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VIAJES


ED Nº 182, Agosto 2010

I love NYC

POR DIEGO MUÑIZ // FOTOS JUAN SAEZ

Diego Muñiz

Autor de este reportaje, saliendo de la tienda de antigüedades Kill Devil en Green Point.  

New Museum

High Line Park, en Chelsea

La famosa libreria Barnes & Noble

La entrada del Jane Hotel

Golden steamer

Local donde venden te helado y pan de arroz.

Librería Phaidon en SoHo


Diego Muñiz, artista y director de teatro radicado en Nueva York, nos da sus mejores datos. 


La “ciudad puerto”, como la denomino, fue mi frase referente para las pinturas que estoy haciendo, y que expondré en octubre en San Francisco. Aquí todos llegan y se van, todo pasa y nada pasa. Nueva York es de los lugares donde cada vez que vuelves como turista encuentras que algo ha cambiado: los spots, los links, los bares... Cada secreto de la ciudad muta y se transforma. Acá es donde se cocina todo: los millones y diversos inmigrantes que van dejando sus huella mientras se apropian de distintas zonas, los hilos y efectos de la economía, el arte, la imagen del poder. Y todo esto en una cultura de lo nuevo, donde todo es desechable.

Una sociedad de consumo produce cambios trágicos en la urbe, como el SoHo, que era un barrio bohemio y en diez años se convirtió en una especie de fashion mall al aire libre. Esta fiebre me hace temer que algún día llegaré al China Town y ya no habrá más chinos (los que de hecho migran actualmente a Queens).

Nueva York se trata mucho de lo nuevo, la última moda, cada mes o incluso cada fin de semana hay un restaurante que la lleva, un bar al que debes ir, y así va pasando también con los barrios, desde el SoHo (SoHo significa South Houston, una de las calles principales del downtown que separa las calles con números de las con nombres) hacia abajo, llegando hasta Brooklyn y particularmente al nuevo barrio hipster (que ya va de salida), Williamsburg. Estos cambios han generado entre los newyorkers el tema de Manhattan versus Brooklyn, con sus pros y contras. Yo diría que una de las mayores diferencias entre los dos es la tranquilidad, la vida más de barrio, frente a una ciudad que, aunque suene a cliché, nunca duerme. Para los defensores de Manhattan, Brooklyn es más aburrido; además ¿cómo dejar un lugar en el que da lo mismo que sea martes o domingo, 3 de la tarde o 3 de la mañana? Lo que necesites, lo que quieras, lo tienes. Para los adeptos de Brooklyn y especialmente los nuevos conversos (ex Manhattans), gana salir a pasear por el parque con calles silenciosas. Los mejores restorantes ahora están ahí, dicen muchos, y varias revistas especializadas. Es más relajado, hay más permisos y menos gente, lo que da una mayor libertad y facilidad para instalar locales.


 

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