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5 locales nuevos en Santiago: un bar, un club, una fuente de soda y más para probar

Un bar de barrio en Providencia con precios para repetir, un club inspirado en la Divina Comedia, una fuente de soda en Ñuñoa, un kiosco de pastelería y un nuevo capítulo de la familia Lautaro: las aperturas que se suman a la oferta de la ciudad.

Santiago sigue sumando direcciones para salir a comer y a beber. Esta vez hay un bar de barrio con coctelería clásica a precios para repetir, un club social de cuatro pisos pensado para extender la noche, una fuente de soda donde el completo manda y un kiosco de pastelería para comprar al paso. A eso se suma un nuevo restaurante de la familia Lautaro, que abre en noviembre. Cinco aperturas para anotar en la agenda.

Bar Keller, para ir más de una vez

Sillones de terciopelo, espejos, azulejos y murales de Camilo son parte de la estética de este bar que abrió en una casona que tiene el sello de Kulczewski, en la esquina de Manuel Montt con calle Keller. Acá, el interiorismo a cargo de Andrés Blanco y Pablo Guzmán, los mismos detrás de la tienda Larry en MUT, y se nota. Al fondo del salón, destaca el bar, con barra y espacio para disfrutarla. Lo que manda es la coctelería clásica, una que, si bien contó con la asesoría de Sebastián Saavedra, bartender conocido en la industria, no exige jefe de barra. “Todavía estamos en periodo de prueba, pero apostamos a nuestros bartenders”, cuenta Cristian Peña, quien comanda el proyecto y es también dueño de Fornaio, el local italiano con sello artesanal que tiene su sede principal en la calle Andacollo.

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Se trata de un bar de barrio con precios que permiten repetir: la Piscola, por ejemplo, va desde los $ 4.500 hasta los $ 8.900, dependiendo del pisco. En el último caso es Waqar, premium, de la Pisquera Tulahuén, con 170 años de tradición, en Coquimbo.

Si bien en la carta hay alternativas de platos de fondo, como los Ñoquis con morcilla ($ 10.900) o el Lomo Keller ($ 14.900), a la plancha y sobre papas nativas, lo que prima son las opciones para picar. “La idea es compartir, probar”, cuenta Cristian Peña. Como el Pollo Crocor del Barrio ($ 9.500) al estilo coreano, con un toque de chancaca y levemente picante, con rábanos encurtidos y papas; o las empanadas fritas ($ 7.500 las cuatro), entre las que se puede elegir de chanchito ahumado, de cochayuyo con queso o de estofado de osobuco, por ejemplo. Además del Tiradito ($ 11.900), de la pesca del día, y los Pejerreyes Dulce Jazmín ($ 11.500), con aceite de mandarina y mayo picante.

Instagram: @barkeller.cl
Manuel Montt 925, Providencia


Carloto, que viva la noche

A simple vista, este local luce como una típica casona del barrio Italia. Claro que, una vez dentro, la cosa cambia. Eso, porque Carloto es mucho más que un restaurante: se trata de un club social que, inspirado en la Divina Comedia, cuenta con cuatro pisos y el diseño de Grisanti & Cussen detrás. Una apuesta con capacidad para 400 personas, en la que cada espacio cuenta una historia: Terra, Purgatorio, Paradiso e Inferno. De hecho, uno de los dueños es Juan Carlos Velásquez, el mismo detrás de lugares como Club Chocolate y Club Amanda. Un ambicioso proyecto que todavía no termina de tomar forma, eso porque la apuesta es colosal: espacio para bandas en vivo, baile e incluso stand-up. Más la promesa de un horario extendido que permite desde el cafecito matutino hasta el último brindis.

Por lo mismo, si bien funciona, la cocina aún busca su esencia: hay desde opciones para picar, como la tortilla española ($ 9.900) o pejerreyes ($ 12.900) rebozados en salsa tártara, hasta platos de fondo, como Asado de tira braseado ($ 21.900) con ñoquis y setas o Salmón grillado ($ 17.900) con puré de arvejas y menta. Lo que se luce son sus barras, a cargo de José Rojas, quien trabajó en lugares como Boragó y Prima Bar. Aquí, su toque se nota en detalles como el vermú artesanal y cócteles de autor como “Toma mis alas” ($ 7.500), a base de pisco, cordial de polen y lavanda, jugo de limón y perfume de jazmín.

Instagram: @carloto_oficial
Av. Italia 1402


La Predilecta, el sabor de siempre bien hecho

“No se trata de inventar la rueda, sino de hacerlo bien”, cuenta Raúl Yáñez, uno de los socios detrás de esta fuente de soda que abrió el 1 de octubre en una casona de 1930 que lleva la firma de Luciano Kulczewski, en Ñuñoa.

El resultado es un local que abre todos los días, con amplios salones, terraza y detalles propios de una fuente de soda, como los característicos envases de mostaza y ají, tazas enlozadas donde se sirve té y chocolate caliente, o la tetera roja, también enlozada, en la que cuelga la bolsita de té Supremo. Sabores de toda la vida, que parten a las 9 a. m. con pailas de huevo y pancito desde los $ 3.500, además de la clásica variedad de sánguches, como los completos que parten desde los $ 3.000, hechos con el insuperable pan de Las Rosas Chicas.

Además de churrascos, arrollados huaso, lomitos, mote con huesillos y sopaipillas. Más platos a la hora de almuerzo ($ 8.900), que pueden ser prietas, longanizas o chuletas, por ejemplo, más acompañamiento: puré rústico, arroz o ensalada chilena. Ojo que durante octubre y noviembre este menú de almuerzo es gratis para los mayores de 65 años que vivan en Ñuñoa.

Instagram: @lapredilecta1930
Los 3 Antonios 397, Ñuñoa


Mirlo al paso

Si eres un fanático de esa maravillosa combinación de pastelería artesanal, masas, brioche y fruta de estación que es parte del sello de Mirlo, el local familiar que abrió en 2019 en Eliodoro Yáñez, entonces este local al paso es un imperdible. Eso porque acaba de abrir un pequeño espacio para comprar al paso, en el piso -2 de MUT, donde encuentras parte de la oferta que lo caracteriza y más. Dobladitas ($ 600), galletón de triple chocolate ($ 3.000), brioche de arándanos ($ 3.500), nudo de café y cardamomo ($ 3.500) o una imperdible danesa de chocolate y avellanas ($ 5.500) son parte de lo que encuentras en sus vitrinas y que, ojo, va cambiando junto con la temporada.

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Instagram: @mirlo_scl
MUT -2 (para llevar)

Nina Lautaro, se extiende la famiglia

El 18 de noviembre abre en Vitacura 3841, esquina con Paseo El Mañío, Nina Lautaro. Local que, de la mano de Matías Arteaga, sigue la historia de Toni Lautaro en MUT y Gino Lautaro en barrio Italia. Claro que con características propias. “Cucina della Libertà” es su hashtag. La historia gira en torno a Nina, personaje ficticio y la más atrevida de la Famiglia Lautaro, la que, si bien continúa con una propuesta italichilena que caracteriza a estos locales, brilla con colores propios, más libre, lo que se traduce en un local que abrirá durante todo el día, desde el desayuno hasta la noche. “Un espacio que cambia de ritmo durante el día, entre cafés, almuerzos, aperitivos y largas sobremesas”, cuenta Matías Arteaga. El proyecto de arquitectura está a cargo de Emu Arquitectos, y la dirección de arte, de Carolina del Piano.

Y en términos de cocina, la propuesta estará puesta en opciones frescas, platos generosos y de temporada. “La ambición de ofrecer algunas de las mejores ensaladas de Santiago, el mundo vegetal tendrá especial protagonismo, con tartas y gazpachos de temporada”, dice Matías Arteaga.

Además de pastas frescas, que siguen la tradición italiana pero con producto chileno, como los tortellini de jaiba con bisque y mantequilla de limón, y los girasoles de alcachofa con mantequilla de albahaca. También habrá espacio para las pizzas, de masa fina, crocante y más ligera, y un gran mostrador de bollería hecha en casa, brioches, tartas de estación y postres golosos, para tentarse y compartir.

Instagram: @ninalautaro
Vitacura 3841, Paseo El Mañío, Santiago.

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