Los antiguos galpones de guarda del sur de Chile son su referente; la síntesis, eficiencia y simpleza, su sello; y el color, la luz y la naturaleza conmovedora de nuestro sur, su inspiración. La obra de la arquitecta Andrea von Chrismar ha dejado rastro en Puerto Varas y sus alrededores, ciudad que eligió para establecerse y cumplir sus sueños.

 

 

 

 

Tentada por la conmovedora naturaleza y luz del sur de Chile, sus lagos, volcanes, ríos, arcoíris, cielos iluminados y lluvias torrenciales, Andrea Von Chrismar decidió dejar Santiago –lugar donde nació, creció y estudió– y partir a reescribir su historia personal y profesional a Puerto Varas. Tenía entonces 36 años, mucha voluntad, avidez de trabajo y afán de aprendizaje y vértigo. Desde entonces han pasado seis años y esta arquitecta egresada de la Universidad Católica, asegura que a la capital no vuelve. “Así de buena fue la decisión”, afirma.

Y es que la experiencia ha sido fructífera. En los últimos cinco años ha diseñado más de 30 proyectos, construido 25 y armado su propia Casa Taller, la que no sólo fue su primera obra en el sur, sino también, el primer sueño cumplido: vivir en un espacio tipo galpón de guarda propio del sur de Chile. Su presencia en la memoria colectiva, sus techos de dos aguas, grandes volúmenes, materialidad, simpleza y lógica estructural la inspiran, a tal punto, que gran parte de su trabajo tiene su origen en ellos.

Sin antecedentes en la familia, su decisión de hacer carrera como arquitecta fue sin influencias y movida por una curiosidad innata e intuitiva por el espacio, las estructuras y el diseño. En la escuela de Lo Contador supo del énfasis por la observación y la importancia de una postura crítica, ambos conceptos que selló con la enseñanza de Alejandro Aravena, profesor que les inculcó el mirar y desde ahí, separar lo accesorio de lo fundamental. Quizá de ahí su fascinación con Puerto Varas, donde lo bueno está en la “escasez”, como ella asegura, que aleja el consumismo, las necesidades inventadas y lo accesorio.

Los antiguos galpones de guarda típicos del sur son tu referente y tu base creativa. ¿Cuáles son las características que te inspiran?

Principalmente su identidad local, su simpleza estructural y el uso de la madera y mano de obra calificada de la zona. Los galpones de guarda son una especie de oda a la madera nativa. La expresión de este material en estos enormes volúmenes permite que se sumen al paisaje, porque se pertenecen.

¿Y cómo se refleja en tu obra?

A través de su eficiencia. Su forma de crecer en el ancho, agregando hileras de pilares paralelos, corresponde a una planta libre, que se adapta muy bien a los requerimientos contemporáneos programáticos, donde la vida necesita de espacios flexibles e integrados. Me interesa rescatar la eficiencia técnica y programática que propone esta solución estructural.

También la simpleza y la síntesis son tus máximas. ¿Cómo conquistas ambos valores?

Los dos tienen su raíz en la escasez, en el sentido de trabajar con lo justo y necesario, lo que te obliga a ser creativo. Por otro lado, la síntesis tiene que ver con el control del espacio y distribución y en ambos casos se trata de un problema de diseño para que no falte ni sobre nada.

¿Cómo interactúas con tus clientes?

El requerimiento del encargo es para mí uno de los puntos de partida en el diseño.

Yo ya tengo una línea editorial, por lo tanto, en general me buscan porque les gusta lo que hago. Eso me permite diseñar más tranquila y tomarme ciertas libertades, siempre tratando de interpretarlos de la manera más aguda posible para cumplir con sus expectativas como usuarios y las mías como arquitecto. Es su casa y es mi obra.

¿Qué te mueve además de los galpones?

Tres cosas que van de la mano: diseñar para diferentes formas de vida; el carácter del lugar, encabezado por la luz, la topografía y el paisaje y, finalmente, los materiales y su expresión. 

La construcción con madera reciclada es otro tema que te tiene muy motivada. ¿Por qué?

He construido seis proyectos en madera reciclada y es un trabajo muy atractivo, sobre todo el proceso constructivo, porque es una especie de artesanía. Hay que seleccionar las piezas, cubicarlas, distribuir desde lo que hay hacia lo que se necesita e improvisar en el camino. La madera que uso viene de la demolición de antiguas casas alemanas o galpones; hoy en día madera muy escasa porque es lo que va quedando. Es un lujo poder trabajar con ellas. 

¿En general partes tus proyectos basada en el material disponible o en el diseño?

Si empiezas por el diseño, el tema es conseguir el material, si partes por el material, tienes que ajustarte a lo que hay, lo que significa un pie forzado extra. En general yo busco lo que necesito en base a un proyecto predeterminado. Y digo pie forzado extra porque este tipo de obras requieren de mucho tiempo y de personas para sacar clavos, lijar y dimensionar cada pieza. Es una pega de joyería y cada proceso necesita de una decisión que puede cambiar completamente el carácter de un muro. Yo disfruto con este tipo de decisiones.

¿Cómo resumirías tu experiencia de los últimos años de trabajo en el sur?

De tremendo aprendizaje. Estar con distintos constructores y clientes me ha dado perspectiva y abierto alternativas para enfrentar temas que van desde el diseño y construcción, hasta alcances administrativos. Me gusta estar en terreno, ha sido la mejor escuela, porque he tomado conciencia de muchas variables que no se ven en la oficina: una dimensión técnica con toda su complejidad, desde la logística, hasta el esfuerzo humano necesario para lograr lo que proyectaste.

¿Qué proyectos tienes por delante?

Por ahora estoy diseñando un proyecto de turismo boutique en Puerto Varas que contempla un hotel, cabañas y una piscina techada. También estoy con casas unifamiliares en Puerto Varas y Frutillar y de veraneo en los lagos Ranco y Rupanco y en un campo en Osorno. Para futuro, mi sueño es ir creciendo como oficina, pero no en cantidad de proyectos, sino en complejidad. La cosa es estar motivados tanto en el proceso como con los resultados. Por suerte vamos avanzando en esa dirección, y la idea es mantenerlo. 

En Instagram, @avonchrismar