Declaramos inmediatamente que lo que viene a continuación es la historia de dos viajes. Así como muchas personas antes que nosotros, decidimos recorrer norte y sur de Italia por separado y en tiempos distintos, partiendo en junio y terminando en julio. Por eficiencia y coordinación con amistades, fuimos primero a la capital y luego al punto más al norte de nuestro viaje, Milán, para bajar durante un mes hasta llegar a las playas de Sicilia.

 

El norte

Roma en Trastevere

Sí, hicimos todos los paseos típicos: Fontana di Trevi, Vaticano, Coliseo, Palatino, Panteón, Plaza España, museos con muchas estatuas, y creímos que moriríamos de calor. Junio es una época muy concurrida en Roma y las temperaturas veraniegas y la falta de sombra hacen que sea una destino desafiante para cualquier tipo de turista.

Nuestros momentos más refrescantes fueron de noche en el barrio donde alojamos: Trastevere. A partir de las 7 de la tarde los locales de comida ya están listos para recibir y sorprender con sabores increíbles. Nuestros favoritos fueron la pizzería Dar poeta, y el juvenil Bir & fud, donde bebimos cervezas artesanales italianas muy buenas. Para probar la comida local romana, fuimos a la trattoria Da Augusto, donde pedimos un increíble conejo a la cacerola y de postre un pie de piñones muy interesante.

Milano cultural

Visitar la Fondazione Prada fue sin duda uno de nuestros recorridos culturales favoritos del viaje. Un edificio moderno inserto en un barrio industrial junto a la línea del tren. Esta destilería remodelada cuenta con 19 mil metros cuadrados que alojan exposiciones temporales y permanentes, e incluyen un pintoresco café Luce decorado por el cineasta Wes Anderson.

En otro intento por escapar del calor, pasamos unas horas relajadas en los pastos del Parque Castello Sforzesco, un verdadero oasis en el centro de la ciudad, tomando helado y cerveza. Este parque, que sirve como centro deportivo para los habitantes de Milán, es también donde las cuidadoras llevan a los niños a jugar por las tardes y la juventud toma sol durante el verano. La vista al castillo es la guinda de la torta para una tarde de relajo rodeada de los espacios culturales abiertos que tiene la ciudad.

Bologna, la grassa

Nuestro favorito del norte. A las ciudades de Italia suelen ponerles sobrenombres, y Bologna tiene tres que van de la mano: la dotta (la erudita), la grassa (la gorda), la rossa (la roja). Nosotros nos quedamos, por supuesto, con la comida.

La ciudad contiene mercados y carnicerías estupendas ubicadas en pequeñas calles llenas de gente buscando donde comer. La macelleria no solamente vende la carne para llevar a la casa, también te puedes sentar en una pequeña barra y comer ahí mismo, recién cortado, amasado y aliñado. El resultado del concepto fue uno de los mejores tártaros que hemos probado, acompañado por una muy buena cerveza artesanal, algo en lo que los italianos demostraron ser capos.

Cinque Terre fuera de ruta

Después de tres horas de viaje en auto desde Milán, llegamos a un pequeño pueblo dentro de Cinque Terre llamado San Bernardino. No más de 15 casas, una iglesia y un café armaban esta manchita de pueblo sobre un cerro, con vista a las viñas y a atardeceres preciosos. Ubicado a 10 minutos de Corniglia, nos sirvió como parada de fin de semana para conocer un poco de la costa de las “cinco tierras”, en las que decidimos salirnos de ruta y visitar Bonassola por el día en vez de otras playas más pequeñas y atestadas de turistas como Vernazza o Monterroso al Mare. Además visitamos La Spezia, capital de la zona, y sus pequeños puertos aledaños, Le Grazie y Portovenere, donde vivimos la experiencia de playa y camaradería entre vecinos de un domingo por la tarde.

 

El sur

Ischia y desconexión

Esta isla pequeña frente a Nápoles está a 1 hora en ferry desde el puerto de la capital de las pizzas. Su particularidad radica en sus fuentes de aguas termales y en que al ser tan pequeña, puede ser recorrida circularmente en moto o auto en pocos minutos. De hecho su sistema de transporte público solo tiene dos sentidos: uno va a la derecha y otro a la izquierda.

Decidimos partir a esta isla porque por temporada y costos, no quisimos ir a Capri, la alternativa más glamorosa cercana a Nápoles. Nos encantó conocer este pequeño punto en el mediterráneo y poder desconectarnos en las playas de onda familiar y aguas bastante cálidas, en esta isla de agricultores y no de pescadores.

Nápoles ruidoso

Cuando llegamos a Nápoles nos sentimos en casa. Fanáticos de los puertos como Valparaíso, Buenos Aires o Lisboa, al llegar a esta ciudad sabíamos que sería entretenido. Tiene su propia onda, recorridos, calles, ídolos, olores y dinámica caótica. Hay que tener ojo para no ser atropellado por una moto, pero vale la pena el riesgo para ir por una pizza a Sorbillo. Precios asequibles para viajeros del cono sur, pero hay que llegar temprano para no estar esperando en la fila mucho rato. El servicio es rápido y cosmopolita. Fue un placer ¡por fin! haber probado la vera pizza napolitana. Otro recomendado y aprobado por turistas y estudiantes, son las frituras de sardina, anchoas y calamares, que se encuentran en la misma calle, solo unas cuadras más arriba. Eso y una cerveza arman la noche en Napoli.

Palermo callejero

Para finalizar la última semana de este recorrido mes, partimos a Sicilia con mucha ilusión. Sabíamos que la comida era épica y que el idioma era un poco diferente. Subimos a un pequeño crucero nocturno que nos llevó de Napoli al puerto de Palermo. Al llegar identificamos un ambiente sureño parecido al de Nápoles, pero con una localidad diferente. La influencia árabe es fuerte y se puede ver en los mercados de abastos, la comida y hasta el color de la piel de sus habitantes.

Palermo se caracteriza por su comida callejera y nosotros nos distinguimos por amarla. Grasa frita con limón a las 8 de la mañana es algo que puedes encontrar en el mercado Ballarò, sin mucho problema. Probamos sandwiches de interiores, pero también los dulces cannoli con pistacho y las arancini.

Nuestro punto alto fue en el mercado nocturno que se abre en el barrio de Vucciria (Piazza Caracciolo), en el que puedes pedir pescados y mariscos frescos que cocinan ahí mismo, mientras consigues una mesa de plástico donde te servirán cerveza o vino. Un lugar vivo, lleno de sabores y costumbres locales, en el que además se puede disfrutar de buenas playas, repletas de gente, a solo un viaje en micro.

Cefalú de relajo

Nuestro enfoque en esta parte de la isla fue: descanso, descanso y descanso. Así que nuestros días constaban de playa, cerveza –porque se puede beber alcohol en la playa y en las calles de Italia–, helado de pistacho, granita (granizado italiano) y comidas rápidas. Por las noches, preferíamos una comida en casa o una salida que involucrara Spritz, cerveza y antipastos.

En Sicilia bajamos el ritmo del norte y sobre todo las altas temperaturas, y disfrutamos de un ambiente relajado, provinciano, con buena comida y paisajes. Definitivamente volveremos.