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Smiljan Radić gana el Premio Pritzker 2026: Chile vuelve a la cumbre de la arquitectura mundial

Desde el Serpentine Pavilion de Londres hasta el Teatro Regional del Biobío, su obra ha redefinido cómo la arquitectura chilena dialoga con el mundo.

La arquitectura chilena vuelve a hacer historia. Este jueves se anunció que Smiljan Radić Clarke es el ganador del Premio Pritzker 2026, el reconocimiento más importante de la disciplina a nivel mundial. Con ello, Radić se convierte en el segundo chileno en recibir el galardón, diez años después de Alejandro Aravena, consolidando la proyección global que ha alcanzado la arquitectura chilena en las últimas décadas.

El anuncio fue realizado durante la mañana por la fundación que entrega el premio, y rápidamente comenzó a circular en medios internacionales y, por supuesto, en todos los portales de noticia chilenos. En su declaración oficial, el jurado destacó una obra marcada por la experimentación material, la sensibilidad hacia el contexto y una arquitectura capaz de generar espacios profundamente protectores y emotivos, incluso cuando sus estructuras parecen frágiles o temporales.

“A través de una obra que se sitúa en la encrucijada de la incertidumbre, la experimentación material y la memoria cultural, Smiljan Radić prioriza la fragilidad sobre cualquier pretensión infundada de certeza. Sus edificios parecen temporales, inestables o deliberadamente inacabados —casi a punto de desaparecer—, pero ofrecen un refugio estructurado, optimista y discretamente alegre, abrazando la vulnerabilidad como una condición intrínseca de la experiencia vivida”, declaró el jurado.

Radić, nacido en Santiago en 1965, estudió arquitectura en la Pontificia Universidad Católica de Chile, titulándose en 1989. Posteriormente realizó estudios en el Istituto Universitario di Architettura di Venezia, experiencia que ampliaría su mirada sobre la relación entre arquitectura, historia y paisaje. Tras varios años de viajes e investigación, fundó su oficina en Santiago en 1995, desde donde ha desarrollado una práctica deliberadamente acotada en escala, pero con una influencia creciente en la arquitectura contemporánea.

Casa Pite. Foto: Cristóbal Palma

A lo largo de tres décadas, Radić ha construido una obra difícil de encasillar dentro de un lenguaje único. Sus proyectos se plantean como investigaciones específicas sobre el lugar, la materia y la experiencia espacial. En ellos conviven con frecuencia materiales industriales y procesos artesanales, así como una tensión constante entre lo natural y lo artificial, lo primitivo y lo contemporáneo.

Entre sus obras más conocidas se encuentra el Serpentine Gallery Pavilion de Londres (2014), una estructura translúcida apoyada sobre grandes rocas que consolidó su proyección internacional. También destacan el Teatro Regional del Biobío, inaugurado en Concepción en 2018; la Casa Pite en Papudo, una de las viviendas más influyentes de la arquitectura chilena reciente; el Restaurant Mestizo en Santiago, ubicado en el Parque Bicentenario; el Centro de Artes NAVE y la intervención subterránea del Museo Chileno de Arte Precolombino.

Serpentine Gallery Pavilion de Londres. Foto: Cristóbal Palma

Teatro Regional del Biobío. Foto: Wan Baan

En cada uno de estos proyectos —que han sido ampliamente publicados por ED— la arquitectura aparece menos como un objeto cerrado que como una estructura abierta a la experiencia, donde la materialidad, el clima y el paisaje participan activamente en la construcción del espacio.

Tras conocerse el reconocimiento, Radić reflexionó sobre el rol de la arquitectura en un mundo atravesado por múltiples tensiones. “Entre tensiones físicas, temporales y sociales, los arquitectos tratamos de crear experiencias y emociones que animen a las personas a reconsiderar el mundo”, señaló.

Guatero. Foto cortesía Smiljan Radić

 

Guatero. Foto cortesía Smiljan Radić

El Premio Pritzker, creado en 1979 por la familia Pritzker a través de la Hyatt Foundation, es considerado el máximo reconocimiento de la arquitectura contemporánea. Cada año distingue a un arquitecto vivo por el conjunto de su obra y su contribución al entorno construido.

Con la elección de Radić, el premio vuelve a Chile una década después del reconocimiento a Alejandro Aravena. Pero más allá del dato histórico, el anuncio confirma algo que el mundo de la arquitectura venía observando desde hace tiempo: que la obra de Smiljan Radić, desarrollada desde una práctica independiente y profundamente ligada al territorio, ha logrado ampliar las posibilidades de lo que la arquitectura contemporánea puede ser.

Centro de Artes NAVE. Foto: Cristóbal Palma

“En cada obra, es capaz de responder con una originalidad radical, haciendo obvio lo que no es obvio. Recurre a los fundamentos más irreductibles de la arquitectura, explorando al mismo tiempo límites aún inexplorados. Desarrollado en un contexto de circunstancias implacables, desde los confines del mundo, con un estudio de tan solo unos pocos colaboradores, es capaz de llevarnos a la esencia misma del entorno construido y de la condición humana«, afirmó Aravena, presidente del jurado desde 2021.

En un escenario global muchas veces dominado por la espectacularidad y las grandes escalas, el trabajo de Radić ha insistido en otra dirección: una arquitectura que se permite la duda, que explora la fragilidad y que encuentra en el paisaje y en la experiencia humana su principal materia de trabajo. Que el Pritzker reconozca hoy esa trayectoria no solo celebra la obra de un arquitecto singular, sino también la capacidad de una arquitectura hecha desde el extremo sur del mundo para influir en la conversación global de la disciplina.

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