Arquitectura

Tatiana Bilbao o la forma en que las mujeres hacen arquitectura

Tatiana Bilbao es la creadora del estudio de arquitectura mexicano que lleva su nombre desde 2004. Da clases en Yale, Harvard y Columbia y su trabajo ha sido publicado en The New York Times y A + U, por dar solo algunos ejemplos. En un día caluroso, Tatiana nos abrió la puerta de su estudio, en Ciudad de México. Ahí conversó junto a Katerina Kliwadenko sobre su estilo y sus formas de trabajar.

A pesar de ser invierno hace calor en Ciudad de México. Estamos sentadas en un quinto piso, en una sala repleta de rollos de papel, pegamento, tijeras, telas, lápices de colores y maquetas en hormigón, cerámica, madera o ladrillo. La arquitecta Tatiana Bilbao me cuenta que el día anterior tuvo otra entrevista y que apenas terminemos esta tiene que salir corriendo a una reunión. Y no me extraña: da clases en Yale, Harvard, AA Association en Londres y Columbia. Su trabajo ha sido publicado en The New York Times, A + U y Domus, entre otros. Ha sido reconocida con el Kunstpreis Berlín en 2012, fue nombrada en 2010 como Voz Emergente por la Architecture League de Nueva York y así podría seguir enumerando muchos premios. Este año fue reconocida con el AW Architect of the Year por la revista alemana AW Architektur & Wohnen y en mayo inauguró una exhibición sobre su carrera en el Aedes Architecture Forum de Berlín.

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Comenzamos hablando de su rebeldía por no querer estudiar en la UNAM, de sus primeros trabajos en oficinas de planeación del Gobierno de la Ciudad de México, de sus obras construidas y premiadas, de las numerosas exposiciones y de las clases. Cuando supe que la iba a entrevistar reconozco que estaba un poco nerviosa, pensé que iba a ser muy dura, con poco tiempo para las entrevistas y lejana. Mi sorpresa fue total: es una mujer que va a la velocidad de la luz, pero que comunica muy bien, se siente cómoda hablando de su vida, tiene las palabras precisas, es sencilla, relajada y cercana.

¿Cómo decides ponerle tu nombre a la oficina?, le pregunto. Fue el arquitecto suizo Jacques Herzog, me cuenta, el que le dijo cuando empezó que se dejara de tonterías y que se tenía que llamar Tatiana Bilbao, porque era el nombre más poderoso. “Soy yo la que hablo, soy yo la que pongo la cara y, a lo mejor, soy yo la que remo más fuerte, pero es un colectivo”, agrega. Después de tantos años confiesa que el nombre sigue haciéndole ruido y que hace poco le planteó al equipo hacer un cambio, pero nadie estuvo de acuerdo. 

Recuerda que poco tiempo después de tener su despacho sola, empezó a dar conferencias. Siempre la primera pregunta era: ¿qué se siente ser mujer en este mundo de hombres? “A mí me enojaba…”, dice Tatiana. Yo reviso mi lista de preguntas y la tacho disimuladamente, mientras sigue respondiendo. “… No entendía por qué me tenían que preguntar eso”. Un día el arquitecto Derek Dellekamp le preguntó: “Tatiana, ¿cuáles fueron las mujeres arquitectas que te enseñaron en la universidad?”. Su respuesta fue clara: ninguna. “Tienes que contestar a esas preguntas, porque lo que quieres es que ninguna de esas personas que está en el público vuelva a pasar por eso”, argumentó Dellekamp. 

Tatiana confiesa que en ese momento entendió muchas cosas y comenzó a impregnar un estilo diferente en todo su quehacer. No una nueva forma de hacer arquitectura, sino tal vez la forma en que las mujeres hacen arquitectura. Su equipo cercano está compuesto por mujeres y juntas plantean una estructura diferente, de manera horizontal y priorizando la colectividad, en donde la reflexión en equipo y sus opiniones son imprescindibles a la hora de crear. 

Parte fundamental de este pensamiento es el trabajo de Alba Cortés, Directora de Proyectos Estratégicos, un cargo muy particular que me cuesta descifrar. Cuenta que su función es investigar y generar reflexiones sobre temas que les interesan en la oficina, que pueden ir desde preguntas sobre el futuro del planeta, la casa, los rituales de comida o, desde que comenzó la guerra en Ucrania, sobre los espacios neutrales. Estas reflexiones luego son la base de conferencias, exposiciones y proyectos. Dice que es un trabajo de muchas cabezas y muchos corazones, porque hay que entender la percepción emocional, lo que le afecta a cada uno. “Ves las noticias o alguna experiencia del fin de semana y en la semana empiezas a relacionar cosas, temas de vivienda y temas de espacio público”, cuenta. Es una instancia donde pensar y construir conceptos. Una forma de representación que usan son los collages. “A veces estamos una mañana entera con acrílico hasta el cuello o cortando”. Mientras me cuenta, me pregunto: ¿cómo se financia tener a una persona de tu equipo con un cargo tan particular? Junto a Catia, hermana de Tatiana, analizan cada año cuánto pueden invertir en esto y cuánto se traduce en ganancia. “En muchos casos esa facturación son exposiciones que buscan estas reflexiones y a veces son proyectos que llegan”, dice. Ahora, por ejemplo, les acaban de encargar un nido de pájaros para el Jardín Botánico de Brooklyn, lo cual significa una oportunidad para repensar el habitar y la relación humana con las aves. “Es un privilegio poder seguir haciendo cosas raras o extrañas que aparecen”, agrega. 

Además de ajustar los presupuestos para que el área anterior exista y sea viable, Catia es una economista que entró al estudio buscando libertad de horarios para atender a sus hijas. Pienso en cómo la pandemia acrecentó la deuda del mercado laboral con las madres trabajadoras y que como sociedad no hemos sabido solucionar este problema en tantos países. Llegó cuando el estudio era pequeño con la idea de bajar los pensamientos a la tierra, para ajustar presupuestos, medir tiempos y automatizar los procesos. “Tatiana me dijo: adelante, haz lo que quieras, pero aún sigue siendo difícil para todos ajustar los procesos creativos a métricas”, comenta. Para Tatiana el proceso creativo nunca es lineal, no es un proceso replicable. “A mi hermana le cuesta mucho trabajo medirlo, siempre ha dicho, ¡lo tienen que definir! Y ya entendió que nunca lo vamos a definir, pero ahora ya entendimos que lo tenemos que acotar”.

Otra pieza fundamental del estudio es Soledad Rodríguez, española, quien lleva siete años en la oficina como Directora de Supervisión Arquitectónica. Es la encargada de que haya unidad entre el proyecto de Tatiana, su proyección estratégica y la construcción. Comenta que en Europa la normativa es muy fuerte, lo que ha derivado en que existan empresas de fabricación para todo, estandarizando los procesos, pero perdiendo mucho. “Aquí no te encuentras el que no se puede o es que la fábrica lo hace así y no lo puedes cambiar, porque aquí se trabaja con las personas”, dice. A pesar de llevar tantos años en México, aún le llama la atención que en el hemisferio sur exista una sensación de que todo se puede, lo que te invita a imaginar y querer hacer muchas cosas. 

Los proyectos del estudio se caracterizan por una honestidad en el uso de materiales siempre al servicio de la estructura. La visión de conjunto se aplica a todos, tanto los realizados en zonas urbanas, como los creados para entornos rurales, a gran y pequeña escala. “Creo que los proyectos son cada vez más congruentes, porque cada vez entendemos mejor la relación de un muro o una determinada puerta, con la primera idea”, cuenta Tatiana. Actualmente el estudio está diseñando el nuevo monasterio de Maria Friedenshort en Neuzell, Brandeburgo, construyendo el edificio residencial Ways of Life en Scheid, en la zona norte de Hesse en Alemania y recientemente terminaron el campus de la Universidad de Monterrey en México. 

Me quedo pensando en este grupo de mujeres, tan alejadas de la figura del arquitecto estrella y genio que crea solo. Tatiana Bilbao es un estudio construido desde la mentalidad de la mujer, basado en el respeto, sin jerarquías y en horizontalidad, todas cosas que urge instalar en las formas de habitar a futuro

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