Vitacura 3565

En este edificio de oficinas diseñado por Mathias Klotz se han instalado importantes estudios de arquitectura y diseño. Atraídos por los espacios libres, han creado oficinas llenas de personalidad. Aquí le mostramos la del mismo Klotz y 57Studio.

Sin distracciones

En la oficina de arquitectos de Mathias Klotz no hay nada que no sea blanco. El lugar es de una simpleza absoluta y todo lo que hay a la vista tiene su función. Acá nacen los grandes proyectos que le han dado reconocimiento internacional. 

Por: Loreto Prado

La creatividad de los arquitectos y diseñadores de la oficina de Mathias Klotz se desarrolla entre cuatro paredes de un blanco impecable. En un gran espacio comunitario, los veinte jóvenes que conforman el equipo trabajan en sus computadores, sin ruido ni distracciones. Comodidad y concentración, esos son los requisitos básicos para poder crear la inmensidad de proyectos que salen desde este estudio ubicado en Vitacura, en un edificio hecho también por el arquitecto.

El lugar es de una simpleza absoluta y no tiene ninguna pretensión decorativa. Tanto la obra gruesa como las instalaciones eléctricas están a la vista y todo el mobiliario es de color blanco, al igual que el suelo, las paredes y el cielo. Si hay algo que llena estos 220 metros cuadrados es la luz natural que entra por los ventanales. “Este es un lugar de trabajo, todo lo que hay aquí tiene su función”, comenta Mathias. Así se puede ver: las maquetas que hay en las repisas son estudios de proyectos, los libros son de consulta o bien publicaciones en las que han aparecido y en las fotos enmarcadas aparecen sus obras, algunas de las cuales se han ganado el reconocimiento internacional.

Sólo un objeto rompe este esquema: una metralleta M16 del artista Norton Maza, hecha especialmente para la oficina. No es de extrañar que ésta se robe todo el protagonismo, resaltando en una pared de la sala de reuniones. Mathias nos adelanta que llegará otra obra del artista, un lingote de oro que levita.

Antes de instalarse, en septiembre del año pasado, la oficina estaba en la calle Los Colonos, en Pedro de Valdivia Norte, y era bastante más chica. Gracias al cambio, pudieron ampliar el equipo y con eso la capacidad para desarrollar proyectos. Ahora ocupan todo un piso del edificio, con tres espacios independientes: una sala de reuniones para recibir a los clientes; otra que es multiuso, en la que se elaboran las maquetas, se hacen reuniones y hasta se almuerza; y un lugar completamente abierto para trabajar, donde cada uno se instala en un mesón. El único que tiene su escritorio es Mathias, detrás de un panel que le da cierta independencia pero que a la vez lo mantiene conectado con lo que pasa en el resto de la sala. En este ambiente se trabaja desde las ocho de la mañana hasta las siete de la tarde, salvo los días viernes cuando todos salen a las cinco.

 

Lienzo en blanco

A primera vista la oficina de 57Studio se ve simple y muy limpia, pero esconde un trabajo, lleno de detalles ultra pensados por sus dueños. Los arquitectos Benjamín Oportot y Maurizio Angelini. En un espacio donde no había nada, lograron reflejar fielmente su estilo. 

Por: Valentina de Aguirre

Los arquitectos Benjamín Oportot y Maurizio Angelini pasaron de una oficina en pleno centro de Santiago, a una en Vitacura; de un espacio pequeño, a trabajar en uno que lo dobla en tamaño; y de estar todo el día juntos, casi como pilotos de avión –como ellos mismos recuerdan muertos de la risa–, a tener una oficina para cada uno. Todavía miran con cariño los 12 años que estuvieron en el centro, donde vieron nacer cientos de restoranes peruanos y donde adquirieron muchos de los detalles arquitectónicos que hoy aplican a su trabajo, pero el poder moverse a pie o en bicicleta a sus casas y donde sus clientes, es realmente impagable.

Hace un año que su oficina, 57STUDIO, se trasladó a este lugar, que les encantó porque era como un lienzo en blanco. “Nos enganchó harto esto que fueran entregados en crudo, la pura estructura. Muchas de las oficinas vienen más terminadas, pero este edificio tenía esa simpleza”, cuentan. A eso se sumó que era un edificio proyectado por Mathias Klotz. “Para ser bien sinceros, ese fue el primer gancho. Por eso decidimos venir a verlo”.

Para armar la oficina decidieron recoger el diseño de planta libre, creando un gran espacio central. Benjamín se encargó del trabajo inicial, de hacer el layout de la oficina, y después Maurizio se dedicó a ver todos los detalles. Aprovecharon uno de los muros para hacer un librero muy simple, que les permite guardar revistas, carpetas de proyectos y hasta esconder el plotter, y además un mueble naranja que divide el espacio, dejando a un lado el archivo, y al otro, los escritorios.

“Lo que buscábamos era representar nuestro sello, nuestra oficina. Queríamos claridad y simpleza, pero complicación a la vez. Todo se ve muy fácil y limpio, pero en realidad está lleno de detalles que no se ven; en nuestra arquitectura siempre hay una historia tremenda que no se cuenta”, dicen los arquitectos. Y fueron esos detalles los que los tuvieron casi obsesionados a lo largo del proyecto. Desde los cables y cañerías que cruzan el techo –que tenían que estar perfectamente alineados y ordenados–, hasta los muebles, diseñados o modificados por ellos mismos. De hecho, el televisor y las sillas son las únicas cosas que no sufrieron cambios en el proceso.

Tener una sala de reuniones era uno de los temas importantes para Benjamín y Maurizio. Por eso armaron un espacio con una gran mesa que hicieron con un tablero de Masisa y unos caballetes de Muebles Sur puestos al revés, y sillas de diseño muy simple, pero en varios colores. Las paredes nuevas las dejaron blancas, igual que en el resto de la oficina, y todo lo antiguo, como las columnas de hormigón, lo pintaron negro. Además agregaron una lámpara negra a la que le hicieron algunas modificaciones.

Otra de las prioridades al diseñar el espacio fue armar una oficina para cada uno. Siguiendo la línea del resto del lugar, son espacios muy simples, pero súper funcionales. Los escritorios los diseñaron ellos y las paredes las hicieron de vidrio, con un film blanco entremedio, para poder usar como pizarrón.