En Vitacura, esta casa construida en 1971 fue recientemente remodelada y ampliada para responder a las nuevas necesidades de una familia que había crecido. El proyecto, a cargo de Paula Hube y Marcela Larraín, de Roma Arquitectura, fue planteado desde el inicio como una continuidad de la casa existente, donde cada intervención buscó mantenerse en la misma línea de lo original.
La casa original, de inspiración brasilera, combina cielos suspendidos, muros de piedra y aleros de hormigón que recorren todo su perímetro, definiendo su carácter. En el interior, el living se organiza en torno a una bóveda revestida en madera y de doble altura, uno de los espacios más característicos del proyecto original.


En el segundo piso, la ampliación respondió a la necesidad de incorporar más dormitorios. Acá, en lugar de diferenciar lo nuevo de lo existente, se apostó por continuidad: replicando materiales y criterios constructivos, se logró que las nuevas áreas sean percibidas como parte de la casa desde siempre.




Una de las operaciones principales ocurrió en el jardín, transformando un sector que estaba densamente plantado y poco utilizado en el nuevo quincho. Al despejar el área, aparece un espacio más amplio que permite incorporar este programa sin perder superficie de jardín, sino reorganizándola.
El quincho se plantea como una extensión natural de la casa. Para integrar vegetación al proyecto, se separó ligeramente del deslinde y se incorporó una jardinera continua que rodea el espacio. Esta decisión permitió que el quincho quedara contenido por vegetación, generando un ambiente más resguardado dentro del jardín. Al mismo tiempo, se generó una relación directa entre exterior e interior a través de grandes ventanales que permiten el ingreso de luz natural.


En términos materiales, la intervención mantuvo la lógica de la casa original. Se utilizaron muros de piedra natural y se replicó el revestimiento de madera en las ampliaciones, incluyendo la continuidad de la cúpula interior existente en el living. Hacia el exterior, el enchape de madera nativa permite integrar visualmente las nuevas superficies de esta casa cuya remodelación reorganiza los espacios para la vida cotidiana.
Con el interiorismo a cargo de Francisca Varela, el que bien complementa el proyecto y que fue trabajado de manera colaborativa con el equipo de Roma Arquitectura, el resultado final es una casa acogedora, luminosa y que respeta su esencia original.


