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| Miércoles, 11 de Enero de 2012 15:56 | |
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Buscando el fin del mundo
Un programa de tres y cuatro noches es el principio de la oferta de Patagonia Camp, un hotel de lujo, compuesto en base a Yurts, ubicado a orillas del Lago Toro y cercano a los más reconocidos atractivos que han hecho famoso al Parque Nacional Torres del Paine. Nadie podrá nunca describir con exactitud la inmensidad de la estepa patagónica, ni los colores que alimentan sus cumbres famosas, cual catedrales, que permanecen inmóviles frente al viento y la violenta soledad que las agrupa; tampoco la pérdida de escala que sufrimos cuando entramos en contacto con semejante paisaje.
Estar en las Torres del Paine es haber encontrado el fin del mundo. Las cuatro horas de vuelo advierten que vamos a aterrizar en la ciudad más austral de Chile y el planeta, tan gloriosa en una época y cosmopolita, Punta Arenas sigue teniendo ese aire europeo que tanto la caracteriza.
Como el vuelo de Lan sale muy temprano, y llega al mediodía, es la excusa perfecta para ir a almorzar al Sotito’s restaurant, el mejor de la ciudad y casi de nuestro país. Nada de pretencioso y con allure retro, la centolla fresquísima de primero, y un delicioso cordero de segundo, es el menú perfecto para después admirar por unas cuantas horas un camino que queda en la retina, por su belleza y colorido, sobre todo si uno viene de Santiago, de luz gris.
Patagonia Camp, ubicado a orillas del Lago Toro y cercano a los más reconocidos atractivos que han hecho famoso al Parque Nacional Torres del Paine, es un moderno concepto de Yurts, una versión actualizada de los refugios mongoleses, en este caso diecisiete, dispuestos de manera totalmente independiente e inmersos en un maravilloso bosque de lengas, cada uno con la vista privilegiada del Lago Toro y los macizos del Paine. Cada Yurt cuenta con comodísimas camas, exquisitos plumones y almohadas que se agradecen después de un largo paseo. Tienen un estilo muy Banana Republic o Ralph Lauren, completamente equipados, con detalles como una funda de lino ribeteada en cuero para guardar la más preciada chaqueta, que dan aviso de refinados toques. En su interior estas carpas están revestidas en lona color crudo y huinchas de cuero color suela, buen piso de madera, nada de más ni de menos, un tamaño confortable y todas las comodidades, como un escritorio con silla y un muy buen closet. Tienen un baño incorporado, pero tampoco tanto, y de estructura sólida, y un techo de mica transparente para poder apreciar la más nítida galaxia que jamás haya visto.
Al comienzo hay que acostumbrarse a los ventarrones que corren a más de 120 km por hora, uno piensa que es el fin del mundo, un cataclismo o terremoto, pero después resulta hasta un placentero ruido nocturno.
Patagonia Camp se encarga además de que su estadía sea inolvidable: desde el primer día, y en busca de la más retratada vista de los cuernos del Paine, un trekking que empieza a orillas del Lago Pehoé lo conducirá a la cima del Mirador Cóndor, en el recorrido sobran las pausas y la ansiedad propia que acompaña al viajero lo obligan a admirar el entorno y sacar miles de fotografías. Estas excursiones terminan con una visita hacia el Lago Sarmiento, cuya particularidad son las formaciones de calcio en su ribera, produciendo un intenso color turquesa que resume uno de los horizontes más impresionantes alguna vez vistos.
www.patagoniacamp.com,
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, teléfono (56-2) 334 9255, Hernando de Aguirre 414, Providencia.
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