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| ED Nº 206, Mayo 2012 | |
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Sudáfrica de lujo
POR MARCELLA ECHAVARRIA FOTOS MARCELLA ECHAVARRIA Y BABYLONSTOREN Babylonstoren es el nuevo destino para sibaritas. Ubicado en el corazón de los viñedos de Sudáfrica, a 60 kilómetros de Ciudad del Cabo, ofrece vida de campo con las comodidades del mejor hotel. Es una linda mañana de marzo y espero a Karen Ross, la visionaria creadora del espectacular hotel–jardín–restorán llamado Babylonstoren. Este es también el nombre de la montaña que hace de escenario para la hacienda del siglo XVIII que ella y su marido remodelaron recientemente en el valle de Drakenstein, donde además se produce el famosísimo vino de Sudáfrica. Mientras espero, observo a los chefs y jardineros que pasan del jardín al restorán con grandes canastas llenas de verduras y frutas frescas. Llevan las hierbas para las infusiones del Pousse-café, para el spa y para los baños de tina en las espectaculares habitaciones del hotel. Hoy recogieron berenjenas, manzanas, espinacas, zanahorias, remolachas y muchas peras. Las hay en tal abundancia que hasta adornan las mesas y la estructura central de Babel, hoy un detalle de diseño y antes el bebedero del establo de la hacienda. Karen Ross llega y es tal cual como la había imaginado: alta, linda, lleva un vestido negro de talle años 50 y los labios muy rojos. Karen viene del mundo editorial y ha sido editora de House and Leisure, Elle Decoration y Visi Magazines en Sudáfrica, donde es conocida por su impecable buen gusto y estilo único. Todo lo que ella y su marido querían era un jardín en un viñedo y un estudio blanco y amplio para fotógrafos y estilistas. “En Babylonstoren todo se ha ido armando como se arma una revista: página por página, hasta que todas las historias se tejen y forman una gran historia”. Después de un rato llega a la mesa la chef Simone Rossouw, quien cuenta que su principal reto ha sido pensar como un campesino, porque no todo madura a tiempo y hay que trabajar con lo que da la tierra. Ha sido una diversión encontrar mil maneras de preparar las peras, por ejemplo, que vienen a la mesa en conserva, marinadas en vino tinto, asadas en el horno de leña, en ensaladas o a punto de caramelo. El menú en Babylonstoren gira alrededor del jardín, lo que quiere decir que funciona al revés de la mayoría de los restoranes. Aquí los vegetales y frutas son lo principal y las carnes son secundarias. El menú se diseñó alrededor de los colores predominantes en frutas y verduras: zuchinnis, espinacas, uvas, peras, limonaria, pepino, hinojo, pertenecen a los verdes; tomates, berenjenas, remolachas, rábanos, peras añejadas, granadas, higos y frutillas pertenecen a los rojos; mientras en los amarillos se encuentran las zanahorias, la piña, la calabaza, el melón, el maíz, y el durazno, entre otros. El menú de los postres está organizado de acuerdo al mapa de los sabores: amargos, picantes, dulces y salados. Es una cuestión de gusto. El vino, especialmente el de la recién lanzada marca Babylonstoren, viene del viñedo de la hacienda y se prepara con toda la tradición que ha puesto a Sudáfrica en el mapa vinícola del mundo. Por eso hay que reservar en el Babel, el restorán del hotel, con tres meses de anticipación, pues es uno de los destinos gourmet más apetecidos. COMO EN LOS VIEJOS TIEMPOS La hacienda de tradición holandesa del Cabo data de 1785 y sigue todas las características del estilo de la época inspirado en las casas de campo de Holanda: paredes muy blancas de cal, techos de paja, frontones adornados y un estilo esencialmente sólido, funcional y sobre todo muy simple. Babylonstoren es una de las casas de campo mejor preservadas de la zona y ese estilo tradicional contrasta con el diseño interior que Karen Ross escogió: una selección de objetos y muebles modernos y atemporales como las hamacas de madera de los cuartos, las sillas vintage alrededor del jardín, las máscaras de fibras naturales compradas a artesanos locales y especialmente la cerámica azul y blanca, típica de los alrededores de la ciudad de Delf en los Países Bajos. Muchos de los fragmentos de esta cerámica azul y blanca están puestos en una urna a la entrada del jardín; otros forman un mosaico alrededor de algunos árboles históricos como el palosanto. Este tema también está presente en el diseño gráfico de los individuales del salón de té y por supuesto en la colección vintage de tazas y platos, todos diferentes, algunos chinos, otros holandeses y todos parte de la historia en la cual Ciudad del Cabo era parada obligada para el intercambio entre Asia y Europa. La inspiración para este gran jardín está también conectada con la Compañía Holandesa de las Indias, cuyos barcos se aprovisionaban de agua, verduras y frutas de los jardines de la Compañía en Ciudad del Cabo. El diseño estuvo a cargo del francés Patrice Taravella, quien incorporó la cuadrícula de crucifijo de los moros, que logra espacios organizados como una colcha geométrica con una que otra fuente o banca alrededor del sistema de irrigación que tiene mas de 300 años y funciona a la perfección. Al mismo tiempo, hay reflejos de los jardines de Babilonia, una de las maravillas del mundo antiguo. |