A single man

Un departamento de soltero que no cae en el lugar común del minimalismo extremo ni en el high tech, sino todo lo contrario. Su dueño quería un espacio acogedor para él y su círculo más íntimo.

Este es un departamento de un hombre soltero, resuelto, confiado y alegre. Es un gozador ante todo y así ha sido en cada etapa de su vida. Vivió en California en la época que estudiaba administración y negocios. Ya de vuelta en Chile, se volcó a trabajar en el restorán de la familia. Son 70 años de tradición gastronómica y él era la tercera generación presente en el negocio. Apenas cumplía los 22 años. Fue el primero de sus amigos en vivir solo. Luego vino el retail con marcas de lujo y deporte. En ese momento su camino se cruzó con las producciones de eventos y ahora con la hotelería, no de cadenas por supuesto, sino petit.

“Cada lugar donde viví fue el reflejo de la etapa en que estaba –confiesa–. Hubo uno que parecía barra libre, donde el ‘carrete’ era a diario; y hasta uno que se sentía como un spa, con una sala de meditación y todo”. Hoy, a sus 40 años, dice que tiene todo más claro. Quizás por eso en sólo tres semanas pudo comprar este departamento. Algo imposible de que ocurra. “Hay cosas que llegan simplemente porque era el momento”, sostiene. Quería un lugar no convencional, espacioso y con una cocina integrada, obviamente porque en su sangre prima ese gen sibarita y que lo hace ante todo ser un muy buen anfitrión. Y así se dio.

Este single man sabe bien lo que quiere y sabe también que muchas veces es mejor pedir ayuda a los expertos. Eran 180 metros cuadrados que debían ser absolutamente acogedores, que con sólo mirarlos a uno le dieran ganas de vivirlos tal como a él tanto le gusta, y para ello llamó al arquitecto Hugo Grisanti y a su socia, la diseñadora Kana Cussen. La decisión la tomó al visitar la última muestra de decoración CasaCor Chile, en octubre pasado. El premiado espacio de esta dupla concordaba en todo con sus gustos. “El resultado final fue aún mejor de lo que esperaba, porque no sólo lograron interpretar lo que quería, sino que llegaron mucho más hondo, reflejando lo que soy y lo que me gusta”, puntualiza.

Tanto se unen los espacios y objetos con la personalidad del dueño de casa, que basta cruzar el umbral para saber que este es un territorio masculino. Nada lleva al lugar común de un departamento de soltero. Ni tech, ni full minimalista, ni blancos, negros o cromados. En este recinto los colores dan vida a un espacio para acoger. Una paleta cromática que entrelaza el café de la madera, los grises y los diferentes tipos de azules, se une con la propuesta de las paisajistas Bernardita de Corral y Carolina Zambra, generando un espacio más vivo, placentero y fresco. Al intervenir con palmeras, los arecca y grandes maceteros, le dieron el acento preciso para transformarlo en un zona para cobijarse, e incluso “conversar” con las imágenes de loros. Quizás ese fue el elemento clave que me recordó esos increíbles pisos de Sao Paulo, o tal vez los muchos muebles importados desde Brasil.

Si creen que es demasiado ordenado para un hombre soltero, no lo es. El es meticuloso y detallista. Le gusta que cada cosa esté en su lugar, salvo él, que no se queda quieto. En un momento puede estar trabajando en el living, jugando con su hijo de 5 años tirado en el piso –con quien comparte todas las tardes-, sentado en las alegres sillas Tropicaliade Patricia Urquiola en el exterior, leyendo uno de sus incontables libros de viajes o simplemente apreciando la vista al cerro Manquehue –enmarcada entre dos acer japónicos y un limón–, o tal vez cocinando alguna delicatessen con una de las hierbas (salvia, romero y menta) que tiene en el balcón. Le fascina invitar a sus más cercanos, los más íntimos, y cocinarles. Si entran a este espacio tan privado, él se encarga de hacerlos sentir queridos y de que ese momento se quede en su memoria emotiva y, tenemos que decirlo, fuimos unos de los privilegiados.