Espacios abiertos

Con la experiencia que tiene, la decoradora Francisca Goycolea no se demoró nada en armar su nuevo departamento. Lleva seis meses en este dúplex que ya siente muy propio.

Los cambios son parte importante de la vida de Francisca Goycolea. Ha pasado por al menos cinco casas distintas y por supuesto bastó que le entregaran las llaves de este departamento para que empezara a imaginar las remodelaciones que le haría. “No podía quedar así no más”, dice con la energía que la caracteriza. Su trabajo como decoradora junto a Ana Domínguez es también su hobby, por lo que nada le podía entusiasmar más que “entrar a picar”. “Este departamento tiene unos siete años y aunque el verde de los árboles me encanta porque da vida, también oscurece harto”. Además, según cuenta, la distribución era bastante intrincada, había muchas puertas y pasillos. Por eso, lo primero que hizo fue abrir los espacios. “Siempre me he cuestionado el concepto de living. En Chile, por alguna razón, se deja para ocasiones especiales, pero si uno lo piensa, la palabra es como decir ‘live in’. A mí me gusta que sea un lugar de uso diario y, de no ser porque el muro era estructural, habría incorporado hasta la cocina al espacio”.

Lo que sí pudo hacer fue revestir esa pared con espejos, para que el jardín se “metiera” a la casa, y botar la división del living con el comedor. Sólo para este lugar compró muebles nuevos, el resto lo trajo de su casa anterior. “Mis cuatro hijos están más grandes, comemos todos los días aquí y quería que todos se sintieran cómodos en él. El comedor que tenía antes era más estirado, más formal, así que busqué algo más suelto”.

El primer piso de este dúplex es de los niños. Ahí está la pieza de las niñitas, además de una sala de estar y otra que usan bastante para estudiar en grupo. Todos estos espacios dan a la terraza y el jardín, que también armó ella junto a Passalacqua Paisajismo. Hizo un quincho y optó por poner pasto sintético: “Tengo un hijo que juega mucho fútbol y todos los viernes llega con cuatro o cinco amigos a la casa”.

En el segundo piso están los dormitorios principal y de los hijos hombres, todos espacios con mucha personalidad; lo consiguió revistiendo todos los muros y pintando las puertas negras. Para la entrada al departamento, que era completamente blanca, buscó un género ikat que contrasta perfecto con un mueble antiguo que heredó de su abuela. “Valoro mucho las cosas de familia, no podría dejarlas afuera”, acota. En la suya puso rafia, lo que la dejó bastante femenina.

Donde sí hizo un cambio radical fue en la cocina, que era chica y angosta. Recurrió a Carola Bezanilla para el papel de las paredes, la distribuyó de otra manera e incluso instaló la lavandería en el primer piso, bien lejos de ahí.

Acostumbrada a un fuerte ritmo de trabajo, en su casa se siente segura y sobre todo acogida. “No te podría decir qué parte me gusta más porque he ido descubriendo que todos los espacios tienen algo. Me encanta leer y oír música, y para eso me pongo en el living, donde llega el sol. También me instalo harto en la terraza de mi pieza. El primer piso es más de los niños y lo pensé para que ellos lo sintieran propio. Creo que se logró, porque esta casa está siempre llena de gente”.