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DECORACION


ED Nº 166, Julio 2009
Tren al Sur
 
 

POR SOFIA ALDUNATE // PRODUCCION IGNACIO PEREZ-COTAPOS // FOTOS ANA MARIA LOPEZ S.

“Mesas del pellejo”

Pensado para doce personas, en este comedor se han sentado más de veinte.

Una de las pocas casas pintadas blancas de Colico

Uno de los lugares preferidos de los niños

Detalle cocina

Cocina a prueba de todo

Con todo tipo de ollas, utensilios, un horno a leña, dos refrigeradores y una gran despensa para abastecer al batallón de gente de este lugar.

Rincón cocina

Cocina a prueba de todo

Con todo tipo de ollas, utensilios, un horno a leña, dos refrigeradores y una gran despensa para abastecer al batallón de gente de este lugar.

La cocina es el centro neurálgico de este lugar

Empapelada con románticas flores, aquí es donde la dueña de casa se instala todas las mañanas y prepara los más increíbles platos.

La cocina es el centro neurálgico de este lugar

Empapelada con románticas flores, aquí es donde la dueña de casa se instala todas las mañanas y prepara los más increíbles platos.

La cocina es el centro neurálgico de este lugar

Empapelada con románticas flores, aquí es donde la dueña de casa se instala todas las mañanas y prepara los más increíbles platos.

Vista desde la entrada hacia el comedor

Aquí las paredes están engeneradas, la mesa la mandaron a hacer a un maestro en Cunco y la alacena la compraron en un viaje.

Comedor

Pensado para doce personas, en este comedor se han sentado más de veinte.

En la pieza principal

En el mueble blanco de Laura Ashley guardan parte de la ropa blanca. Tras eliminar una terraza, los dueños hicieron un pequeño escritorio en su pieza.

En la pieza principal

Un gran librero con fotos, revistas, recuerdos y libros. Arriba, el mueble blanco es de Laura Ashley y ahí guardan parte de la ropa blanca.

En la pieza principal

Un gran librero con fotos, revistas, recuerdos y libros. Arriba, el mueble blanco es de Laura Ashley y ahí guardan parte de la ropa blanca.

En la pieza principal

Un gran librero con fotos, revistas, recuerdos y libros. Arriba, el mueble blanco es de Laura Ashley y ahí guardan parte de la ropa blanca.

En la pieza principal

Un gran librero con fotos, revistas, recuerdos y libros. Arriba, el mueble blanco es de Laura Ashley y ahí guardan parte de la ropa blanca.

El gimnasio

Aperado con la última tecnología, es una parada obligada de toda la familia para mantener los kilos a raya.

Una vista hacia el lago

En el jardín

Se preparan los más ricos asados en las clásicas parrillas tipo barriles.

Una vista del jardín

En el living

Las paredes fueron cubiertas con arpillera y nunca faltan las flores que la misma dueña de casa corta del jardín.

Vista desde el comedor hacia el living

En el living

Las paredes fueron cubiertas con arpillera y nunca faltan las flores que la misma dueña de casa corta del jardín. El armario es del Parque de los Reyes y el rincón de juegos es muy demandado en las tardes.

Otra vista del living

Aquí todos los días se prende la chimenea –invierno y verano– y el cuadro, sobre ella, es de Benjamín Lira.

La pieza de juegos está en la mitad de un bosque nativo

Ideal para las tardes de lluvia

En la sala de televisión se instalan horas a ver películas.  

Con una preciosa vista al lago

Esta terraza es uno de los lugares más usados de la casa. Aquí toman desayuno y almuerzan en verano. La lámpara es de Laura Ashley.  

 
Es una de las top one del lago Colico. Preciosa, en esta casa además de pasarlo bien, sus más de 20 habitantes, descansan, disfrutan en familia y comen rico. De hecho, la cocina es uno de los lugares más importantes.

Nueve hijos, las respectivas nueras y yernos, seis nietos (el séptimo viene en camino), amigos, primos… Todos caben en esta casa en Colico y aunque son una multitud, gozan del choclón. Entre el mayor y el menor de los hermanos hay 20 años de diferencia, pero no importa, porque todos tienen su espacio. Es justo la casa que estábamos buscando, porque levanta el ánimo, se aleja de lo típico y, sobre todo, porque es una casa feliz. Suelta, relajada, de buen gusto, muy linda y sin pretensiones, aquí lo más importante es pasarlo bien.

Reemplazaron Cachagua por el sur hace más de quince años y aquí se instalan todo el verano (de enero a marzo), las dos semanas de las vacaciones de invierno y todos los meses sus dueños se escapan de un domingo a un jueves, solos y en auto, porque siempre hay algo que llevar. Es más, los dos coinciden que en algún momento este lugar se va a hundir. Aquí no hay rincón despoblado.

Grande, sin ser exagerada, y proyectada por el arquitecto Raimundo Lira, esta casa ha ido creciendo según las necesidades, aunque aseguran que ya no le agregarían ni un metro más, porque de lo contrario, no dan abasto ni el comedor, ni el living, ni la cocina, ni la psiquis de su dueña. Y es más que suficiente. Escondida entre antiguos árboles nativos y con una exquisita playa, en total hay 24 camas, un comedor en el que caben “apretaditos” el mismo número de personas (aunque se han metido más), un acogedor living con una insuperable terraza donde toman desayuno y almuerzan en verano, un gimnasio aperado con la última tecnología, una sala de televisión ideal para ver películas los días de lluvia y una de pool, donde los más jóvenes trasnochan sin molestar al resto.

Blanca por dentro y por fuera, es obvio que su dueña tiene un espontáneo talento para la decoración y se atreve. Floridos papeles murales en los dormitorios, buenos muebles pero sencillos, la mayoría del Parque de los Reyes y de anticuarios; arpillera en los muros del living; maderas nobles en los pisos; detalles como cuadros enmarcados de color verde agua que contrasta con la madera de la entrada, floreros llenos de hortensias que ella misma corta cada cuatro días, la chimenea siempre prendida (invierno y verano) y un jardín –otra de sus debilidades– que crece cuarta por noche, son algunas de las razones que la convierten en una de las casa más lindas del lago.

Tenis, volleyball, pool, vela, lancha, esquí acuático, películas, juegos de cartas, caminatas, libros, aquí hay para todos los gustos, pero ninguno de los anteriores es el favorito de la dueña de casa. Para ella, su rincón y pasión está en la cocina. Aquí se pasa toda la mañana “y por placer, no por deber”, precisa. Claro está que por mucho que le guste, también hay un tema práctico: es ella quien organiza todo para que este buque no colapse. Y la tarea no es menor, considerando –a modo de ejemplo– que mientras los más chicos almuerzan, los veinteañeros están tomando desayuno y que mínimo hay siempre 20 personas sentadas a almorzar y a comer.

Pero ella no se complica. Eso sí, puso sus condiciones: la cocina tiene la mejor vista de la casa y mientras bate mira el lago y el muelle lleno de movimiento; no falta ni una sola máquina –las tiene todas y de las buenas–, incluido un horno a leña que adora aunque le ganó la pelea. “Tuve que ayudarme con el convencional porque mantener el calor parejo es realmente un arte”. Además tiene una salita por donde circulan los nietos mientras ella afana, muchos libros del tema, preciosas ollas, dos refrigeradores y una buena despensa que ella abastece cada 15 días gracias a sus viajes a Temuco.

Es unánime que esta mujer cocina como los dioses y gracias a que es “de tierra y no de agua”, como dice, tiene tiempo para preparar los banquetes más increíbles, partiendo por los aperitivos, los panes, los insuperables platos de fondo y los postres. Aunque el lago y toda la infraestructura deportiva de esta casa ayuda, todos saben que después de las vacaciones –de invierno y verano– van a sumar tres o cuatro kilos. “¡Pero qué importa si se preparan todo el año para esto”, comenta la culpable. 

 

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