A orillas de un lago del sur de Ontario, esta casa retoma una forma de construir que tiene varios siglos de historia. Se llama dogtrot y nació en el sureste de Estados Unidos: dos volúmenes unidos por un espacio abierto que servía tanto de paso como de lugar de encuentro. Aquí, esa organización se adapta al clima canadiense con una estructura prefabricada, materiales cálidos y un diseño pensado para aprovechar cada estación del año.
Proyetada por el estudio Williamson Williamson, la casa se ubica sobre una pequeña explanada natural, en un terreno que cae hacia el lago. En lugar de excavar la pendiente para apoyar la construcción, la estructura se proyecta hacia delante, enmarcando las vistas al agua y al bosque.
Bajo una cubierta continua se organizan dos volúmenes con techos a dos aguas, conectados por un espacio central abierto. A un lado quedan las áreas para estar y comer; al otro, los dormitorios. Por encima del paso, un altillo cruza de un volumen al otro y aprovecha la altura interior.
Ese espacio intermedio es el que da sentido a la casa. En verano funciona como una habitación al aire libre, protegida del sol y abierta a la reunión. Cuando llega el invierno, la organización puede cambiar: la suite principal se cierra y la vida diaria se concentra en el volumen más grande, donde una estufa a leña aporta calor.
La prefabricación fue parte central del diseño. Los paneles de muros y cubierta se fabricaron localmente, se trasladaron hasta el terreno y luego se montaron con una grúa. Así, el trabajo en obra se redujo, al igual que los residuos y la intervención sobre el lugar.
El sistema también permitió dar continuidad a los revestimientos entre el exterior y el interior. Por fuera, la casa está revestida en cedro; adentro, el pino pintado blanco recorre los muros y continúa por el cielo, siguiendo la forma de la cubierta. En contraste, los frontones de madera pintados en tonos azules y verdes marcan cada recinto y le dan carácter a los espacios.




Las ventanas de las fachadas largas siguen las proporciones del corredor central. Con ellas, la luz y las vistas al lago y al bosque acompañan el recorrido por la casa y refuerzan la relación entre los dos volúmenes.
La adaptación al clima también se resuelve en la envolvente. La casa cumple con los estándares Passivhaus, con muros de doble estructura rellenos de celulosa, aislamiento de alto rendimiento en la cubierta y barreras que controlan el paso del aire y el vapor. Las lucarnas permiten una ventilación pasiva que ayuda a reducir la necesidad de refrigeración mecánica.


A esto se suma un sistema compacto que combina calefacción eléctrica, estufa a leña, recuperación de calor y agua caliente a demanda, sin necesidad de una red de ductos.
En DogTrot, una tipología tradicional encuentra una nueva forma de funcionar en el norte. El espacio abierto que antes conectaba dos partes de una casa sigue siendo el centro de la propuesta, ahora pensado para cambiar con las estaciones y construido mediante un sistema que podría adaptarse a otros terrenos y condiciones de Ontario.








