Pequeñas esculturas orfebres

“Mi mamá es orfebre y, aunque de niño nunca me enseñó nada práctico del oficio, el que tuviera un taller en la casa fue sin duda, consciente o no, una influencia”, dice Andrés Herrera, quien tras estudiar artes visuales en la Universidad Católica, trabajó como fotógrafo e ilustrador para distintas publicaciones y medios.  

Pero siempre quiso hacer joyas.  

Hace cinco años comenzó un ciclo de clases formales con los artesanos y joyeros Claudia Betancourt y Nano Pulgar, de Walka Studio. “Fue una experiencia feliz: con ellos aprendí las bases para construir lo que hago hoy”, cuenta. Luego de eso, tomó cursos con distintas profesoras y escuelas, como por ejemplo uno de esmaltes sobre metal en Grisalla. Pero no fue sino hasta que conoció a Valentina Garretón, orfebre y escultora, que pudo dedicarse al trabajo con las joyas al 100%. “Con ella aprendí técnicas que, ligadas tanto a la escultura como a la joyería tradicional, han facilitado mi trabajo creativo actual. Así, las piezas que construyo surgen de los procesos mismos de la orfebrería, del hacer y de la técnica”, añade. Se trata de pequeñas esculturas en miniatura: piezas de plata o bronce, cristal de roca y esmaltes, que aparecen desde su imaginario ligado a la historia del arte. “Joyas con vocación de antigüedad tardía y bizantina”, dice, que evocan a la historia de las artes decorativas, al coleccionismo y a la arqueología.  

En Instagram, @andresherrerav