Una ex fábrica en Brooklyn se transformó en la casa perfecta para esta familia

La interiorista Jenna Chused estuvo a cargo del diseño y la arquitectura interior de esta casa en el barrio Gowanus. Con color, texturas, patrones y un mix de muebles nuevos y antigüedades, el espacio volvió a la vida.

Aunque a primera vista parezca un barrio industrial, Gowanus, en Brooklyn, ha ido ganando terreno como uno de esos barrios que hay que conocer en Nueva York. Y es ahí donde se encuentra esta casa, que originalmente era una fábrica de tintas e imprenta. En la década del 70 la fábrica fue comprada por una pareja de artistas que dividió el edificio en dos junto a otra familia. Después de 35 años, vendió el lugar a sus dueños actuales, un matrimonio con dos hijos chicos.

Con este espacio en sus manos, decidieron llamar a la oficina de interiorismo Jenna Chused and Co. para adaptarlo a sus necesidades. “La familia cocina e invita amigos con frecuencia, entonces la cocina necesitaba una actualización”, cuenta Jenna. “Además había que repensar los espacios interiores. Uno de los hijos toca piano, así es que había que crear espacio para un piano en el living, también querían un espacio para que los niños jugaran y una pieza de invitados”.

El trabajo de Jenna Chused se caracteriza por un sutil uso del color, las texturas y los patrones, creando espacios donde se mezclan elementos modernos y piezas vintage más inesperadas, siempre inspirada por sus viajes. Y eso es exactamente lo que se ve en esta casa familiar. 

Una de las cosas que destaca de este proyecto es la habilidad de Jenna para aprovechar los espacios al máximo. Por ejemplo, en la pieza principal no había closet, porque antes era un estudio, entonces diseñó un muro de closet que queda completamente integrado y que además esconde la puerta que conecta este espacio con el baño principal. Y en el comedor, que quedaba justo en un pasillo angosto, trabajó con Simon Johns para diseñar una mesa larga con ángulos, que ayudan a generar un buen flujo en el espacio.

Uno de los grandes desafíos fue el living, que era un gran espacio cuadrado, pero no lo suficientemente grande como para poder crear dos áreas separadas. “Finalmente se me ocurrió dividir el espacio en la mitad y diseñé un sofá que va en el centro, creando dos áreas aparte: en una está el piano y en la otra hay un par de sillas más. Esto permitió tener espacio para varias personas y además da la oportunidad de que niños y adultos estén en la misma pieza, pero en espacios separados”, cuenta la decoradora. El resultado fue tan exitoso que hoy es el espacio favorito de los dueños de casa.