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VIAJES


Jueves, 10 de Febrero de 2011 00:00
Recorrido por Europa
 

Berlín

Edificio Reichstag.

Berlín

Berlín

Muro de Berlín.

Berlín

Edificio GSW Sauerbrunch Hutton Arquitectos, en el lado oriental.  

Berlín

Vista de la fachada de Reichstag.  

Berlín

Palacio Sans Succi en Potsdam.

Berlín

Memorial judío de Peter Eisenmann.  

Berlín

Puertas de Bradenburgo.


Las bases de Berlín

TEXTO Y FOTOS NICOLAS VALDES Y COSNTANZA HAGEMANN


Muchos chilenos aprovechan las vacaciones de verano para recorrer Europa. Aquí, los jóvenes arquitectos Nicolás Valdés y Constanza Hagemann nos cuentan sobre su visión de Berlín, un imperdible del Viejo Continente.
 


Berlín es un exceso, en el buen sentido de la palabra. Por mucho que uno lo recorra, siempre queda la sensación de que aún falta algo por conocer en esta ciudad, una de las más influyentes en la historia reciente y la más oriental de las del oeste. Pero para no caer en pánico ni abrumarse por la ansiedad, lo primero que hay que hacer es comprar las revistas Tip o Zitty (que circulan cada dos semanas) en cualquier quiosco o librería. Es la única manera de estar al día sobre la extensa oferta diaria de galerías, moda, exposiciones, restoranes, fiestas, museos, arte, cine, bares y conciertos, entre muchos otros, que ofrece la ciudad. La verdad es que hay de todo y para todos los gustos, sobre todo si se considera que  aquí el 60% de la población es menor de 35 años, y que, además, hay importantes universidades, como la Humboldt Universitat, que cada año atraen a muchísimos jóvenes más.

Como complemento a la revista, puede comprarse un buen mapa de la ciudad (hay variados y los venden en todas partes), aunque recomendamos el de color verde de la tienda de souveniers de Charlie Check Point (Friedrichstr con Kochstr), ya que en éste se encuentran en tres dimensiones los hitos más importantes.

Con revista y mapa en mano puede sentarse en el Adler Café, muy cerca de Charlie Check Point, un lugar que hasta hoy refleja el lado oriental de Berlín en los años setenta. Este es el mejor punto de partida para conocer la capital alemana.

Por primera vez íbamos juntos, lo que se tradujo en una mirada a la ciudad mucho más arquitectónica que la que podría tener el común de los tantos turistas que llegan en toda época del año. Partimos nuestro itinerario en la Filarmónica de Berlín, edificio construido por Hans Sharoun en 1963 (estación de metro Potsdamer Platz). La verdad es que vale la pena comprar entradas para cualquiera de los conciertos que estén ofreciendo, porque hasta los más entendidos coinciden en que son todos igualmente espectaculares.

Y si de exposiciones se trata, tampoco puede perderse la muestra permanente del famoso fotógrafo de moda Helmut Newton. En el primer y segundo piso de la fundación que lleva su nombre es posible visitar Propiedad Privada, la exhibición que da a conocer varios de sus objetos personales, como las cámaras fotográficas que utilizó durante su vida –desde las antiguas hasta las digitales–; los muchos faxes que le enviaban de diversas revistas, como Vogue, Vanity Fair, Elle o Photo, pidiéndole que trabajara con ellos; accesorios que utilizó en sus imágenes; la ambientación de un rincón de su casa; fotografías que nunca fueron publicadas y hasta un mechón de pelo del propio artista. El tercer piso de dicha fundación es llamado Museo de la Fotografía, porque en él se van presentando los trabajos de distintos fotógrafos independientes.

Siguiendo con lo cultural, otro imperdible es la famosa Neue Nationalgalerie, diseñada por Mies van der Rohe en 1968, la que en un principio fue concebida como las oficinas de Ron Bacardi en Cuba, aunque finalmente fue emplazada en Berlín.

Una buena forma de conocer los tantos íconos arquitectónicos de la ciudad es tomar un vuelo en Flughafen Berlin Tempelhof –el aeropuerto de arquitectura ciento por ciento nazi–, y observar desde el aire la dimensión de imponentes obras como el edificio histórico Reichstag; el parque Tiergarten, uno de los más grandes de Berlín, o el río Spree, ubicado en el centro urbano.
Luego en tierra debe volver al parque Tiergarten para hacer un picnic o, mejor aún, una tradicional parilla alemana con carnes de cerdo y bratwurst (salchichas) y cerveza. Si el clima lo acompaña, puede hacer el tour a través del río para seguir sorprendiéndose con sus edificios y la isla de los museos. El paseo termina con la luz de la tarde, mientras recorre el memorial al Holocausto, del arquitecto Peter Eisenmann, recientemente inaugurado.

Para conocer el Reichstag vale la pena tomarse toda una tarde. Luego de la guerra el parlamento alemán fue casi completamente destruido. Se llamó a concurso para su restauración, la que fue adjudicada al arquitecto inglés Sir Norman Foster. La visita comprende dos instancias: la sala del parlamento, la cual se debe reservar con anticipación, y la visita a la cúpula, que requiere de paciencia por la larga fila de turistas que ahí se forma. Como está abierta hasta las 10 de la noche, recomendamos subir tarde y comer en el restorán que está en lo alto y que tiene la mejor panorámica a Berlín. En una de las paredes de este lugar se encuentra el croquis original de Christo para su intervención al Reichstag el año 1995.

En las noches se hace aún más patente el exceso de Berlín, más que nada por la infinita oferta de lugares para comer o para tomarse un trago. Dos restoranes que no puede dejar de probar son el Waldmann y el Florian y, si de bares se trata, están el Pony, Ball Haus, Kaffe Burger o bien el clásico del barrio Prenzlauerberg, dondepaga lo que usted quiera por lo que consumió... ¿Que tal? Ya terminada la noche, cuando el hambre empieza de nuevo, puede comerse el mejor kebab en la esquina Torstr con Rosa Luxemburgstr.

Por último, no puede irse de Berlín sin visitar Potsdam, ciudad ubicada en las inmediaciones, junto al río Havel, que es famosa por los palacios y cotos de caza que dejó el imperio prusiano. No son de la escala de Versalles, porque Prusia siempre fue más pobre y modesta, pero igual de maravilloso. Hoy, la clase alta vive en esta zona. 

Mucho se puede contar de la capital alemana, pero hay que estar ahí para vivir y experimentar esa curiosa sensación que produce su historia que se refleja a cada paso, como los tantos sitios eriazos que corresponden al emplazamiento de los edificios de la SS y la GESTAPO, los que fueron demolidos bajo la condición de no construir nunca más nada en el mismo lugar; o la intervención con una placa metálica que conmemora el circuito del muro a través de la ciudad. A pesar de que ya no hay una división física, aún en la actualidad se puede apreciar una gran diferencia entre las personas del Este y las del Oeste. Eso es lo más atractivo de la capital: Berlín tiene dos mitades totalmente diferentes y únicas.

PARA TOMAR EN CUENTA...
•Los alemanes son extremadamente amigables y casi todos hablan inglés.
• Los cigarrillos son caros, pero los libros, muy baratos. En precios se podría decir que es similar a Santiago en varios aspectos.
• Alemania cuenta con una red de movilización pública increíble que, en el caso de Berlín, permite combinar tres diferentes tipos de trenes y un bus con sólo un ticket, el que puede ser semanal y cuesta 25 euros.
 

 

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