A la altura
POR MARIA JOSE NAZAR // PRODUCCION ISABEL PAROT // FOTOS FERNANDO GOMEZ
En la entrada de la casaMesa de arrimo de Patricia Vargas y, sobre ella, candelabros antiguos de San Telmo y antigua batea mapuche de La Decorería con cachos de alce.   Muebles patinados color verde agua en el baño principal
  En el baño de visitasMuros revestidos con rafia de la Compañía de Comercio y cuadros con mariposas. El vanitorio es de mármol y el espejo de lingue.
  En el baño principalLos muebles fueron patinados color verde agua y la tina se compró en un anticuario.
  Uno de los centros neurálgicos de esta casaBaldosas Córdova turquesa con diseños en color crema, mismo tono con que pintaron los muebles. Mesa de lingue con base de vidrio con sillas fiscales.
  Uno de los centros neurálgicos de esta casaLa mesa de lingue con cristal es de Iván Vergara, el sofá Natuzzi, la cabeza de cebra fue un regalo familiar y el librero de lingue de Iván Vergara.
  En uno de los dormitoriosRespaldos de las camas son antiguos. Los cojines son de La Cojinería, el velador es de Mandarino y las láminas de corales son de Paula Olivares.   En el escritorioLa mesa de lingue con cristal es de Iván Vergara, el sofá Natuzzi, la cabeza de cebra fue un regalo familiar y el librero de lingue de Iván Vergara.   En el escritorioLa mesa de lingue con cristal es de Iván Vergara, el sofá Natuzzi, la cabeza de cebra fue un regalo familiar y el librero de lingue de Iván Vergara reúne publicaciones leídas por su dueño, que es un gran lector.   En el escritorioLa mesa de lingue con cristal es de Iván Vergara, el sofá Natuzzi, la cabeza de cebra fue un regalo familiar y el librero de lingue de Iván Vergara reúne publicaciones leídas por su dueño, que es un gran lector.   En otro sector del livingSofá francés de seda gris de La Decorería, dos mesas de Felipe Turull y alfombra de cebra traída de un viaje.
  En el livingMesa de centro de lingue de Felipe Turull, los sofás en gamuza, los cojines de seda y los dos sillones, también de seda tostada.   Otra vista del livingBanqueta de cuero de Carlos Vergara, sofá de gamuza de La Decorería, óleo de Horacio Guzmán y lámparas con pantalla de cuero de Javier Pinochet.   Detalle de la mesa de centro del livingAhí, virgen antigua traída de la feria de San Telmo de Buenos Aires y vasijas pehuenches.   En un rincón del livingMuñeco marroquí y piedras oradas recolectadas por el dueño de casa.
  Quincho de hormigón diseñado por la dueña de casaLa lámpara de fierro francesa es de Côté Ouest y el mueble inglés es herencia familiar.   En la terrazaLa mesa es de campo antigua y los sillones son de Luis Fernando Moro con tapices listados de La Decorería.  
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En las alturas de Lo Curro, esta joven familia se enamoró de los espacios, del gran jardín, la increíble iluminación y la linda vista al cerro Manquehue de esta antigua casa. La mezcla perfecta de aires modernos y toques clásicos.
Por muy clásica, linda y perfecta que esta casa se pueda ver, tiene el gran mérito de ser totalmente vivida. Y lo pudimos comprobar durante esta entrevista, no porque su dueña nos confesara que la decoración fue pensada para que sus tres niños pudieran instalarse con gran tranquilidad, sino porque sus seis gatos y tres perros nos demostraron que es a prueba de todo. Especialmente Boris, quien nos acompañó durante toda la mañana muy instalado desde un sofá cercano.
Y es que si esta familia se caracteriza por algo, es por su fascinación por la vida al aire libre, los animales y el deporte. Los cerros siempre les han atraído, ella junto a su marido los escalan casi a nivel profesional y sus niños entrenan día a día el descenso en mountain bike. Así la decisión de cambiarse desde una casa en San Damián a ésta en pleno Lo Curro, no fue difícil. Menos considerando que ella vivió durante toda su vida en este sector junto a sus papás, por lo que el paso más lógico era volver a sus raíces.
La construcción se encuentra en un enorme terreno de seis mil metros cuadrados, y a pesar de no tener la clásica vista hacia el valle de Santiago, tiene muchísima luz natural y una impactante vista al cerro Manquehue.
La casa es perfecta para este choclón, con piezas más bien chicas y salitas de estar amplias, todo con el tamaño justo y necesario para que los niños no tengan excusas para no compartir en algunos de los espacios comunes. Además, el living y comedor son generosos para las visitas. "Somos una familia muy sociable, sobre todo los niños, que todos los días llegan con amigos después del colegio".
Los cambios que se hicieron dan la sensación de que estaban ahí desde siempre, como la remodelación de todos los baños y de la cocina. En los primeros pintaron verde agua los muebles y cambiaron los artefactos por su antigüedad. Mal que mal, la casa fue construida hace casi 20 años. Para la cocina, uno de los centros neurálgicos de la casa, y de gran importancia para esta amante de la buena mesa, se eligieron Baldosas Córdova turquesa con diseños en color crema, el mismo tono con que pintaron los muebles de pino oregón que venían con la casa. Con ellos se formó un cuadrado y en su centro instalaron la mesa de lingue con base de vidrio donde todos toman desayuno.
Una de las remodelaciones más notorias fue la construcción del espectacular escritorio de su marido, un verdadero escondite ubicado en un subterráneo. Para hacerlo, rompieron, excavaron y construyeron muros de contención. Gracias a un techo de Glasstech de cristal, hay luz natural durante toda la mañana.
La ambientación de los 900 metros cuadrados estuvo a cargo de su dueña, que es decoradora, y de María José Turull, su socia desde hace siete años y desde hace dos en la tienda La Decorería y Le Petite Provence, que abrió en Alonso de Córdova.
Lo primero que tuvieron en cuenta fue que todo fuera vivible, para nada estirada ni menos que pareciera piloto. Desde esa base, encontraron el punto medio entre los muebles clásicos heredados de la familia de su marido y un estilo más moderno, con el que ella se siente más identificada. "Con él tenemos gustos diametralmente opuestos", confiesa. Así, los antiguos escritorios y secretaires se mezclan perfectamente bien con mesas negras y doradas hechas por Felipe Turull, quien tiene a cargo el diseño de los muebles de La Decorería. Los géneros –todos traídos de Buenos Aires– son lisos y sólo en grises, beige, tostados y crudos, elegidos especialmente para neutralizar el predominante naranja de los ladrillos que hay en algunos de los muros. Igual que los pisos de madera, que fueron teñidos de un café más oscuro que el anaranjado original.
Hay una gran cantidad de piezas arqueológicas que se pueden ver por todo el lugar: lanzas y agujas antiguas, dientes de tiburones y conchas, todas patrocinadas por el dueño de casa, quien es un verdadero arqueólogo frustrado. Otra de sus pasiones, pero que sí ha podido desarrollar, es la entomología, gracias a las que hoy tiene cientos de insectos, capturados y estudiados por él. Todo este centenar de valiosas piezas llevaban años guardadas y fueron separadas, clasificadas, enmarcadas y distribuidas en rincones, baños, mesas de centro, etc. "Digo que mi casa es media hippie ya que tiene de todo un poco, es relajada, pero de todas formas se ve elegante. Además es muy divertida, porque siempre que entras está llena de niños, gatos y perros".
En cuanto al jardín, este fue aterrazado para poder sacarle mejor partido, especialmente por los niños que usan uno de los niveles como cancha de fútbol y en el que todo converge sobre la rectangular piscina. Con la ayuda de la paisajista Josefina Passalacqua, se redistribuyó todo lo que ya existía, sólo se agregaron un par de grandes magnolios, se hizo una terraza a la salida del living con adoquines bien antiguos rescatados de una demolición, un quincho de hormigón a prueba de agua y trajes de baños mojados, y se plantaron decenas de rosas de todos los colores y formas. |