Praga, la ciudad perfecta para disfrutar en otoño.

Viajes

Praga, la ciudad donde siglos de historia se encuentran con el diseño, la gastronomía y la vida contemporánea

Una escapada para descubrir la capital checa a través de su arquitectura, sus hoteles, sus cafés, sus restaurantes y una escena creativa que mira hacia el futuro.

Praga es una de las capitales europeas más majestuosas y ricas en historia. Conocida como la Ciudad Dorada y también como la ciudad de las cien torres, la capital checa despliega a orillas del Moldava un patrimonio arquitectónico excepcional, donde conviven iglesias góticas, palacios barrocos, edificios modernistas y singulares ejemplos de cubismo. Su centro histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, invita a recorrerla sin prisa, pasando de una época a otra en apenas unas calles.

Pero Praga no vive únicamente de su pasado. A esa extraordinaria herencia se suma una nueva generación de hoteles, restaurantes, cafés, galerías y espacios de diseño que han dado a la ciudad una dimensión contemporánea. El resultado es un destino que puede disfrutarse a diferentes ritmos y que, ya sea en solitario, entre amigas, en familia o en una escapada madre e hija, siempre encuentra una nueva forma de sorprender.

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A UN LADO DEL RÍO MOLDAVA: CASTILLOS, JARDINES Y PALACIOS 

Para comenzar a descubrir Praga hay que cruzar el Moldava y ascender hacia Hradčany, el distrito que rodea el Castillo de Praga. Más que un único edificio, el castillo es un enorme conjunto arquitectónico que comenzó a formarse en el siglo IX y que durante más de mil años ha sido sede de reyes de Bohemia y, posteriormente, de los presidentes checos. En su interior se encuentran algunos de los grandes símbolos de la ciudad, entre ellos la Catedral de San Vito, el Antiguo Palacio Real, la Basílica de San Jorge y el pintoresco Callejón del Oro. 

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Desde allí, el recorrido desciende hacia Malá Strana, uno de los barrios más encantadores de Praga. Sus calles empedradas, palacios, jardines y fachadas barrocas conservan una atmósfera especialmente tranquila, pese a encontrarse a pocos minutos de algunos de los grandes monumentos de la capital. Entre sus rincones destaca el Palacio y los Jardines Wallenstein, un elegante conjunto barroco del siglo XVII en el que fuentes, esculturas, parterres geométricos y una singular pared de estalactitas artificiales construyen uno de los jardines más sorprendentes de la ciudad.

AL OTRO LADO DEL RÍO: LA CIUDAD VIEJA, EL BARRIO JUDÍO Y LA CIUDAD NUEVA 

Cruzar el Puente de Carlos es adentrarse en otra de las caras de Praga. Construido a partir de 1357 durante el reinado de Carlos IV, este histórico paso sobre el Moldava conecta Malá Strana con la Ciudad Vieja y ofrece, a ambos lados, algunas de las vistas más reconocibles de la capital. Sus torres y las esculturas barrocas que lo flanquean acompañan el paseo hasta desembocar en una de las zonas con mayor concentración de patrimonio de la ciudad.

A pocos pasos del puente aparece el Clementinum, uno de los grandes conjuntos arquitectónicos de la Praga histórica. El antiguo complejo jesuita alberga una espectacular Biblioteca Barroca, considerada una de las más bellas de Europa, con frescos, estanterías históricas y una colección de globos terráqueos que evocan el vínculo entre conocimiento, ciencia y religión que marcó su historia. El conjunto incluye también la Torre Astronómica, desde cuya terraza se obtiene una de las panorámicas más especiales de la Ciudad Vieja.

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Desde aquí, las calles conducen hasta la Plaza de la Ciudad Vieja, el gran corazón de Staré Město. El Reloj Astronómico, instalado en 1410, ocupa la fachada del antiguo Ayuntamiento y continúa siendo uno de los grandes símbolos de Praga. Frente a él, las torres góticas de la Iglesia de Nuestra Señora de Týn dominan el perfil de la plaza, rodeada de edificios de diferentes épocas que muestran, en pocos metros, la extraordinaria diversidad arquitectónica de la ciudad.

El recorrido continúa hacia Josefov, el antiguo Barrio Judío, donde las sinagogas históricas y el Antiguo Cementerio Judío conservan la memoria de una de las comunidades más importantes de la historia de Praga. Es una zona que invita a detenerse y conocer una parte esencial del pasado de la ciudad antes de continuar hacia Nové Město, la Ciudad Nueva, fundada por Carlos IV en 1348.

A LA MESA: LOS SABORES MÁS TRADICIONALES DE PRAGA 

La gastronomía es otra forma de acercarse a la historia de Praga. La cocina tradicional checa se construye alrededor de recetas contundentes, carnes, salsas, verduras de temporada y los clásicos knedlíky, acompañamientos elaborados a base de masa que aparecen en numerosos platos locales. La cerveza, por supuesto, ocupa también un lugar esencial en la cultura gastronómica del país.

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Pero la escena culinaria de Praga ha cambiado y hoy conviven las tabernas tradicionales con una nueva generación de restaurantes que reinterpretan el recetario checo desde una mirada contemporánea. La ciudad ofrece desde establecimientos dedicados a recuperar sabores locales hasta propuestas gastronómicas más sofisticadas, cocina internacional y restaurantes que trabajan con producto de temporada.

También merece la pena descubrir Praga a través de sus cafés y pastelerías. La cultura del café forma parte de la identidad de la ciudad y se manifiesta tanto en históricos establecimientos como en nuevas cafeterías de especialidad. Sentarse ante un café, probar una pieza de repostería o detenerse a comer después de una mañana recorriendo sus calles es parte de ese ritmo pausado que permite disfrutar de la capital checa más allá de sus monumentos.

UN HOTEL CON SIGLOS DE HISTORIA 

Frente al Moldava y a pocos pasos del Puente de Carlos, Four Seasons Hotel Prague reúne cuatro edificios de diferentes épocas: una construcción barroca, un edificio clásico, otro de estilo renacentista y una estructura contemporánea. El resultado es un conjunto singular que permite experimentar, bajo un mismo techo, algunos de los diferentes lenguajes arquitectónicos que han dado forma a la ciudad.

En el interior, los elementos históricos conviven con una estética contemporánea y detalles que rinden homenaje a la tradición checa, como las piezas de cristal de Bohemia. Su privilegiada ubicación permite además contemplar desde diferentes espacios del hotel algunos de los grandes iconos de Praga, con el Puente de Carlos y el Castillo como protagonistas del paisaje.

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La propuesta gastronómica suma nuevas perspectivas a la experiencia. CottoCrudo apuesta por una cocina italiana contemporánea, mientras que MIRU, situado en la terraza de la azotea, lleva la cocina japonesa a uno de los puntos más privilegiados del hotel durante los meses de verano, con vistas panorámicas sobre el Castillo y el Moldava. A ello se suma AVA Spa, inspirado en las tradiciones termales checas, que completa una experiencia en la que el hotel se convierte en mucho más que un lugar donde dormir.

Y quizá esa sea una de las mejores maneras de entender Praga: una ciudad en la que el pasado no permanece congelado, sino que continúa formando parte de la vida cotidiana. Una capital para caminar, observar, comer bien y descubrir cómo siglos de historia pueden convivir, de manera natural, con el diseño y la vida contemporánea.

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