Lo primero que se pisa en esta casa no es el interior, es el techo. Y es que en un terreno donde prácticamente no existían superficies planas, la cubierta aparece como una pausa antes de entrar: un mirador sobre el lago, un punto desde donde entender el lugar antes de bajar hacia los espacios interiores.
La casa se ubica junto al lago Memphremagog, en la región de Potton, Canadá, en un sitio marcado por una fuerte pendiente que cae hacia una franja estrecha junto al agua. Esa condición cambió la manera habitual de organizar una casa, dando vuelta el acceso y haciendo que, a esta, se entre desde arriba.
Para el proyecto, el estudio de arquitectura yh2 trabajó con dos volúmenes separados que aparecen entre los árboles y siguen la inclinación natural del terreno. En lugar de concentrar toda la construcción en una sola pieza, la casa se fragmenta para reducir su escala frente al paisaje.
Cada volumen se cubre con techos de doble pendiente que responden a la geometría del lugar y permiten que la arquitectura mantenga una presencia más baja entre los árboles.
Desde la cubierta de acceso comienza el descenso. Los espacios interiores siguen la pendiente del terreno: arriba quedan las zonas de llegada y, más abajo, la vida cotidiana empieza a acercarse al suelo. Esta inversión del recorrido hace que la experiencia de la casa sea distinta desde el primer momento.


La casa se desarrolla como una pieza alargada que sigue la forma del terreno, evitando así tener que hacer muchas modificaciones en la topografía. Desde ahí, grandes aperturas extienden las vistas hacia el agua y los árboles.
Los dormitorios quedan entre los árboles, en piezas orientadas hacia distintos puntos del terreno: algunos buscan la vista del lago y otros miran hacia la montaña.
Los materiales cambian según su contacto con el terreno. La base, apoyada sobre la roca natural, fue construida en hormigón armado. Hacia afuera, el cedro natural irá cambiando de color con el tiempo, siguiendo el envejecimiento propio de la madera expuesta al clima.
La madera aparece desde la estructura. Vigas y pilares quedan a la vista en el interior, marcando la forma en que se recorren los espacios y mostrando cómo está construida la casa.




En el interior aparece el roble blanco, que contrasta con la presencia más cruda del exterior. Los marcos y detalles negros funcionan como un borde preciso para las vistas: cada apertura muestra una escena distinta del lago, los árboles o la montaña.
Esta es una casa se entiende de a poco. Primero desde la cubierta, después bajando hacia el interior, atravesando la madera y finalmente encontrándose con el agua que aparece entre los árboles.






