Proyectada por el arquitecto Juan Galleguillos en El Arrayán, esta casa rompe todos los esquemas. Su exterior es una verdadera oda a la naturaleza y por dentro, un lugar inspirado en los años 50, que nos hace viajar en el tiempo.

Más de tres años les tomó a Kana Cussen y Hugo Grisanti terminar este proyecto, en el que se hicieron cargo tanto de la decoración como del interiorismo. Dicen que fue un verdadero desafío, ya que trabajaron sin planos. Además, los dueños de casa querían algo absolutamente fuera de lo común, ni siquiera querían referencias. Así fue como se empezó a gestar esta casa que hoy está convertida en un espectacular espacio que recuerda la estética de Mad Men, con lámparas doradas, paredes curvas y muebles hechos a medida.

Una arquitectura espectacular –no hay otra forma de describirla– se proyecta respetando la naturaleza. En lo más alto de un cerro en El Arrayán se hace parte del paisaje gracias a sus muros de piedra, otros circulares y algunos de vidrio. Nada se interpone entre el cerro y la casa.

“Ya que Juan (Galleguillos) fue moldeando la casa y trabajándola a partir de eso, fue muy desafiante llegar a un resultado contemporáneo con esta arquitectura tan especial. Buscamos una mirada a los años 50, pero que se viera bien actual, como una casa californiana de esos años”, dice Hugo Grisanti.

Cuenta que su primera inspiración fue la obra y estética del arquitecto John Lautner. De ahí en adelante dejaron que la creatividad fluyera. “En todas partes de la casa entra la luz y la vegetación, lo que la hace permeable hacia el exterior. El paisaje está presente en todas partes. A pesar de ser un bloque importante, no pelea contra el entorno, no es una casa prepotente”, asegura.

De hecho, una gran roca quedó en el interior del espacio principal y se respetó tanto en la arquitectura como en la decoración. Es tan protagonista que los decoradores buscaron unos puf, diseño de Diesel, que emulan la forma de la roca. “Fue casi todo mandado a hacer a medida, ya que era importante privilegiar la vista y sus distintos desniveles. Quisimos darle una mano contemporánea a estas formas tan orgánicas”, afirma Hugo.

Los dueños de esta casa son una familia con niños, por lo que se privilegiaron los espacios abiertos y una gran sala de juegos. “No es una casa en la que no puedes tocar nada. A pesar de ser súper estética y de pocos elementos, no es una casa frágil”, señala.

Aquí se disfruta la vida familiar y hay muchos lugares que hacen de punto de encuentro. Uno de ellos, y quizá el más entretenido, es la chimenea, una instancia perfecta para compartir. Para este espacio diseñaron bancos removibles, pensados para sentarse alrededor del fuego.

Hay muy pocas casas que logran una estética que no responde a ninguna moda. Y esta es una de ellas. “Aquí conversa la casa por dentro y por fuera de manera súper coherente”, concluye Hugo Grisanti.