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Chilean Cocktail: siete miradas sobre la joyería contemporánea chilena llegan a París

Radicadas entre Chile, España y Francia, las siete integrantes del colectivo de joyeras Chilean Cocktail vuelven a reunirse para presentar el tercer volumen de su proyecto. Del 1 al 4 de octubre llevarán 42 piezas a París, en el marco de Parcours Bijoux 2026, buscando abrir nuevas conversaciones en torno a la joyería artística chilena y fortalecer su presencia en el circuito internacional.

En las primeras exposiciones internacionales que compartieron estas siete joyeras, había un ritual que empezó a repetirse. Junto con sus joyas, las artistas chilenas llevaban botellas de pisco para preparar sour durante las inauguraciones. La idea era simple: que quienes se acercaran a conocer sus obras pudieran también llevarse un pequeño sabor de Chile.

Así surgió Chilean Cocktail, un nombre que terminó describiendo bastante bien al colectivo formado por Ana Nadjar, Rita Soto, Mónica Pérez, Vania Ruiz, Yael Olave, Macarena Hott y Valeria Martínez: siete creadoras con lenguajes, trayectorias y materialidades distintas, reunidas por una historia compartida en torno a la joyería contemporánea.

Collar Tomar Posición, de Macarena Hott. Foto Pascal Luciani.

Ellas mismas lo explican como una receta: “1 país, 7 joyeras amigas, 7 visiones del mundo, 5 cucharadas de creatividad, 2 gotas de porfía y 1 botella de pisco”. Una metáfora que incluso ha pasado a formar parte de la identidad visual del proyecto: sus obras aparecen fotografiadas dentro de distintas copas y cada nueva exposición se presenta como un nuevo “volumen” de esta mezcla.

De Chile a Múnich, Barcelona y ahora París

La historia común empezó hace varios años, cuando sus integrantes coincidieron en la Asociación Joya Brava de Joyería Contemporánea Chilena. Allí participaron en distintas etapas y directivas, desarrollaron proyectos para el sector y fueron construyendo una relación que traspasó lo profesional.

Broche de organza, bronce y acero, de Vania Ruiz. Foto: Vania Ruiz.

“Crear un colectivo más pequeño y trabajar juntas en proyectos propios surgió de manera bastante natural”, explican. A esa amistad se sumó el interés por generar nuevas oportunidades de circulación y mostrar fuera del país la diversidad de la joyería contemporánea que se estaba desarrollando en Chile.

El primer Chilean Cocktail las llevó a Múnich. Luego vino Barcelona y, este año, el colectivo vuelve a reunirse para presentar Chilean Cocktail Volumen 3, que estará abierta del 1 al 4 de octubre en la galería Artivistas, en París, como parte de Parcours Bijoux 2026, encuentro dedicado a la joyería contemporánea.

Broche de plástico reciclado, bioresina, pigmentos, acrílico, plata, acero y luz LED en el interior, de Yael Olave. Foto de @yomismadesign

La nueva exposición reunirá 42 piezas, con siete lenguajes muy distintos. Sus obras transitan desde la filigrana de cobre y la microcestería en crin de caballo hasta materiales reutilizados, plásticos, mecanismos móviles y objetos domésticos convertidos en joyas. “No buscamos construir una estética común ni que nuestras obras se parezcan, sino poner en diálogo siete miradas singulares”, señalan.

Siete formas de mirar Chile

La identidad chilena tampoco aparece de una sola manera. Para algunas está más presente en los materiales y las técnicas; para otras, en los territorios, las experiencias o los imaginarios que atraviesan su trabajo.

“Creemos que nuestra identidad aparece en la manera en que cada una construye su obra, en las historias que contamos, en los materiales que elegimos y en los conocimientos que hemos desarrollado desde nuestro contexto”, explican.

Broche de filigrana de cobre, de Valeria Martínez. Foto: Valeria Martínez.

Actualmente sus integrantes viven entre Santiago, Viña del Mar, Barcelona y Séguret, en Francia, por lo que el desplazamiento y el encuentro entre distintos territorios también forman parte de esa conversación.

Cada nuevo volumen funciona, además, como un impulso para volver a la creación artística. Aunque todas se dedican profesionalmente a la joyería, muchas combinan la producción comercial con investigaciones autorales que requieren otro tiempo. Por eso describen estas instancias como pequeños “oasis creativos”, momentos para retomar búsquedas, producir obra y ponerla en diálogo con otros contextos.

Broche hecho con crin de caballo, fibra vegetal tampico, hilos de pescar, hilos de seda, plata y acero, por Rita Soto. Foto: Rita Soto.

Volver a mover la escena

En París, Chilean Cocktail Volumen 3 no se quedará solo en  la exhibición de las 42 piezas. El programa también incluye charlas, conversatorios y espacios de mediación sobre procesos creativos, identidad, desplazamiento y exploraciones materiales y textiles.

Detrás del viaje y del trabajo del colectivo también hay una inquietud por lo que está ocurriendo hoy en Chile. Aunque reconocen que existe mucho talento y trabajo desarrollándose, las integrantes del colectivo sienten que la escena de la joyería contemporánea chilena está “un poco dormida”, con menos instancias de difusión, exhibición, encuentro y circulación que permitan conectar las obras con nuevos públicos, curadores, galeristas e instituciones.

Collar de pan deshidratado, Espuma expansiva, plástico reciclado, latón, cordón poliéster y barniz, de Ana Nadjar. Foto: Ana Nadjar.

“Creemos que es importante generar sinergias y nuevos grupos de trabajo que vuelvan a movilizar la escena, que sumen energías y que produzcan mayor ruido alrededor de la joyería contemporánea chilena”, explican. Chilean Cocktail surge precisamente desde esa lógica de colaboración: crear juntas oportunidades que serían más difíciles de generar de manera individual.

Y aunque esta vez el destino sea París, el objetivo también mira de vuelta hacia Chile. “La circulación internacional no tiene sentido si la experiencia queda únicamente en quienes viajamos”, dicen. La idea es que las redes, aprendizajes y contactos que surjan de esta experiencia puedan regresar y compartirse con el medio local.

Broche de cobre, soldadura de plata, acero e hilo, de Mónica Pérez. Foto: Valeska Cirano.

Las siete integrantes de Chilean Cocktail

Rita Soto Ventura (@ritasotoart)
Vive en Santiago y es artista, diseñadora y gestora. Aprendió el oficio junto a su padre joyero y ha desarrollado una investigación en torno a la microcestería en crin de caballo, vinculando saberes tradicionales con temas como cuerpo, memoria, territorio e identidad. En 2018 fue finalista del LOEWE Craft Prize.

Yael Olave (@yomismadesign)
Radicada en Barcelona, se formó en la Escola Massana y fue seleccionada para Schmuck 2024. Su trabajo recupera objetos y materiales desechados, conservando sus huellas de uso y memoria y reivindicando el trabajo manual y el oficio artesanal.

Valeria Martínez  (@valeriamartinezorfebre)
Vive en Santiago y es artista y orfebre formada en Arte en la Universidad Católica. Desde hace más de quince años investiga las posibilidades contemporáneas y escultóricas de la filigrana, principalmente en cobre, abordando temas como linaje, memoria, vínculos y transformación.

Macarena Hott (@macahbijoux)
Instalada en Séguret, Francia, se formó en joyería en Marsella y obtuvo el diploma BMA Art du bijou et du joyau. Desde su taller-galería desarrolla una práctica situada en el encuentro entre arte y artesanía, combinando técnica, experimentación y distintos materiales.

Vania Ruiz (@casakiro)
Arquitecta de formación y artista joyera, vive en Viña del Mar, donde dirige CasaKiro Joyas. Su trabajo artístico lleva al cuerpo objetos asociados a la decoración doméstica, abordándolos como depósitos de memoria afectiva y relato colectivo.

Mónica Pérez  (@monocojoyas)
Vive en Santiago y se especializó en orfebrería en Inglaterra. Desde fines de los años 90 desarrolla piezas que combinan materiales tradicionales con elementos inesperados y mecanismos que incorporan movimiento. El color, el contraste y el juego son constantes en su obra.

Ana Nadjar  (@ananadjar)
Diseñadora y joyera radicada en Santiago, se formó en Diseño en la Universidad Católica y se especializó posteriormente en joyería en Zaragoza. Su práctica experimenta con plásticos, desechos y materiales no convencionales para cuestionar ideas asociadas al lujo y al valor.

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