Divina

Para su nueva casa, esta pareja tenía una cosa bien  clara: tenía que estar ubicada en  Palermo. Un barrio  que les gusta por su tranquilidad, pero que a la vez está muy cerca de los puntos más entretenidos de la ciudad. Con una decoración bien teatral y con una buena dosis de muebles restaurados, esta casa quedó simplemente “divina”.

Patricio Bayá y Paula Neira son de esos anfitriones que reciben con una sonrisa enorme y que abren las puertas de su casa de par en par a todas sus visitas. Fue tanto, que nosotras no nos queríamos ir.

Su casa en Palermo es así de acogedora. A ella llegaron hace un año, después de remodelar –o mejor dicho, de reconstruir– una antigua casa ubicada a pocas cuadras del departamento de soltera de Paula, el que habitaron por cuatro años. El espacio les quedaba chico: en 100 mt2 vivían ellos, Félix –un pastor alemán que trató de robarse la película durante la entrevista– y los hijos adolescentes de Patricio, que los visitan semanalmente.

“Buscábamos algo que nos enamorara. Obviamente nos interesaban los metros, pero básicamente buscábamos algo que nos encantara. Costó mucho”, cuenta Paula. Por meses dieron vueltas en el mismo sector, hasta que pararon justo frente a esta casa, de la que les llamó la atención la gran palmera que salía desde el jardín posterior. Según explica Patricio, la fachada también les encantó, se veía como de los años 20, por lo que trataron de mantenerla. Pero cuando se dieron cuenta que la casa necesitaba ser construida nuevamente, decidieron botarla también.

Patricio es arquitecto y, aunque nunca ejerció como tal, tenía muy claro qué era lo que querían y lo que necesitaban. Así se lo trasmitió a su cuñado, el también arquitecto Luis Alberto Ropero Vannelli, quien interpretó a la perfección cada uno de los requisitos de esta pareja. “Durante un año trabajamos en el proyecto en conjunto. Desde que trazamos la primera línea en el plano hasta que pusieron el primer ladrillo, tardamos un año. El nos conoce mucho, además de cuñados somos amigos. Conoce nuestras necesidades, situación y estilo de vida”, explica Bayá. Entre reunión y reunión definieron temas como que la quería de un estilo “urbano”, que el techo fuera alto, los muros con estuco tipo Tarquini y para el piso, tablones de madera. Pero sin duda, uno de los temas más importantes era la distribución y la forma en que funcionaría la casa cuando llegaran de visita los hijos de Patricio. “No queremos sentirla enorme cuando los chicos no están y queremos sentirla cómoda cuando están. Así nació esta idea de construirla como dos bloques separados”, dice Patricio. De esta forma se crearon dos plantas: en la primera está ubicado el living, el comedor, la cocina, el baño de visitas y la terraza, mientras que en la segunda están las piezas de los niños y aparte, el “departamento” de esta pareja, como ellos lo llaman, en donde está ubicado su dormitorio con vista a la terraza, el baño y un gran walk-in clóset.

El sótano llegó por casualidad. No estaba entre sus planes, pero después de hacer un estudio de suelo que determinó que era necesario construir cimientos, el arquitecto les sugirió aprovechar ese espacio. Fue así como crearon un lugar que más bien parece club de Toby, con un pequeño living para ver televisión, una mesa de pool y un bar. El rincón terminó por convertirse en uno de los favoritos de los niños, especialmente cuando invitan a sus amigos.

Blanco, gris y beige son los colores que predominan en esta casa, junto con el negro que se usó también para puertas y cortinas, lo que le da mayor teatralidad a los espacios. Sus dueños no saben si el resultado lo buscaron o salió de forma inconsciente. Para su decoración, la pareja trató de rescatar el máximo de muebles de su antigua casa, algunos quedaron tal cual y otros fueron reciclados. Tanto para esta tarea como para buscar nuevos objetos contaron con la ayuda de su gran amiga, Daniela Galitó, decoradora argentina dueña de la tienda El Sótano, de la que hemos visto varios muebles en otras casas de Buenos Aires.

Además de los objetos de esa tienda, muchos otros fueron encontrados en distintos mercados de pulgas, como las dos grandes lámparas que cuelgan sobre la entrada de la casa y el comedor o el enorme espejo de su dormitorio. Según ellos, la clave para hacer este tipo de descubrimientos está en tener buen ojo y el tiempo para buscar bien. Una misión que no se impusieron, sino que les nació de forma natural, ya que se reconocen amantes del diseño.