Sin límites

Los dueños de esta casa querían crear un espacio donde el exterior y el interior se unieran en un solo gran ambiente. Con la ayuda del arquitecto Cano Valdés y de la oficina de diseño y decoración Domínguez Goycolea, lograron una casa como siempre habían soñado.

Mientras algunos sueñan con recorrer el mundo y dejar todo atrás por varios meses, la dueña de esta casa reconoce que a ella le cuesta, porque su casa le gusta demasiado. Y cómo no, si la hizo junto a su marido desde cero. “Cuando empiezas a construir, te sientas en un minuto y dices: ¿cómo quiero vivir? Y me tomé esa reflexión súper en serio”, cuenta. Así descubrió que lo que quería era un lugar con pocos espacios, pero amplios, donde pudieran estar todos juntos, integrados, disfrutando de la familia.

La tarea estuvo a cargo del arquitecto Cano Valdés, junto a Víctor Villalobos, quienes armaron un proyecto completamente a la medida de sus dueños, con espacios comunes ricos, y piezas para cada uno de sus cuatro hijos. “Elegimos al Cano porque encuentro que sus casas son de una arquitectura que no necesita de tantos muebles, se lucen… Además, para mí es muy importante la luz y creo que eso es algo que él resuelve muy bien en todos sus proyectos”, dice la dueña de casa.

A primera vista, esta casa no dice mucho. Por fuera sólo se ve la reja y un gran volumen, pero acá todo pasa adentro, algo que los describe muy bien a ellos también. Les carga figurar, y para ellos lo mejor se vive dentro de la casa. “Somos muy buenos para hacer fiestas, para bailar, pero nada muy producido”, cuentan. Además, los dos vienen de familias muy unidas, así es que el tema familiar está súper presente.

Parte de la simpleza de esta construcción está dada por los materiales: acá todo está hecho en madera, hormigón o mármol, creando una sensación de continuidad que sigue incluso hacia el exterior. Al abrir los ventanales del living, pareciera como si el jardín entrara a la casa, y los límites se hacen cada vez más difusos. Lo mismo pasa cuando se abren los del comedor: se integra la terraza, convirtiéndose en un solo gran espacio (que aprovechan al máximo en las fiestas bailables que tanto disfrutan).

Para armar esta casa contrataron a la oficina de diseño y decoración Domínguez y Goycolea, de las reconocidas Ana Domínguez y Francisca Goycolea, que los ayudaron muchísimo a enfrentar este nuevo espacio. “Nos asesoraron con su buen gusto, aprovechando las cosas que teníamos, respetando la mezcla de lo antiguo con lo moderno, lo que ha sido regalado y tiene para nosotros un valor incalculable”, cuentan.

El trabajo de las decoradoras empezó incluso antes que la casa estuviera terminada. Lo primero fue ir a la casa anterior para empaparse del estilo de esta familia y entender sus necesidades. Después, se fueron metiendo en los materiales que habían elegido, y así se empezó a generar el proyecto. El desarrollo estuvo a cargo de Ana, quien trabajó codo a codo con la dueña de casa. Siguiendo el estilo de su oficina, crearon un ambiente con colores neutros y detalles que llaman la atención, como el gran tapiz del comedor, que compraron donde el anticuario Mario Velasco. Otro lugar que era importante para el dueño de casa era la cava, un espacio que ya tenían en su casa anterior, pero que en esta tomó un nuevo protagonismo: junto al comedor, se esconde tras una puerta de madera que se mimetiza con la pared, y que al abrirla revela un espacio increíble.

La gran colección de arte es la pasión de la dueña de casa. Uno de los cuadros que más llama la atención es el díptico del living, del artista Hernán Gana. Como es muy amigo de la familia, le pidieron que retratara el primer muelle que tuvieron en la casa de Villarrica, donde han veraneado toda la vida; por eso, tiene un significado muy especial para todos en la casa. “Si tú le preguntas a nuestros niños si prefieren ir a Disney o a Villarrica, ellos dicen Villarrica”, cuentan. Así de potente.

Con cuatro hijos hombres, había que tener espacio para la entretención. Por eso armaron un quincho exquisito, con una parrilla enorme y un espacio con sillones y un televisor para que las fiestas de los niños fueran en la casa. Detrás de este lugar, y protegido por unas persianas de madera, está un rincón que promete convertirse en el favorito de la dueña de casa: un pequeño patio interior donde plantó dos castaños para poder poner una hamaca y relajarse escuchando el sonido de la fuente de agua.

El jardín estuvo a cargo de la paisajista Karin Oetjen, quien logró interpretar lo que sus dueños querían. Un lugar donde pudieran descansar, con árboles grandes y una pileta para tener el ruido del agua como el soundtrack perfecto… El mejor escenario para olvidarse del mundo.