Una casa de playa, perfecta para escaparse todos los fines de semana, fácil de abrir y cerrar, linda, acogedora y relajada. Esos fueron los principios sobre los cuales se basó el arquitecto Rodrigo Cisternas para proyectar su propio lugar de descanso en Zapallar.

La casa del arquitecto Rodrigo Cisternas en Zapallar es fresca, luminosa, protegida, acogedora y muy linda. Pero todos estos adjetivos no fueron conquistados al azar, sino que tras un largo trabajo de estudio y de muchas visitas a terreno, que incluyeron mañana, tarde y noche en todas y cada una de las estaciones del año. Como buen proyecto personal, aquí hubo mucha cabeza, y sobre todo, corazón, lo que dio como resultado espacios precisos, ligeros, cómodos y perfectos para dos: un escape de Santiago que no significara trabajo extra, sino puro descanso y placer, el objetivo central de los dueños de casa.

Construida íntegramente en madera y con detalles en piedra sobre un terreno con una suave pendiente en lo alto de Zapallar Norte, fueron la vista, el manejo del sol y los resguardos necesarios contra el viento, los puntos cardinales sobre los que Rodrigo se puso a trabajar. Con estos temas resueltos, la siguiente etapa consistió en idear un lugar transparente, abierto e integrado. “Con Felipe queríamos un lugar full playero, relajado, cómodo y práctico. Era muy importante también que transmitiera buena onda y que no fuera muy grande, aunque debía incluir todo lo que nos gusta: buena cocina, varios rincones y terrazas abrigadas”, explica Rodrigo.

Bajo esta consigna, el arquitecto concentró en 100 m2 y con mucho talento, la pieza principal con chimenea incluida, además de un amplio living, comedor y cocina, estos tres espacios integrados y abiertos a un patio central, que es el corazón de la casa. “Queríamos varios lugares donde poder estar, así que proyecté distintos espacios que le dieran movimiento y versatilidad a la casa”, cuenta. Entre estas zonas de las que habla Rodrigo están el patio central, por donde además se accede a la casa, el sector de la piscina y la cuba, una terraza junto a la cocina y la parrilla, que está prendida día y noche.

Medio en broma, medio en serio, Rodrigo confiesa que, a menos que nazca o se muera alguien, se escapan de Santiago todos los fines de semana. “Por eso queríamos un lugar que fuera fácil de abrir y cerrar”, agrega. Y precisamente por eso, las dos piezas de invitados, cada una en suite, fueron programadas fuera de la casa, aunque se unen armónicamente a través del patio central. “Es una casa muy funcional, en cuya estructura central se encuentra lo justo y necesario para habitarla”, explica el arquitecto.

La decoración les resultó muy fácil y se fue armando de manera espontánea. “De partida, porque hay más ventanales que paredes, lo que transforma la vista en el principal accesorio”. Además, justo en la época en que les tocó ambientarla, la tienda Polo, donde Rodrigo trabajó durante muchos años, estaba cerrando varias de sus tiendas en Santiago y vendiendo parte de su mobiliario, el que aprovechó de comprar a muy buen precio. “Compramos lámparas, cuadros y adornos de segunda mano además de un par de cosas. La idea era lograr un look playero, bonito y suelto”.

Los 2.500 metros de terreno también fueron un tema de conversación y de profundo análisis. De hecho Rodrigo se aventuró con el paisajismo en la primera etapa, sin embargo, reconoce abiertamente que le quedó grande. Fue entonces cuando decidieron llamar al paisajista Taibi Addi, quien siguiendo el encargo de hacer un jardín limpio, con sederos para recorrerlo y con el cuidado de preservar la mayor cantidad de especies nativas existentes, proyectó un precioso jardín en tonos blancos, morados y lilas, que enmarcan y acompañan armónicamente la casa.