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| ED Nº 174, Enero / Febrero 2010 | |
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El mejor polo del mundo El rector de la Universidad Adolfo Ibáñez, Andrés Benítez, y su señora, Magdalena Bernstein, estuvieron en la famosa final del Abierto de Polo de Palermo, en Buenos Aires, y aquí nos cuentan el “backstage” del que es considerado el mejor polo del mundo.
A muchos chilenos nos encanta decir que los argentinos son agrandados. Yo creo que por pura envidia porque nos carga que sean mejores que nosotros. A mí, por el contrario, me parece que tienen cosas que son dignas de admiración. Cosas de nivel mundial, como hay poco o nada en Chile. La final del Abierto de Polo de Palermo, en Buenos Aires, en sin duda una de ellas. Allá le dicen “la” final mundial del polo. Y tienen toda la razón. Cada año, en diciembre, son cientos los extranjeros –millonarios de Europa y Estados Unidos, alguno que otro jeque del Medio Oriente– que llegan a ver lo que es considerado el mejor polo del mundo. Junto a ellos, miles de argentinos dan forma a un espectáculo donde el deporte y la distinción son los protagonistas dentro y fuera de la cancha. Algo que saben hacer bien. Pero ojo: quienes van en busca de puro glamour se van a llevar una decepción. En Palermo, por suerte, hay poca farándula, actriz de teleserie o modelo. Acá la gente viene a ver polo, y el resto es puro accesorio. Por ende si bien los stand de Mercedes, Chandon y La Martina le dan un cierto encanto al entorno, el único tema de conversación son los partidos, los caballos y los jugadores. Acompañado, eso sí, de una copa de champaña, la bebida oficial del torneo. Por lo mismo, la vestimenta es sobria pero elegante. Ellas con mucho jeans, pero claro, al estilo de las argentinas. Siempre con un detalle significativo en los zapatos, la cartera o en un pañuelo atado casualmente al cuello. En los hombres, lo que más llama la atención son las boinas tipo gaucho que son un clásico en Palermo. Lo que sí hay es mucha familia. Porque eso de la gran “familia del polo” no es un cliché. Es real. Los que juegan son hermanos, primos o cuñados. Los que miran son hijos, padres, señoras. De hecho, el evento en cierta medida es tan cerrado, que las mejores localidades no sólo son caras, sino además no están a la venta al público. Se reservan para la “familia” y los invitados especiales. Así las cosas, resulta ser un espectáculo elegante y distinguido, tanto por las características del polo, como por la audiencia que lo rodea.
EN LA CANCHA
Este año, la final del Abierto tenía un ingrediente especial: por primera vez en la historia fue disputada por dos equipos con 40 goles de hándicap cada uno, el máximo que considera el deporte. De esta forma Ellerstina y La Dolfina juntaban 80 goles de hándicap, algo nunca visto en un torneo oficial en el mundo. Ocho jugadores “10” en una cancha de polo es algo que pocos se habían imaginado; es como que en el fútbol jueguen dos equipos con 11 “Maradonas” por lado. Como referencia, cabe decir que nunca un jugador chileno ha tenido hándicap 10. Jaime García-Huidobro, polero chileno radicado en Argentina, tiene actualmente un hándicap 8, y es lo mejor de lo nuestro. Los cruces familiares dentro de la cancha son también asombrosos. Ellerstina está comandado por los hermanos Facundo y Gonzalo Pieres, seguidos de su primo Pablo Mac Donough. Completa el equipo Juan Martín Nero. Hay que decir que los Pieres son una tradición en Palermo. En esta versión del Abierto, otros dos primos, Nicolás y Pablo, debutaron en el equipo de Chapa Uno. El otro finalista, La Dolfina, es ya una leyenda del polo argentino. Fue el ganador de esta edición, con lo que acumula cuatro títulos en los últimos cinco años. En parte gracias a su líder natural, Adolfo Cambiaso, quien es considerado el mejor jugador del mundo, algo que nadie se atreve a discutir. A Cambiaso, casado con la diseñadora argentina María Vázquez, todos le dicen “Adolfito” y en Argentina tiene el prestigio de un Messi en el fútbol. No hay taxista que no hable de las virtudes de “Adolfito”, el jugador que más goles ha hecho en la historia del polo, que más joven fue hándicap 10 (a los 19 años), y el más premiado de todos los tiempos. En la final de este año, donde La Dolfina ganó en tiempo suplementario por 17-16, Cambiaso marcó 11 goles, fue elegido el mejor jugador del torneo y también premiado por el mejor caballo. Un héroe moderno. A Adolfito lo acompañan en La Dolfina su cuñado Bartolomé Castagnola, Lucas Monteverde y Mariano Aguerre, el autor del tanto de la victoria, que paradójicamente está casado con Tatiana Pieres, hermana de Facundo y Gonzalo, que como dijimos juegan en el equipo rival, la Ellerstina. Dicho en breve, Aguerre se dio el lujo de quitarles el título a sus cuñados. O sea, todo en familia. Los Pieres en todo caso saben que el tiempo juega a su favor. Ellerstina es un equipo joven, con un promedio de edad de 24 años. En La Dolfina, por el contrario, hay dos jugadores de 40 años, y el mismo Cambiaso tiene 34 años. Por ello, pese a la derrota, todos hablan de Facundo Pieres (23 años), como el nuevo referente del polo argentino y del mundo. Algo que por ahora nadie menciona por respeto a Adolfito, pero que es un secreto a voces en la familia del polo.
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