La medida del tiempo

Este año, La artista Francisca Sutil realizo una retrospectiva de 40 años de trabajo en papel en la galería Patricia Ready. Ahí se pudo ver el trabajo que realiza silenciosamente en su casa-taller, en el campo, construida por la arquitecta Olimpia Lira. En este espacio su obra se transforma en un modo de medir el paso del tiempo: una practica artística y meditativa constante en su trayectoria. “El tiempo que estoy aquí tiene que ver con la pintura misma”, dice.

 

La retrospectiva se llamó La voluntad del silencio y ocupó las dos salas de la galería Patricia Ready. El título es elocuente porque explica esa misteriosa y poderosa fuerza que atraviesa la obra de la artista Francisca Sutil. Los amplios muros blancos de la galería permitían ver a la distancia precisa los distintos momentos del trabajo en papel que ha desarrollado desde 1973. Para el catálogo de esta muestra, Francisca eligió un texto de la artista Agnes Martin porque se siente identificada: “Ella habla de que el arte surge y que hay que darle cabida a esa posibilidad”.

Sutil nunca ha pertenecido a ningún grupo artístico ni adherido a una vanguardia. El suyo es un arte que busca trascender en el tiempo: “El arte conceptual ha llevado a unas manifestaciones muy mentales, pero yo me siento más cercana a la posibilidad de dejar fluir y que haya más sorpresas, que no sea algo planificado, mental. Lo que hoy se entiende por arte conceptual siempre tiene un mensaje escondido, puede ser un mensaje social, político, de género o ecológico. Pero eso es bien lejano a lo que me interesa”.

¿Y qué es lo que te interesa?
Me interesa que aparezca algo que sea en sí mismo. Lo mío no viene de algo preciso ni impone nada. Es una situación creativa de origen misterioso y abstracto que se transforma en otra abstracción. Tanto que termina siendo algo concreto.

Esta exposición vino a complementar la muestra que hizo el año 2006 en el Museo Nacional Bellas Artes donde repasó 25 años de trabajo. Esa vez mostró sólo pintura y ahora fue el turno del papel. En la Universidad Católica, el comienzo de su vida artística, Francisca estudió grabado con Eduardo Vilches y luego continuó en el Pratt Graphic Center y luego en el Pratt Institute en Nueva York abocada al trabajo en papel.
Quiso mostrar cómo surge una artista: en el primer muro de la galería expuso trabajos inéditos rescatados de sus carpetas universitarias que en perspectiva muestran lo que más tarde vendría en su trayectoria. En ellos aparece la repetición, la transparencia, la simetría y una búsqueda de la armonía.

¿Cómo fue el proceso de selección?
Arduo. Siempre guardé carpetas y al mirarlas tuve que actuar como curadora de mi propia exposición. No acepté la posibilidad de un curador porque no tengo paciencia para explicarle a nadie 40 años de trabajo. ¿Cómo le explicas a alguien que no lo ha vivido?

Los trabajos que hizo durante la turbulenta época universitaria de los 70 en Chile están permeados del momento político pero también por la exploración de un tema que le interesaba desde siempre: la evolución del hombre. Para una de las salas de esta retrospectiva, Francisca montó los trabajos que formaron su primera exposición, en la Galería Época en 1977, tal como entonces. “La idea de la evolución se transformó en una preocupación por el crecimiento físico de las cosas. De la expansión. De los estados mentales y de conciencia de una persona”.

¿Qué te pasa al mirar estas obras hoy?
Me sorprende mucho y me emociona porque pienso que es una obra madura. Era muy joven cuando las hice. Las veo hoy día y las siento frescas, todavía comunican lo que comunicaban en ese momento. Conmueven.

Sutil nunca trabaja dos materiales simultáneamente. Cuando está abocada a hacer pintura su taller se inunda y todo se ensucia de una manera distinta. Y esta exposición mostró períodos acotados en los que se ha dedicado al papel: hay una serie de pasteles grasos sobre handmade paper de los años 80, una selección del largo período pictórico de su serie Spaces: acuarelas, óleos y tintas chinas, todas sobre papel. El suyo es un trabajo que pareciera estudiarse a sí mismo. “Existen artistas que tienen la disciplina de explorar algo durante su vida. Pero yo no estoy dispuesta a entregarme a una disciplina. El arte en algunos casos es algo intuitivo aunque existan ideas internalizadas. Lo mío es abstracción de la abstracción”.

¿De dónde vienen estas imágenes?
Aunque hay algunas pocas que son procesos de observación en la primera época la gran mayoría de los casos vienen de mí: de adentro.

PARTIR DE CERO
Cuenta que cada ocho años más o menos se cierra un campo de su exploración artística y se abre otro. El 2008 quiso partir de cero y pensó que la mejor manera de hacerlo era como en la niñez haciendo palotes. “Cuando éramos niños hacíamos estos ejercicios previos a la caligrafía: completar páginas enteras de líneas diagonales, verticales y curvas”. Así, centrada en la repetición y no tanto en el gesto, empezó a investigar distintas brochas con las que replicar este ejercicio y encontró una que podía manejar y crear una forma a partir de ese golpe de brocha muy preciso. Esos ejercicios se han transformado en su obra más reciente. Pinturas sobre papel que parecieran exceder la capacidad humana.

“Sale así porque tú te entregas, no puedo pensar en cada golpe, cada vez que apoyo el pincel. Uno se siente un poco como un instrumento que va desarrollando orgánicamente un relato”, dice. En estos trabajos más recientes coincide la repetición, la simetría y el estudio que han configurado desde el comienzo su trayectoria. “Las considero como unas escrituras de un lenguaje no decodificado”, dice Francisca.

Cuando le pregunto si trabaja con música me dice que sólo cuando lava los pinceles. “El tiempo que estoy en el taller es en silencio porque tiene que ver con la pintura misma y no me deja hacer otra cosa”. Construida por su hija, la arquitecta Olimpia Lira, la casa-taller que tiene en el campo es luminosa, amplia y está rodeada de naturaleza. Tiene un taller dentro de la casa, más íntimo, y otro donde trabaja exclusivamente las pinturas. Frente a una galería de ventanas, está su mesa de trabajo ocupando un lugar central. Ahí Francisca Sutil se enfrenta al blanco como siempre lo ha hecho en 40 años: horizontalmente. Nunca ha ocupado atril o escalera, siempre despliega el papel o el lienzo sobre la mesa. “A veces estoy muy cerca, muy encima y tengo que buscar cómo salir de estas encrucijadas y lo hago a través de la intuición y el instinto creativo”, dice contemplando sus últimas obras. Deja pasar un momento de silencio: “Son algo en sí mismo y más allá de mí”.

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