Decoración

La casa de Ana Domínguez: “Para mí, lo más importante es darle vida a los lugares”

La interiorista Ana Domínguez abre las puertas de su casa, en donde vive hace más de 20 años, y comparte su rutina, su pasión por el arte chileno y su mirada sobre el interiorismo: espacios con vida, livings que se usan y una decoración atemporal que evoluciona sin perder esencia.

Hay casas que se diseñan para verse bien. Y hay otras —las que realmente importan— que se diseñan para vivirse. La interiorista Ana Domínguez pertenece a esa segunda categoría. Apasionada, observadora y profundamente conectada con la luz y la naturaleza, lleva más de veinte años habitando la misma casa: un espacio que ha ido transformándose con el arte, los encuentros y el paso del tiempo, pero que mantiene intacta su esencia. Aquí, habla de rutinas, de livings con vida propia, de piscinas que conquistan en segundos y de por qué una casa, antes que perfecta, tiene que estar llena de historias.

¿Cómo empiezan tus días?
Lo primero que hago es tomar agua. Siempre. Tengo mi botella al lado de la cama, soy adicta al agua. Después trato de hacer deporte: hay días de yoga, otros de pilates, a veces juego tenis. Necesito partir moviéndome. Y si por alguna reunión de obra muy temprano no alcanzo en la mañana, me escapo en la tarde. Pero esa hora diaria es sagrada, me hace bien.

Después empieza el trabajo, que me fascina. Tengo mi oficina en la casa y trabajo con un equipo que me ayuda en el estudio. Nos juntamos, revisamos cada proyecto y luego me voy a las obras. Todas las semanas, todos los días, tengo que estar en alguna.

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Cuando haces cambios en tu casa, ¿los proyectas con anticipación o surgen espontáneamente?
Llevo 20 años viviendo aquí. Muchos muebles siguen siendo los mismos desde entonces. Obvio que veo cosas lindas todo el tiempo y me encantaría cambiar todo, pero tampoco podría estar transformando la casa a cada rato.

Donde sí invierto es en arte. Ahí siento que la casa cambia de verdad. Muevo obras de lugar, intercambio piezas, incorporo algo nuevo. Por ejemplo, una obra que estaba en la entrada la pasé a la licorera y eso ya transformó el espacio. Mi estilo es bastante atemporal: de repente retapizo un sofá o renuevo algo puntual, pero la esencia sigue igual.

Es que el arte te enamora. Entro a una galería, veo algo que me gusta y lo quiero, aunque todavía no sepa dónde va a ir. Me fascinan los artistas chilenos y siempre incentivo a mis clientes a incorporar arte local. Les digo: pongamos algo, aunque sea una pieza pequeña, una buena fotografía, un cuadro que los emocione. Eso le da alma a una casa.

¿Algún artista chileno que tengas pendiente?
Me encantaría tener un Nicolás Radic. El problema es que ya no me quedan tantas murallas (se ríe). Estas casas son muy transparentes, con muchos ventanales. Hoy los livings los hago flotando, no pegados a los muros. Me gustan los espacios con circulación, con movimiento. Entonces entre ventanales, muebles, televisión y chimenea, queda poco muro libre para colgar obras. Los cuadros los pongo donde pueda.

¿Cuál es el corazón de tu casa?
Lejos, el living. Es una salita incorporada donde vemos partidos de tenis, recitales o una película después de almuerzo.

Siempre les digo a mis clientes: no hagamos espacios solo para mirarlos. Hay que usarlos. No me imagino dos sofás enfrentados con todos mirándose sin saber qué hacer. Hoy la gente entiende que la tele puede ser parte del espacio; si molesta, se puede esconder en un mueble. Pero lo importante es que haya vida. Para mí, eso es lo esencial: darle vida a los lugares.

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¿Por qué elegiste esta casa para vivir?
Me gustan los espacios abiertos y las piscinas cerca de la terraza. Antes la piscina estaba al fondo del terreno y bañarse era casi un trámite. Cuando entré a esta casa y vi la piscina al lado, dije: la quiero. ¡No vi nada más!

En lo cotidiano, ¿qué te inspira?
La naturaleza, sin duda. Me inspira en los colores, en la luz. Observo mucho, tengo los ojos bien abiertos. Hay gente que no se fija, pero a mí todo me llega: un cambio de luz, un tono en el cielo, una textura. No sé si es sensibilidad o simplemente algo con lo que uno nace.

¿Qué es lo que más te gusta de esta casa?
Que se comparte. Mi hijo dio su examen de grado en enero y todos sus amigos estuvieron acá. Las Navidades se celebran aquí hace años. Hay tradiciones. La casa es para invitar, para compartir. Cuando un cliente me dice “el sofá blanco se va a ensuciar”, le respondo: se lava. No pasa nada. Úsalo.

¿Eres así de relajada en tus propios espacios?
Sí. Me gusta todo limpio, claro, pero me gusta que se use. Que la gente la goce. Me gusta la música fuerte, los olores, la luz. Vivir los espacios de verdad.

¿Hay algún cambio pendiente por hacer acá?
La cocina tiene más de 20 años y quiero remodelarla. Pero es un tema: no es cosa de un mes, pueden ser cuatro o cinco. Igual lo quiero hacer, porque me toca diseñar cocinas preciosas en mis proyectos y hoy hay cosas increíbles. Las cocinas y los baños son lo que más delata el paso del tiempo. Me gustaría renovarla, porque ojalá me quede aquí toda la vida.

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