En el borde de un acantilado de diez metros sobre el Pacífico, en Punta Huesos, Los Vilos, la naturaleza puso las condiciones y la arquitectura decidió obedecerlas. Casa Jardinera, diseñada por LOTE STUDIO, nace de una constatación que reorientó el proyecto desde su origen: la mayor riqueza del terreno no eran las vistas al océano, sino el ecosistema vivo que crecía sobre él. El paisaje de este rincón de la Región de Coquimbo se configura a partir de pequeñas mesetas que rematan en acantilados y una vegetación nativa que coloniza el suelo con una lógica propia, ajena a cualquier voluntad constructiva. Y cuando los arquitectos Juan Pablo Gutiérrez e Ignacio Ferreira visitaron el sitio por primera vez, les quedó claro que el proyecto tendría que partir de ahí.
La presencia de especies nativas protegidas, en lugar de ser un obstáculo, se convirtió en el punto de partida. La decisión fue construir alrededor del paisaje, y así fue como surgió el gran jardín central que da nombre a la casa y desde el cual se articula todo lo demás: un vacío que organiza el programa y al mismo tiempo estructura las circulaciones, aporta privacidad y actúa como corazón habitable del proyecto. No es un jardín decorativo ni un patio de servicio; es el origen desde el cual el proyecto cobra sentido.
En lugar de construir una casa grande y compacta, LOTE STUDIO eligió dividirla en tres partes separadas que se distribuyen por el terreno siguiendo su forma natural. El resultado es una casa que aparece en el paisaje con discreción, y baja, casi pegada al suelo, sin interrumpir la línea donde la tierra se acaba y empieza el mar.
Las tres partes se conectan a través de una terraza cubierta que termina siendo el lugar más habitado de la casa. Su techo está formado por grandes vigas de madera que cubren el espacio sin columnas que interrumpan las vistas, y sobre ellas reposa un tejido de varas naturales que tamiza la luz y dibuja sombras distintas según la hora del día. La terraza protege del viento y del sol, pero nunca cierra del todo: siempre hay algo del jardín, de la tarde o del mar que se cuela.
La distribución es sencilla. Una de las partes reúne la cocina, el comedor y el living; las otras dos tienen los dormitorios, separando los de los niños del dormitorio principal y los de visita. Pero ningún espacio se siente encerrado. Siempre hay una ventana grande, un patio, una terraza que recuerda que afuera existe el jardín y, más allá, el mar.


Los materiales completan esa idea. Las paredes están revestidas en barro, lo que les da una textura cálida y un color que se confunde con la tierra del lugar. La madera, teñida en tonos claros, aparece en la estructura y en los techos. Todo junto —los colores, las texturas, la escala— hace que la casa no llame demasiado la atención sobre sí misma, sino que se mimetice con el paisaje. Y eso es exactamente lo que se buscaba.


Lo que LOTE STUDIO propuso, en el fondo, es que la naturaleza sea parte del día a día: que esté presente mientras se cocina, mientras los niños juegan, mientras se toma un café mirando el mar.
Casa Jardinera es segunda vivienda, y en esa condición de retiro late algo esencial a su propuesta. La decoración, a cargo de Teresita Gutiérrez y Jacinta Ossa de Gutiérrez Ossa Interiorismo, completa una experiencia donde cada decisión apunta en la misma dirección: habitar el paisaje sin desplazarlo, recorrerlo sin alterarlo, contemplarlo sin que se convierta jamás en simple telón de fondo.
Web: lote-studio.com | Instagram: @lotestudio










