En niveles

Los socios de 57Studio, Benjamín Oportot y Maurizio Angelini, proyectaron esta casa y su interiorismo. Aquí, aprovecharon los diferentes planos del terreno y buscaron una conexión entre el interior y el exterior, a cargo del paisajista Juan Grimm.

La conversación se desarrolla en torno a un dibujo, que los arquitectos Maurizio Angelini y Benjamín Oportot van rayando para explicar las etapas, volúmenes y espacios de su trabajo. La casa que proyectaron en Las Condes, tiene mucho de diseño, materialidad y arquitectura. Pero, también, se origina y está pensada desde el terreno.

Angelini y Oportot, socios y fundadores de la oficina 57Studio, se impusieron hacer una casa de un piso y su propuesta fue aceptada por los dueños. Esto derivó en una construcción extensa, de alrededor de 600 metros construidos, en un terreno de 2.500 metros.

La casa la dividieron en tres grandes espacios, que se acomodan a la pequeña pendiente del terreno: la zona común, en el nivel de acceso, los dormitorios, unos peldaños más arriba, y el área de servicio, un poco más abajo.

Esta configuración en forma de Z les permitió jugar con la relación interior-exterior. Así, la casa tiene dos patios, con distintas condiciones de asolamiento y se integra muy bien con el paisajismo, a cargo de Juan Grimm.

“Ya habíamos tenido la suerte de trabajar con Juan Grimm y nos conocemos. En este proyecto están muy bien trabajados los niveles y la arquitectura está amarrada a la arquitectura exterior”, cuenta Maurizio.

Como requerimiento los dueños pidieron usar madera en la construcción y también en el interiorismo. Los arquitectos apostaron por estructuras a la vista, un desafío técnico para ellos, y combinaron este material con otros, como hormigón y acero.

Trabajaron con soluciones técnicas tradicionales, pero a la vez novedosas, para responder a desafíos como, por ejemplo, el calor que podía producir un techo plano y liviano de madera en el interior. Una aproximación constructiva que puede considerarse un sello de su oficina, comentan. “Es estética pero detrás tiene una explicación plástica, técnica y también de morfología con el terreno”, dice Maurizio. Utilizaron pino para el exterior y cedro en el interiorismo, en algunos sectores de la casa tiñeron la madera más oscura para diferenciar una de la otra, generar contrastes.

Otra de las exigencias de los dueños de casa era que los espacios fueran holgados. Ellos tienen cuatro hijos y su idea era que la casa pudiera proyectarse para cuando estuvieran grandes, invitaran amigos y se llenara de gente. Querían una casa viva.

Por eso, los arquitectos en lo más alto del terreno hicieron un quincho, el lugar con la mejor vista de la casa. Ahí está la piscina, que tiene un borde infinito, que aprovecha la pendiente, un tema que también trabajaron en conjunto con Juan Grimm.

Todo aquí estuvo pensado, cada detalle de la arquitectura, el paisajismo, pero, también, del interior de la casa. “Siempre nos ha interesado el interiorismo. Y, en este proyecto, tuvimos la dicha de que nos encargamos de eso. Fuimos los curadores”, explica Benjamín.

Trabajaron con la decoradora Fernanda Eyzaguirre, sin embargo, la mayor parte de las decisiones de mobiliario pasaron por ellos. Por ejemplo, el bar escondido y la mampara de madera en el living son creaciones suyas. “Eso es parte de la arquitectura y también es interiorismo. La decisión de materialidad en los muros, cuándo usamos madera, cuándo no. Los pavimentos, todo es interiorismo. El diseño de los clósets. También las alfombras, los muebles, participamos en todo eso”, dice Maurizio.

Perfeccionistas, Benjamín explica que hacían fichas con cada uno de los productos y se los presentaron a los dueños como si fuera un museo, tal como se verían en el lugar. Nada se dejó al azar. Ni siquiera el tema de los árboles, la ubicación de la casa se acomodó para poder preservar los más grandes.

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