Arquitectura

Esta casa sobre pilotes frente al Lago Rupanco fue pensada para recibir y compartir

En Puerto Octay, Triangular Arquitectos diseñó esta casa de vacaciones elevada sobre apoyos puntuales para responder a la pendiente y humedad del terreno. El proyecto organiza dormitorios y áreas comunes en un solo nivel abierto hacia el Lago Rupanco.

En esta casa frente al Lago Rupanco, la experiencia empieza mucho antes de entrar. Un camino baja entre árboles y humedad hasta que el terreno comienza a abrirse hacia el agua. Ahí, apenas apoyada sobre la pendiente, aparece una estructura larga y contenida que sigue la forma natural del suelo en vez de corregirla.

La casa, proyectada por Triangular Arquitectos, nace como una segunda vivienda para una familia que necesitaba algo muy específico: una casa flexible, capaz de funcionar distinto según cuánta gente la estuviera usando. La idea era que padres, hijos e invitados pudieran tener cierta independencia entre sí, sin perder la sensación de estar compartiendo una misma casa.

Por eso el proyecto organiza el programa en un solo nivel, pero dividido en dos alas independientes. Una reúne los dormitorios de padres e invitados adultos; la otra, los espacios destinados a niños y visitas jóvenes. Entre ambas aparece un núcleo común donde se concentran living, comedor y cocina, funcionando como el verdadero centro de la vida cotidiana. Esta estrategia permite que la casa pueda compartimentarse sin perder continuidad espacial ni relación entre sus distintas áreas.

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Todo el proyecto se despliega como una barra horizontal que acompaña las curvas de nivel del terreno. Pero dentro de esa línea continua empiezan a aparecer ciertos momentos más altos: el estar, el comedor, el dormitorio principal y una sala de estar secundaria emergen como volúmenes independientes con cubiertas inclinadas y grandes superficies vidriadas orientadas hacia el lago. Son esos espacios los que terminan marcando el ritmo de la casa.

Desde afuera, la secuencia de techos inclinados rompe la longitud del volumen y le da cierta escala más contenida pese a sus casi 400 m². Desde adentro, en cambio, esas alturas generan espacios más abiertos hacia el paisaje y permiten captar mejor la luz del invierno, algo clave en el clima del sur.

Gran parte de las decisiones constructivas fueron definidas por la pendiente y la humedad del terreno. En lugar de apoyar la casa directamente sobre el suelo, esta se eleva mediante apoyos puntuales que reducen la intervención sobre la topografía y permiten que el aire circule bajo su estructura.

Eso también cambia la manera en que la casa se posa en el paisaje. Más que ocupar el terreno, parece mantenerse apenas separada de él.

Entre el living y el comedor aparece uno de los espacios más importantes: una terraza intermedia con quincho cubierto que funciona como extensión natural de las áreas comunes. No es completamente interior ni exterior. Está protegida del clima, pero sigue abierta hacia el jardín y las vistas del lago.

En una casa pensada para vacaciones y reuniones familiares, ese espacio termina organizando gran parte de la vida cotidiana.

Materialmente, el proyecto trabaja desde el contraste. Los volúmenes más expuestos al clima se revisten en metal, mientras que la madera aparece en los sectores protegidos y en el interior, aportando una atmósfera más cálida y doméstica.

Más que buscar protagonismo formal, la casa construye una relación muy directa con el lugar: la pendiente, la humedad, la luz baja del sur y la presencia constante del lago terminan definiendo cómo se recorre y cómo se vive el lugar.

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