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| ED Nº 189, Enero / Febrero 2011 | |
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Lujo a bordo
TEXTOS Y FOTOS MAGDALENA BOCK Navegamos desde Valparaiso hasta Punta Arenas a bordo del crucero Silver Whisper de la naviera italiana Silversea. La mejor atención, buena comida, espectáculos, expediciones y los más lindos paisajes. Todavía echamos de menos a Jignesh, el punto de partida y final de este increíble viaje en crucero que hicimos por el sur de Chile. Jignesh es hindú y uno de los mayordomos del lujoso Silver Whisper de la naviera europea Silversea. En la solapa de su impecable frac tenía una especie de biper que se activaba cada vez que uno apretaba el botón Buttler Service en el teléfono de la suite. Como por arte de magia llegaba a la velocidad del rayo con lo que uno quisiera. Así funcionaba todo aquí. No importaba que lleváramos varios días navegando en altamar, nunca oímos un pero, menos un no, las flores siempre estuvieron frescas, el menú cambiando, las caras sonrientes y la atención perfecta. Con el Silver Whisper hay que hacer borrón y cuenta nueva, olvidarse de todos los prejuicios que pueda tener acerca de los cruceros, como que son enormes, masivos y que con el pasar de los días no importa si es un pescado o un helado, toda la comida tiene el mismo gusto. Esta naviera es italiana y funciona al revés, en un mundo cada vez más grande, conocen la enorme ventaja que tienen las cosas hechas a menor escala y por eso sólo hacen barcos pequeños, más íntimos, con un servicio totalmente personalizado y la posibilidad de llegar a los puertos centrales de las ciudades, lo que por tamaño no pueden hacer los más grandes. Está inspirada en los años 30, la época de oro de los cruceros, pero con todas las comodidades de la modernidad. Nosotros viajamos en el Silver Whisper, que ha ganado premios por tener sólo suites de lujo, amplias, comodísimas, con walk-in clóset, buen baño con tina, ducha y los más exquisitos productos (puede elegir entre Bvlgari, Aqua di Parma o Salvatorre Ferragamo), balcón y vista al océano. Tiene capacidad para 382 pasajeros y los 302 miembros de su tripulación, pero su forma alargada y buen diseño le permiten tener espacio para todo: 3 restoranes, boutiques, wellness spa, salón de belleza, gimnasio y sauna, salón de espectáculos y lounge, biblioteca, además de un gran deck con restorán, bar, piscina con agua de mar caliente y fría, entre muchos rincones, barcitos y estares. Nos embarcamos un día de sol radiante en Valparaíso. La bienvenida fue con champagne francés y la presentación de nuestro mayordomo, quien hasta se ofreció a desarmarnos la maleta y ordenar la ropa en el clóset. Mientras tanto decidimos aprovechar el día en la piscina, donde inmediatamente nos instalaron unas mesitas al lado de los chaise longues para que almorzáramos sin perder un minuto de sol. En la semana en que estuvimos navegando nunca hubo más de tres o cuatro personas ocupando la terraza, jamás hubo necesidad de compartir la piscina con nadie, lo que no hubiera importado nada, pero que sorprende bastante en un crucero. El resto de ese día y de los siguientes hubo muy poco que decidir: si tomar desayuno en uno de los restoranes o en la suite (optamos por el room service, donde nos ponían la mesa con mantel y nos llevaban lo que quisiéramos, french toasts, fruta fresca, jugo de naranja recién exprimido y los exquisitos panes hechos cada día en el mismo barco), en cuál de sus restoranes almorzar y comer considerando que en este barco todo, desde la comida hasta los tragos y el frigobar con lo que pida que se lo llenen, está incluido: en The Restaurant se puede pedir a la carta, desde carnes hasta langosta, además todos los días ofrecen un menú diferente; Le Champagne, también a la carta, es un restorán de Relaix & Chateau que prepara platos regionales acorde a una selección de vinos (este es el único que se paga aparte); La Terraza, buffet de día e italiano de noche, con las pastas y salsas hechas ahí mismo, con recetas originales de Italia, ¡buenísimas!; el Pool Deck a la orilla de la piscina, más informal, pero igual de bueno. Para tomar té, el Panorama Lounge es el paraíso de los dulceros. Y, por último, tendrá que pensar qué espectáculo irá a ver en la noche. Mientras estuvimos a bordo hubo conciertos de piano, shows, fiestas, baile, jazz… Gran parte del día se pasa comiendo, para qué estamos con cosas, así que hágase la idea de subir unos kilitos, el resto, si está navegando, no se aburrirá. Desde temprano tienen organizadas una serie de actividades, como caminatas, yoga, pilates, clases de cocina, conferencias, bridge, baile, clases de español, francés o inglés, bingo, casino, golf, juegos de todo tipo, una biblioteca con libros y revistas además de DVDs que puede ver en su propia suite. Luego de navegar todo un día, nuestra primera parada fue Puerto Montt. El crucero tenía un shuttle que nos llevaba a la ciudad, así que partimos al típico mercado de artesanías. Los pasajeros, principalmente europeos y norteamericanos, estaban fascinados. Es un verdadero orgullo para nuestro país constatar que hay extranjeros que están dispuestos a pagar caro y venir desde muy lejos para conocer el sur de Chile. Eligen, eso sí, hacerlo en este crucero porque saben que lo harán con los más altos estándares, algo que todavía le falta al turismo nacional. Al día siguiente llegamos a la Laguna San Rafael. Todo lo que uno ha oído y visto en fotos es cierto. Es el paisaje más lindo que se pueda imaginar, glacial, con un aire polar que oxigena los pulmones y también la cabeza. Y mejor si este viaje se hace al estilo Silversea, en un catamarán calefaccionado, con sandwichitos, galletas, chocolate caliente, champagne, mozos con parka y guantes blancos. Luego de navegar por los más lindos canales y fiordos, nuestro último destino fue Punta Arenas. El crucero ofrecía una serie de expediciones, como ir a las Torres del Paine en un pequeño avión, una visita a una reserva de pingüinos o recorrer la ciudad, su maravilloso cementerio de cipreses podados, la antigua mansión de la familia Braun-Menéndez, el Museo de los Recuerdos… Después de un largo día de paseos, cuando llegamos a nuestra pieza, Jignesh nos había dejado un gran plato de frutillas bañadas en chocolate, champagne helada en el Frigo bar, una tarjeta “hope you enjoy your tour” y un pingüino hecho a mano por él mismo. ¡No nos queríamos ir! Nos bajamos con la mejor experiencia a cuestas, pero el barco seguía hasta Buenos Aires, pasando por el Estrecho de Magallanes, Puerto Madryn, Punta del Este y Montevideo. En resumen, un viaje espectacular, cien por ciento recomendable. Lo bueno es que tienen salidas en varias fechas de enero y febrero, así que todavía está a tiempo para organizar sus vacaciones. Oficina en Santiago: Interexpress, teléfono 754 6833, Enrique Foster Norte 80 piso 1. Más información en www.silversea.com |