Arquitectura

En Cáhuil: una casa de 36 m² inspirada en los galpones salineros

Elevada sobre pilotes en una quebrada de Pichilemu, Casa Galpón reinterpreta la estructura tradicional salinera con madera local y un solo volumen de gran altura que amplía la experiencia en pocos metros.

En una quebrada de Cahuil, sobre el estero Nilahue, aparece esta pequeña casa levantada sobre pilotes, casi suspendida entre la pendiente y el paisaje. Son apenas 36 m² —más una ampliación de 6 m²— pero ese tamaño no se nota, la sensación es de aire, altura y una especial relación con el escenario que la recibe.

El terreno se nota complejo: pendiente marcada, acceso difícil y esa condición de quebrada que obliga a pensar dos veces antes de construir. Pero también, justamente ahí, estaba su potencial: una amplitud geográfica abierta, silenciosa, con el estero desplegándose abajo. La arquitecta a cargo del proyecto, Melinka Bier, junto al propietario, tomaron la decisión fue instalar la casa en la parte más alta y dejar que el paisaje hiciera lo suyo. La estructura se eleva y alrededor aparecen terrazas y pasarelas que permiten recorrer el exterior como una extensión natural del interior.

La referencia para este proyecto vino de los galpones salineros de la zona. No como cita literal, sino como sistema. Se replica su exoesqueleto estructural: pies derechos a la vista, perímetro resistente y el espesor del muro consolidado hacia adentro. La estructura manda, y luego se trabaja desde el interior, forrando y cerrando. Esta manera de construir no solo se alinea con la tradición local, sino que facilita el montaje en un terreno con vértices en altura y evita andamios perimetrales.

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El volumen es único y alto. Esa altura permite sumar un altillo y aprovechar cada metro. La planta original es un solo ambiente continuo; más adelante se agregó una oficina independiente para separar el espacio de trabajo. Aun así, la casa no divide de forma rígida lo público y lo privado, sino más bien permite que los espacios se conecten, se crucen y se expandan hacia afuera.

La materialidad es sencilla y directa: maderas locales y materiales de ferretería de la zona. Se trabajó con formatos pedidos a medida en barracas locales para evitar desperdicio. El proyecto se pensó casi como un escantillón constructivo: cada unión, esquina y encuentro resuelto desde la planimetría, para que no existiera una etapa posterior de “terminaciones”. La estructura debía ser, al mismo tiempo, obra gruesa y acabado final.

Y después está el exterior. Las terrazas no funcionan como un simple añadido, sino como una extensión natural de la casa. Es allí donde el espacio se expande y la vista a la laguna adquiere verdadero protagonismo, haciendo que el paisaje deje de ser un telón de fondo para integrarse a la vida cotidiana. En una vivienda pensada para parejas, esa relación constante con el entorno cambia por completo la percepción de los metros y convierte cada momento en una experiencia más amplia.

Casa Galpón no pretende dominar la quebrada. Se posa con liviandad sobre la pendiente y, desde esa contención en escala y recursos, permite que el paisaje entre sin resistencia y se vuelva parte natural de la experiencia de habitarla.

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