|
| |
| ED Nº 189, Enero / Febrero 2011 | |
|
Un secreto bien guardado
TEXTOS Y FOTOS MAGDALENA MONGILLO Considerado uno de los lugares más lindos del mundo y declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO, la isla Fernando de Norohna, en Brasil, es el destino perfecto para escaparse en cualquier época del año y sus playas son de las pocas de Brasil que no se han llenado de turistas. Aquí puede sentirse solo en el mundo. A pesar que Brasil ofrece una variedad de playas y destinos turísticos bastante populares, este país todavía esconde destinos poco usuales y sorprendentes por descubrir. Después de tomar un avión desde Recife e internarse una hora por el Atlántico camino a Africa, aparece la exuberante isla de Fernando de Norohna, declarada patrimonio mundial de la humanidad por la UNESCO en 2002. Es el destino ideal para parejas amantes de la naturaleza y la vida submarina, que buscan paisajes vírgenes lejos de resorts y grandes hoteles. Sin duda, uno de los secretos naturales mejor conservados de Brasil. Aterrizar en Noronha es como trasladarse a las mejores tomas de la paradisíaca isla de la serie Lost. Su exuberante vegetación combinada con playas de aguas turquesas y arenas blancas esconden sorpresas en cada uno de sus rincones. Como buzos aficionados, nos gusta averiguar por los buenos puntos de buceo, los diving highlights, sin embargo en Noronha cualquier lugar es una sorpresa. Definitivamente los expertos del buceo nunca se verán defraudados. Con operadores serios y muy profesionales, te subes a un barco camino al punto de buceo y ya en la salida del puerto se pueden ver desde la borda manadas de delfines que nadan junto al barco. Los turistas se sobresaltan y tratan de fotografiarlos, la tripulación en cambio ni se inmuta, son habitantes comunes en Noronha y no en pocas ocasiones acompañan a los buzos en sus aventuras sobre y bajo el mar. En una inmersión cualquiera es posible descubrir maravillas insospechadas. Por ejemplo, en una caverna oscura y amplia se ven rayas enterradas en la arena que miran con ojos desconfiados o te topas con un tiburón limón. Todo en un contexto de aguas cristalinas y con muy buena visibilidad, formaciones rocosas impresionantes y un sinnúmero de otros habitantes marinos que al igual que las rayas y tiburones acompañan durante el buceo. Descubrir las playas de Noronha también es toda una aventura. Para conocer la isla, la mejor idea es subirse a un buggy e ir conociendo una a una sus preciosas y recónditas playas. Por lo general están desiertas, el tiempo parece no avanzar y la gente aparece y desaparece, dejando por momentos el lugar en una soledad absoluta y donde uno tiene la sensación de ser la única persona en la tierra. Algunas de las más populares incluyen la playa de Atalaya, un acuario natural al cual sólo puede entrar un número limitado de turistas por día y donde se puede hacer snorkel. Otro clásico es la Bahía Sur, especialmente recomen-dable en las mañanas y donde abundan las tortugas que conviven tranquilamente con las personas que las visitan. Sin embargo, la verdadera belleza está en las playas más alejadas, donde se puede estacionar y caminar internándose por senderos en que la naturaleza es la única dueña y el paisaje deja sin aliento. Nuestra favorita, sin duda, es la Praia do Sancho, reconocida por algunos expertos como la playa más linda de Brasil. Tiene un acantilado con vista a una bahía de aguas turquesas y arenas blancas. En un primer minuto desconcierta, uno no entiende cómo bajar los 50 metros que separan el sendero de la playa, pero hay una escalera de bombero por la que es posible descender hasta una arena blanca y fina. Si decide meterse al mar, basta con avanzar unos metros con una máscara de snorkel para descubrir miles de peces y maravillas submarinas, incluso de vez en cuando una tortuga asoma su cabeza para respirar a solo unos pocos metros. |