En el sector de El Arrayán, en el valle donde nace el río Mapocho y frente a los faldeos de la Cordillera de los Andes, se levanta Casa Cabañón. La vivienda se ubica en un territorio de montaña, próximo al cerro El Plomo y en la ladera opuesta al camino de Farellones, en un paisaje marcado por pendientes, roca, silencio y una relación directa con el entorno natural.
El proyecto nace como un autoencargo del arquitecto Juan Pablo Corvalán: la voluntad de construir una vivienda compacta de montaña que recuperara la condición de refugio. La idea central fue optimizar cada metro cuadrado y trabajar con estructuras livianas, capaces de subir por el cerro a través de un acceso complejo, donde los materiales debían transportarse por una escalera angosta de tierra y piedra. Esa dificultad constructiva terminó siendo una de las decisiones que más influyó en la forma y en la materialidad de la casa.
La inspiración proviene de una lectura contemporánea de los refugios de montaña y de los asentamientos primitivos: construcciones definidas por una gran cubierta y un núcleo central asociado al fuego y al agua. Casa Cabañón retoma esa lógica esencial y la adapta a las exigencias actuales, donde los espacios domésticos son también lugares de trabajo, creación y permanencia cotidiana.
En un territorio sísmico, la forma de la vivienda se resuelve como un gran cascarón estructural. Una envolvente de doble curvatura se apoya sobre una viga y un pilar, configurando un volumen compacto y resistente. La construcción se emplaza sobre una pendiente ya intervenida, reutilizando un antiguo aterrazado y un muro de contención pétreo existente, evitando modificar el lugar.
El acceso restringido determinó un sistema constructivo en seco, reduciendo al mínimo el uso de cemento. Se recurrió a piedras del lugar y a distintos formatos de madera —reciclada, tratada, en paneles y laminada— que permitieron un montaje preciso y transportable. La casa fue aislada tanto para la nieve como para el calor propio de la montaña, respondiendo a las condiciones climáticas del entorno.
Las ventanas se orientaron estratégicamente para captar la mayor cantidad de luz posible, considerando la salida tardía del sol, y para enmarcar el paisaje nativo. Al mismo tiempo, se cuidó el control visual hacia las construcciones cercanas, privilegiando vistas largas y abriendo el acceso a terrazas laterales que extienden el espacio habitable hacia el exterior.


La distribución interior se organiza en torno a un núcleo de servicios compuesto por dos baños superpuestos. A su alrededor, y dentro de un único volumen compacto de 80 m², se despliegan los distintos recintos —dormitorios, living, comedor-cocina y estudio— mediante medios niveles horizontales tipo split level. Esta estrategia permite que cada espacio cuente con vistas y ventilación natural, generando una continuidad espacial sin perder independencia funcional.
Casa Cabañón es la primera vivienda de sus habitantes, un lugar donde se combina la vida urbana con una residencia profundamente vinculada a la naturaleza. El proyecto da cuenta de una transformación en la manera de habitar la ciudad y su periferia, proponiendo una ocupación de baja huella y mínimo impacto en el entorno.


La nueva espacialidad doméstica logra conciliar el teletrabajo, el homestudio y la vida cotidiana con una conexión casi primaria al territorio, evocando las primeras construcciones de pueblos originarios. Durante una visita al lugar, el arquitecto japonés Yoshiharu Tsukamoto describió la casa como “el barco invertido, la primera vivienda”, una imagen que resume con precisión la forma, la estructura y el espíritu de este refugio de montaña.




