteca tenga la medida exacta requiere de un buen diseño y de cálculos milimétricos, y que un cajón corra tan bien que sólo abrirlo sea un placer tiene toda una logística. Y estos son sólo unos pocos ejemplos del difícil mundo de la confección de muebles, que muchos creen conocer, pero que pocos realizan a la perfección, equilibrando dos oficios tan distintos como son artesanía e ingeniería.
Artin es una mezcla de estos nombres y en su fábrica no hay nada que no se haga bajo estos principios. “Somos especialistas en hacer muebles especiales”, dice su dueño, Iván Vergara, ingeniero civil de profesión, pero mueblista de alma.
Casado con Chris Brunet, excelente cocinera, y padre de 8 hijos, abrió las puertas de lo que primero fue un taller en 1982, después de haber trabajado en empresas hidráulicas y de haber estudiado plomería en el Brighton School of Buildings en Londres. Le aburría la construcción, pero era diestro para hacer los muebles de su casa y de conocidos que se los pedían como un favor.
Desde los primeros años de Artin que trabajan con arquitectos, diseñadores y decoradores, sobre todo haciendo muebles para grandes proyectos, como hoteles, casinos y oficinas, también para casas y clientes particulares, y con el tiempo se han hecho conocidos –principalmente entre profesionales del área– por su capacidad para resolver todos los acertijos que acarrea este rubro: con qué materiales trabajar en cada caso, en cuántos días entregar los pedidos, cómo hacer para que las cosas perduren en el tiempo y no sean desechables... Sin quererlo se han transformado en gestores de prototipos que luego se masifican, nada más que por su habilidad para hacer que todo se vea y funcione como debe ser.
La fábrica en su exterior es tan engañadora como el clóset de las Crónicas de Narnia, sólo dos pequeñas puertas de madera en la comuna de Independencia abren paso a un espacio de más de tres mil metros cuadrados que parece no terminar nunca. Ahí trabajan unos cien carpinteros y ebanistas y un grupo de diseñadores que todos los jueves tienen la tarea de investigar a través de internet lo que se está haciendo en el mundo en relación a muebles. La verdad es que los que aquí se fabrican no tienen absolutamente nada que envidiarle ni a los italianos. Y no es un decir.
Su modo de trabajar no admite improvisaciones, es metódico y preciso. “Cuando nos llega un pedido lo primero que hacemos es resolverlo intelectualmente. Y cuando ya no queda ningún detalle por planificar, lo ejecutan nuestros maestros. Aprovechamos mejor el tiempo porque no se pierde ni un minuto arreglando errores, lo que nos permite hacer entregas en 45 días, por muy grande que sea el encargo”, explica Iván.
Todas las piezas van pasando por diferentes procesos a cargo de personas encargadas de ellos, y, aquí, más que el buen precio, predomina siempre la calidad. “Nuestros clientes saben que un buen laqueado es caro, porque implica pintar y ligar, pintar y ligar muchísimas veces, hasta lograr un acabado como espejo. Todo esto se realiza en una cámara especial de filtrado y luego se seca en una cámara infrarroja”.
Trabajan con todos los materiales habidos y por haber, tienen las chapas y revestimientos más novedosas (incluso hacen paneles completos de cielo o de muro a muro) y por su gran capacidad para recibir volúmenes de trabajo sin descuidar los detalles, pueden hacer desde una moderna biblioteca de 18 metros a un clásico escritorio francés.
Artin, Gamero 1788, Independencia, Santiago, teléfono 737 4465.
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