En los últimos años las cocinas se han tomado el protagonismo de las casas. Cada vez más grandes, integradas y abiertas, las personas buscan hoy que este espacio sea uno de reunión y estar, más que una pieza aparte. Y, por eso, le dan prioridad a la hora de remodelar o construir desde cero.

Francisca Livingstone y Clarisa Elton supieron ver esta tendencia y el desafío que significaban las cocinas en términos de espacio y diseño y así, hace casi 11 años, formaron LivingstonElton, una oficina dedicada a ellas.

Aunque se conocían desde chicas, “casi capeando olas en la playa”, cuentan, fue después que Francisca volvió de estudiar en Italia y que llegó a un departamento en Pedro de Valdivia, justo debajo del de Clarisa, cuando de verdad empezaron a conectar. Francisca había estudiado Diseño industrial y Clarisa, Arquitectura, y trabajaba en un oficina que le mandaba a hacer cosas a Francisca. Trabajaban a diferentes escalas, pero se complementaban bien.

Con la llegada de su primer hijo, Clarisa colapsó con los horarios y el ritmo de la oficina y Francisca le pidió que la ayudara con un proyecto muy grande que le había salido: tenían que hacer las 150 piezas de un hotel en Los Ángeles, con todos los muebles. “Después de ese trabajo salió otro y otro, y todo fue fluyendo. Fuimos confiando y dijimos ‘sigamos juntas’. A las dos nos acomodaba y armamos la oficina en 2008, cuando nació Emiliano, mi hijo”, cuenta Francisca.

Hoy tienen hasta lista de espera, porque sólo trabajan en un número determinado de proyectos a la vez. O sea, eligen muy bien a sus clientes. La idea es poder dedicarse 100% a ellos, crear cocinas únicas, personalizadas, sin dejar de lado su vida familiar; Francisca tienes tres hijos y Clarisa, dos. Eso es lo que buscaron desde el principio, poder tener un trabajo que les encantara, pero que les permitiera compatibilizar las dos cosas, y los clientes y las oficinas de arquitecturas que las contratan, lo saben.

“De hecho los estudios se ríen… ‘De nuevo van a decir que no’, nos dicen. Es que nosotras ya sabemos que no podemos tener más que una cierta cantidad de cocinas al mismo tiempo, porque nos gusta dedicarle todo nuestro ser, estar ahí presentes en todos los procesos; somos malas para delegar, porque le damos mucha dedicación a cada cocina”, explica Clarisa.

En su oficina en Pedro Valdivia Norte, que está en la casa de Francisca, reciben a sus clientes en un acogedor segundo piso con una increíble vista a los árboles y lleno de muestras por todas partes, un lugar del que muchas veces la gente no se quiere ir, cuentan.

Es que las cocinas han pasado a ser demasiado importantes. “Cuando partimos ya eran tema, eran el corazón de la casa, pero es impresionante cómo hoy le dan mucha relevancia, a la gente es lo que más le importa en este minuto. Creo que también por eso decidimos quedarnos sólo con cocinas, porque por diseño espacial es lejos lo más atractivo que se puede hacer en muebles, es lo más desafiante y, además, ha tomado esa relevancia increíble”, dice Clarisa.

El tema, además, ha evolucionado mucho en los últimos 10 años, desde que crearon la oficina. “Para nosotros lo que más ha cambiado es que la gente ya nos cree. Antes los teníamos que convencer –‘atrévete a abrir una ventana acá’, les sugeríamos–, y ahora son los clientes los que nos dicen ‘a ver qué proponen’”.

Los desafíos y los materiales

Ambas aseguran que actualmente las personas pasan mucho más tiempo en la cocina y que sus clientes llegan pidiendo que ese espacio esté más integrado a sus vidas, que el comedor esté dentro de ellas, que haya una parte para que los niños estudien o que venga junto a la sala de estar. “Casi todas las cocinas ahora son abiertas, es muy raro que te pidan una cocina cerrada. La gente necesita estar conectada a la cocina. Además, a todos les está gustando mucho más cocinar. Eso sí que ha aumentado, sobre todo los hombres, que hoy hasta llegan solos a las reuniones, porque les importa más”.

Explican también la importancia que han tenido las redes sociales como Pinterest en esta evolución, “una herramienta que ha sido amigo y enemigo”, aseguran entre risas. Los clientes hoy tienen muchas ideas para hacer y desafíos. “Han llegado hasta con un zapato, diciendo ‘quiero este color’. Y se los buscamos. Es un trabajo un poco de sastre. Todo hecho en Chile, con maestros, que también han ido mejorando la mano. Estamos en una constante capacitación mutua. Todos hemos ido creciendo”, dice Francisca.

Tienen dos nichos principalmente. El primero son clientes que llegan desde cero, ellas entran en el proyecto de arquitectura y son parte de todo el proceso. En esta línea trabajan con estudios como Elton Leniz y Estudio Valdés, entre otros. Son proyectos que duran años y en los que ellas entran al final, cuando la casa ya está en su última fase. “Hemos tenido clientes que han tenido tres guaguas entre medio”, cuentan. Pero otro gran grupo son las remodelaciones, que son cada vez más frecuentes, aseguran. De ambos tipos han aparecido en las páginas de ED (ver página 72).

El equipo lo componen ellas dos, pero trabajan con 15 personas más en su taller en La Granja. Utilizan principalmente materiales nobles, tales como piedra (mucho mármol de carrara y basalto), los frentes en enchapes de madera y las estructuras de los muebles isla en madera de demolición. Les gustan las líneas simples, las cocinas funcionales. Pero, lo que más las identifica, aseguran, es que ninguna de sus cocinas es igual a la otra y que son muy detallistas. Trabajan bajo el concepto de slow design, y enfocadas en la persona, hacen muestras de todo hasta llegar a los resultados que el cliente quiere, buscan las mejores piedras, mármoles y accesorios. Siempre están investigando nuevos materiales, tendencias y se toman el tiempo en cada proyecto. Y es así también como quieren seguir haciéndolo.

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