Casa 720° es el último proyecto de la destacada arquitecta mexicana Fernanda Canales, una residencia ecológica que se inserta armónicamente en el paisaje y se adapta a su clima adverso. Como un ejercicio geométrico, esta casa pensada para dos familias duplica el recorrido visual en 360°. De ahí su nombre: una vivienda diseñada de forma circular que funciona como un “reloj solar” y se abre a su entorno a través de grandes ventanales que permiten mirar el paisaje que la rodea, como una montaña y un volcán. Al mismo tiempo, se refugia en sí misma, hacia el patio central de la residencia.
“El proyecto se desarrolla en tres volúmenes diferentes: la vivienda principal de planta circular, un estudio independiente que también funciona como casa de invitados y un volumen rectangular con un patio que alberga dormitorios adicionales, áreas de almacenamiento y servicios”, explican desde la oficina de Fernanda Canales.
Para proyectar esta casa, la arquitecta priorizó la topografía del lugar sin la vegetación existente. De esta manera, el diseño de la vivienda se compone de dos niveles: una planta baja y una azotea que también se puede utilizar como terraza abierta. En la planta circular se ubican las piezas, baños y cocina, diseñados de forma rectangular, mientras que las circulaciones siguen la curvatura de los muros. Grandes ventanales tienen la función de conectar los espacios del patio central con el paisaje exterior que la circunda.




Ubicada en un valle aislado que se caracteriza por tener un radical clima de intensas lluvias y temperaturas que pueden variar de hasta 30 grados en un mismo día, esta casa fue pensada como un refugio ante las condiciones climáticas adversas y también como una vivienda que se abre a su paisaje. “La casa responde a dos condiciones aparentemente contradictorias: aislamiento y apertura”, detallan.


Una casa concebida para ser autosuficiente, que recoge agua de lluvia, genera su propia electricidad a través de paneles solares, que permiten además calentar el agua que se utiliza en la vivienda y pisos radiantes en sus habitaciones. Para el interiorismo de Casa 720° se priorizaron los materiales locales, con muebles y lámparas creados por artesanos de la zona.
“La prioridad fue el fácil y económico mantenimiento futuro de la casa, utilizando materiales que resistieran el clima adverso y no requirieran pintura o revestimiento, convirtiéndose en parte del paisaje natural. Construida con la tierra y el color del lugar, la casa cambia sutilmente con las estaciones: una estructura viva que se adapta, se integra y respira junto a su entorno”, concluyen.


Recientemente nombrada como Honorary Fellow por The American Institute of Architects (AIA), Fernanda Canales (Ciudad de México, 1974) es sin duda una de las arquitectas mexicanas más destacadas a nivel internacional y eso se debe a una sólida trayectoria tanto como docente, investigadora y por supuesto como arquitecta. Su portafolio de proyectos reúne diversas obras construidas principalmente en su país, desde viviendas privadas a edificios en espacios públicos, donde el hilo conductor es la relación de estas obras con su contexto local.
Canales estudió arquitectura en la Universidad Iberoamericana de Ciudad de México, y se doctoró en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid (ETSAM-UPM). Su trabajo ha estado siempre enfocado en la relación de la arquitectura con la sociedad y el territorio, una mirada que a nivel de docencia e investigación la ha llevado a exponer en la Royal Academy of the Arts de Londres, la Ifa Galerie de Stuttgart y la Bienal de Arquitectura de Venecia, además de publicar ensayos y libros en los que reflexiona y reinterpreta la historia de la arquitectura mexicana como es el caso de “Estructuras compartidas, espacios en México”.
Sus obras más notables son el Centro Cultural Elena Garro, el Pabellón Invisible, Casa Maruma y Casa Bruma, todas situadas en su país natal. Su último proyecto, Casa 720° ha recibido también la atención internacional: una casa que se adapta a su entorno particular, en medio de un valle rodeado de montañas y un volcán en la Reserva Peñitas, a tres horas de Ciudad de México.







